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Cómo puede aprovechar la Argentina el nuevo mapa geopolítico para exportar más

En una economía cada vez más impactada por los factores geopolíticos, el nearshoring (la relocalización) se volvió un tema central en la reorganización de las cadenas globales de valor. La gu...

En una economía cada vez más impactada por los factores geopolíticos, el nearshoring (la relocalización) se volvió un tema central en la reorganización de las cadenas globales de valor. La guerra de Medio Oriente, la de Ucrania, la suba de aranceles aplicada por Estados Unidos en 2025 son algunos de los últimos acontecimientos que impactan en los negocios internacionales y que empujan a las grandes empresas a priorizar los eslabones de suministro más cortos, para reducir los costos logísticos y sortear dificultades.

El telón de fondo de este cambio de paradigma es el enfrentamiento comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial, que acuñó entre los especialistas un nuevo concepto relacionado en el último año: la geoeconomía. Al modificarse las zonas de influencia y el tráfico comercial por los conflictos, las decisiones políticas inciden en las estrategias que adopta el sector privado a la hora de buscar proveedores confiables para la producción.

En general, los mayores ganadores de esta tendencia son los países cercanos a grandes mercados. Por ejemplo, México con Estados Unidos o Polonia y Turquía con la Unión Europea. La Argentina participa poco de este fenómeno por los problemas económicos estructurales que arrastró por años, aunque los especialistas consideran que hay una oportunidad, aunque llevará tiempo aprovecharla.

El economista Bernardo Kosacoff repasa ante LA NACION que hasta finales de los ’70, cuando las economías a nivel mundial empiezan a abrirse, el modelo imperante era el de multiplantas, no el de cadenas de valor. Grafica con la industria automotriz: “Hasta la apertura, toda la producción de Detroit había invertido mucho en innovación pero no podía vender afuera por el cierre de los mercados. Entonces, la forma era a través de la Inversión Extranjera Directa (IED). Así llegaron plantas a la Argentina que, en ese entonces, ocupaba un lugar central”.

Apunta que ese modelo era seguido no solo por las automotrices, sino por otras industrias, y recuerda por ejemplo que la multinacional tecnológica IBM producía en Martínez y exportaba a Japón. Esos casos se fueron perdiendo. Desde los ’80, observa Kosacoff, la Argentina se estancó y sufrió una falta de integración a la producción. “De ser uno de los principales destinos , dejó de tener importancia. La Argentina no supo cómo integrarse y lo que representa de la IED mundial fue licuándose”, explica.

Los consultados por este diario coinciden en que la Argentina está en un proceso de transición por lo que, en la actualidad, son menos las cadenas de valor en las que ya participa y podría crecer. Aparecen allí la automotriz, de la que ya forma parte en el Mercosur; la de la minería y petróleo; la de servicios basados en conocimiento, y la de alimentos y agroindustria.

Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI y experto en comercio exterior, advierte que ya se está hablando de “ecosistemas de empresas” como una evolución de las cadenas de valor. No solo incluyen firmas de distinto tamaño sino instituciones de financiamiento, entidades estatales y figuras que hacen a la infraestructura (como, por ejemplo, parques industriales o hubs tecnológicos). “Un concepto más abarcativo y con la idea de internacionalización acompañando desde el inicio”, define.

Precisa que hasta que se realizaron los estudios de participación en las cadenas de valor mundiales –“hoy distorsionadas por las cuestiones geopolíticas”-, la Argentina era el país de la región con menos intervención. “Exporta e importa poco ya que pese a los reclamos por el segundo punto, los niveles aún son bajos y, la mayoría de sus exportaciones no están integradas en cadenas de valor”, enfatiza Elizondo y advierte que el concepto implica alianzas, planificación, financiamiento e inversión en conjunto.

“Superar el ser costosos pasa fuertemente por la reputación. La confianza requiere de arquitecturas vinculares. Es un valor intangible en el que las otras partes te consideran un socio, parte de la comunidad productiva”, completa.

