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Argentina: el pacto entre amigos y la necesidad de que vuelva el alquimista Scaloni al Mundial

¿Quién dijo que iba a ser fácil? Los éxitos en continuado a veces producen una suerte de amnesia, relegan y cubren de telarañas los pasajes de angustia y sufrimiento que precedieron al triunfo...

¿Quién dijo que iba a ser fácil? Los éxitos en continuado a veces producen una suerte de amnesia, relegan y cubren de telarañas los pasajes de angustia y sufrimiento que precedieron al triunfo. A un Mundial se lo encara con fútbol, físico y cabeza. Y en el equipaje tampoco debe faltar un manual de supervivencia. Hay redundancias que nunca están de más: ninguna selección va a pasarla bien de principio a fin.

Este primer play-off de la Argentina en los Estados Unidos tuvo algunos puntos en común con el que disputó en Qatar. ¿O ya quedó en el olvido la imagen del final ante Australia -Australia eh, no Francia- por los octavos de final, con Lisandro Martínez y Tagliafico tirados boca abajo, besando a Dibu Martínez con un agradecimiento casi religioso?

Tanto batir el parche con el eslogan “vamos por la cuarta” y por un momento corrió el sudor frío de “nos volvemos en el cuarto partido”. La Argentina salió consumida de energías y con el sistema nervioso detonado de la sopera, en temperatura y humedad, que fue el Hard Rock Stadium de Miami (¡al fin un partido que haya justificado las dichosas pausas de hidratación!).

Escasa de funcionamiento y con el motor en bajas revoluciones, la Argentina sacó adelante el partido con lo que tenía más a mano: un pacto entre amigos, de solidaridad, de no poder fallarle al que tiene al lado, que es mucho más que un compañero, es alguien con quien dentro de 20 o 30 años compartirá un asado o le atenderá el teléfono para escucharle una buena noticia o compartir una tristeza. Lo dijo Alejandro Dolina: es preferible perder entre amigos que ganar rodeado de indeseables. La Argentina todavía no llegó a esa cruel disyuntiva, puede conjugar amistad y buenos resultados.

El 3-2 en el suplementario, con Dibu en plan Superman en las últimas dos jugadas, hubiera sido explicado por Gustavo Alfaro con una infinidad de citas de personajes ilustres y retórica empalagosa, pero Lionel Scaloni fue más sucinto: “Seguramente de los 100 partidos , este fue el que más me marcó”.

Imposible olvidar lo que fue Cabo Verde, que jugó impregnado del espíritu revolucionario de un país que hace apenas 51 años que se independizó. Apenas está entrando en la infancia de la historia, todavía está fresco el carácter levantisco, de rebelión contra el más fuerte y dominante, que fue lo que llevó el equipo de Bubista a la cancha.

La Argentina habrá dudado en más de un momento, porque esos rivales que se comunicaban en portugués no eran Vinicius ni Marquinhos, ni Vitinha ni Bruno Fernandes. Pero eran igualmente de fuertes, rápidos y atrevidos. Si hasta daban ganas de que Sidny Cabral, tras un gol que ilustrará los highlights del Mundial, no volviera del romántico abrazo que le fue a dar a su pareja en la platea. Y estos futbolistas de Cabo Verde también disolvían una ecuación económica en un fútbol cada vez más monetarista: seis meses de contrato de cualquiera de las figuras argentinas alcanzaría para comprar al plantel completo de Cabo Verde para llevarlo al jardín de sus casas. Y sin embargo lo tenían enfrente, cotizándose más rápidamente que las acciones de una empresa tecnológica de punta.

Después de Qatar, cabía suponer que Lionel Messi iba a estar tres años y medio después en un palco refrigerado del Hard Rock, junto a Antonella y sus tres hijos, siendo constantemente ponchado por las cámaras de televisión, mientras lo carcomían los nervios siguiendo a sus excompañeros. Pero Messi quiere alargar todo lo posible su condición de celebridad de las canchas, antes de serlo en ceremoniales y protocolos.

Fue conmovedor lo de Messi contra Cabo Verde. A los 39 años, el partido no permitió ahorrarle un segundo al desgaste que hizo durante casi 140 minutos, contando los adicionados. La selección lo necesitaba a tiempo completo, porque sin él era muy factible que no hubiera un mañana. Al equipo que lo supo cobijar y potenciar ahora él le devuelve toda su clase y le tira una soga, cuando parece que no hay de dónde agarrarse.

Un Mundial se gana con lo propio, siendo inteligente, y este plantel demostró que tiene la cabeza bien amoblada. Pero también se gana con lo que venga “de arriba”, con lo que caiga del cielo. Con el criterio dispar para interpretar que la plancha de Messi sobre un gemelo de un argelino no merece la tarjeta roja que sí se llevó Balogun -goleador de los Estados Unidos- por una entrada muy similar sobre un bosnio. Con la vista gorda arbitral para que Cuti Romero no fuera amonestado por los dos trancazos que dio el viernes. Nadie definió mejor al zaguero central que Paredes: “No es consciente de la fuerza que tiene, te hace doler”. Con la fortuna de caer en la parte del cuadro que facilita la logística, teniendo la posibilidad de disputar todos los partidos en los Estados Unidos, mientras Colombia -posible rival en los cuartos de final- no sabe si está en un Mundial o de gira, bajando de aviones y haciendo migraciones, ya que contra Suiza habrá completado el periplo de haber jugado en los tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá.

La Argentina sigue en el Mundial, pero es consciente de que no puede seguir como contra Cabo Verde. Otra cosa sería engañarse y estos muchachos no son de comprar espejitos de colores. Es necesario que vuelva el Scaloni alquimista, el demiurgo que después de la derrota ante Arabia Saudita en 2022 empezó a enderezar todo con cinco cambios para la segunda fecha. Seguramente ahora no hará falta tanto, pero quizá sí revisar si Mac Allister no está siendo desaprovechado como volante central, aguzar la intuición para determinar quién se despertará antes, si Lautaro o Julián. En fin, retoques para reflotar y sostener un estilo, la idea. Tan simple, pero tan complejo al tratarse de un Mundial.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/argentina-el-pacto-entre-amigos-y-la-necesidad-de-que-vuelva-el-alquimista-scaloni-al-mundial-nid05072026/

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