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Antonella Elberg, arquitecta: “La casa que hoy parece cómoda puede convertirse en un problema después de los 60″

Cuando una persona proyecta la casa en la que espera vivir durante muchos años, las primeras decisiones suelen estar relacionadas con el presente. Entre ellas se incluyen cuántos dormitorios nece...

Cuando una persona proyecta la casa en la que espera vivir durante muchos años, las primeras decisiones suelen estar relacionadas con el presente. Entre ellas se incluyen cuántos dormitorios necesita, cuáles serán los colores en tendencia para usar o si tendrá una isla en la cocina. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces aparece en esa etapa: ¿esa misma vivienda seguirá siendo cómoda dentro de 10 o 20 años?

En diálogo con LA NACION, la arquitecta y jefa de Interiorismo de Grupo 8.66, Antonella Elberg, explicó la importancia de prever la construcción de nuestra vivienda para que sea útil y confortable en la tercera edad. “La casa que hoy parece cómoda puede convertirse en un problema después de los 60. Siempre que el proyecto lo permita, conviene que en la planta de acceso puedan resolverse un dormitorio, un baño completo, la cocina, el estar y los espacios esenciales”, remarcó sobre algunos de los tips a tener en cuenta.

Además, desaconsejó colocar escaleras o desniveles innecesarios en accesos y circulaciones. “Algo que a los 45 puede resultar irrelevante puede volverse determinante ante una lesión, una recuperación o simplemente con el paso de los años”, señaló.

Incluso remarcó que detalles que parecen poco importantes a la hora de elegir y que muchas personas solo seleccionan por su valor pueden marcar una diferencia enorme. “Puertas demasiado angostas, pasillos ajustados o muebles que dejan recorridos mínimos suelen funcionar mientras nuestra movilidad es plena, pero después pueden dificultar el uso de un bastón, un andador o una silla de ruedas. Preverlo durante el proyecto no altera la experiencia actual y evita reformas estructurales mucho más complejas después”, señaló.

—¿Cuál es el error de diseño más común que termina perjudicando la autonomía después de los 60?

—Para mí, el mayor problema aparece cuando proyectamos una casa suponiendo que nuestro cuerpo va a relacionarse siempre de la misma manera con ella. Los desniveles, las escaleras como única forma de llegar al dormitorio, una bañera alta, los pisos muy pulidos o pequeños obstáculos repartidos por toda la vivienda pueden parecer decisiones menores cuando somos más jóvenes. Con el tiempo, empiezan a condicionar recorridos y generan situaciones de inseguridad.

Una casa bien pensada debería permitirnos seguir usando sus espacios con la mayor independencia posible. Ese debería ser el objetivo: que el paso del tiempo no obligue a abandonar sectores de nuestra propia vivienda.

—¿Qué podemos modificar sin hacer una gran inversión?

—Hay cambios muy simples que pueden mejorar muchísimo la seguridad. El primero es despejar recorridos. Esto incluye sacar alfombras sueltas, ordenar cables, evitar muebles que invadan zonas de paso y revisar el camino entre el dormitorio y el baño. También podemos reorganizar la cocina para que aquello que usamos todos los días quede a una altura cómoda, sin necesidad de subirnos a un banco ni agacharnos constantemente. Incorporar cajones extraíbles o sistemas que acerquen el contenido también ayuda.

En el baño, sumar barras de apoyo, un asiento antideslizante dentro de la ducha o mejorar la adherencia del piso son intervenciones sencillas frente a una remodelación completa. Y algo que muchas veces se subestima es la iluminación nocturna. Pequeñas luces con sensores de movimiento en pasillos o en el recorrido hacia el baño permiten levantarse sin caminar a oscuras y sin necesidad de encender una iluminación general muy intensa que perturbe el sueño.

—¿Qué lugar tienen los colores, la iluminación y la decoración?

—Adaptar una vivienda no debería reducirse a colocar barras o eliminar escalones. Con los años también cambia nuestra manera de percibir la luz, los contrastes y los sonidos. Una persona de 60 años puede necesitar aproximadamente tres veces más intensidad lumínica que una de 20 para procesar la misma información visual. Eso no significa llenar la casa de luces fuertes, sino que conviene trabajar con iluminación general pareja, evitar el encandilamiento y sumar luces puntuales donde se realizan tareas, como una mesada de cocina, un escritorio o el espejo del baño.

Los colores también pueden ayudar a que el espacio sea más fácil de interpretar. Que exista contraste entre pisos y paredes, entre una puerta y el muro o entre una mesada y sus bordes mejora la lectura del ambiente. Para las áreas de descanso funcionan bien las paletas suaves, los tonos tierra, arenas o verdes.

Y hay una dimensión emocional que no deberíamos perder. La casa sigue siendo nuestra casa. Las plantas, los objetos que tienen historia, las fotografías, las obras de arte y los textiles aportan identidad y ayudan a construir un entorno amable. Incluso el acondicionamiento acústico —con cortinas, textiles o alfombras de pelo corto bien fijadas— puede hacer que conversar resulte más cómodo a medida que cambia la audición.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/antonella-elberg-arquitecta-la-casa-que-hoy-parece-comoda-puede-convertirse-en-un-problema-despues-nid22082026/

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