El director ejecutivo del Observatorio Pyme, Federico Poli, introduce la actual coyuntura como parte de las dificultades que entiende tienen las empresas locales para sumarse a las cadenas. Sostiene que el “cambio del régimen económico produjo un shock. Hay precios distorsionados (atraso cambiario, altas tasas, apertura de la forma en que está hecha) que provocan un daño en el tejido productor de bienes transables. Hay empresas cerrando o, directamente, importando directamente. Seguro que hay cuestiones particulares en el conjunto, pero en el análisis general eso es lo que se ve. No dan los costos para producir localmente y, en ese cuadro, es muy difícil insertarse en cadenas de valor”. Incluso menciona que las compañías que exportan, registran demoras en el pago de reintegros, “lo que tampoco ayuda”.

Marisa Bircher, exsecretaria de Comercio Exterior de la Nación durante el gobierno de Mauricio Macri y fundadora de la consultora BiGlobal, señala que la Argentina debe promover su inserción en mercados globales y cadenas productivas, “no solo exportando commodities sino agregando mayor valor en productos y servicios”, para lo que se requiere de un diseño y una estrategia comercial clara. En un entorno más proteccionista y de reconfiguración de relaciones geopolíticas, es necesario “identificar oportunidades claves” y “actuar proactivamente para integrarse en cadenas productivas más dinámicas”. Otra vez aparece la necesidad de mejorar la competitividad interna.

En esa línea, Bircher sostiene que el desafío no pasa por abandonar las fortalezas productivas del país, sino por diversificar la oferta exportadora. Actualmente, cerca del 38% de las exportaciones argentinas se concentra en apenas cinco productos —harina y pellets de soja, petróleo crudo, maíz en grano, aceite de soja en bruto y vehículos— y en pocas provincias, principalmente Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Sin embargo, el país cuenta con un “amplio potencial para incrementar y federalizar su perfil exportador, impulsando el desarrollo de economías regionales y una mayor presencia internacional de alimentos elaborados, productos agroindustriales, manufacturas y servicios basados en conocimiento", aporta.

Cómo insertarse

En 2007, Kosacoff junto a Andrés López y Mara Pedrazzoli realizaron el trabajo “Comercio, inversión y fragmentación del mercado global: ¿está quedando atrás América Latina?” para la Cepal. El economista admite que todavía buena parte de lo planteado sigue vigente, como que la inserción en las cadenas puede contribuir a diversificar las exportaciones, generar nuevos empleos y adquirir nuevas capacidades tecnológicas, “fortaleciendo la competitividad” de los países más atrasados. Sin embargo, los efectos distributivos y los derrames sobre las economías domésticas son “más difusos”.

“No basta con exportar más o atraer capitales -ratifica Kosacoff-, lo decisivo es cómo se participa en las cadenas, en qué eslabones y con qué capacidad de generar encadenamientos locales, aprendizaje tecnológico y derrames productivos”. En el caso de Latinoamérica, a diferencia de Asia, la inserción es débil en las cadenas más dinámicas y, además, hay fuerte especialización en recursos naturales. La región, en general, no logró convertir la apertura y la IED en transformación estructural profunda.

El economista indica que hay tres formas de integración. Una es la de empresas subsidiarias que se une a su casa matriz, como es el caso de la planta de Volkswagen en Córdoba que fabrica cajas de velocidad. La segunda es la de las locales que son transnacionales, como Techint o Arcor y, la tercera, las que le venden a transnacionales, como la autopartista Basso en Rafaela, que produce válvulas de combustión que usa incluso Ferrari.

Para Poli, las oportunidades que en la actualidad pueden surgir serían producto de acuerdos comerciales, de cómo se aprovechan los entendimientos con el esquema de producción existente. “En ningún lugar del mundo las inversiones se hacen con capital propio y eso acá sigue pasando -continúa-. Tampoco hay un diálogo profundo con los sectores productivos, algo que siempre es necesario en un cambio de régimen. Hacen falta orientaciones sobre dónde se pueden reconvertir los sectores, en qué especializarse”.

Insiste en que las mayores posibilidades se dan en los segmentos no transables, “ya que se puede sobrevivir cuando lo que hace la empresa no puede ser reemplazado por una importación”. A ese último punto, añade que “ni siquiera hay voluntad de ponerle restricciones a China, algo que está pasando en todo el mundo. Con la estructura de costos actual no se puede competir y tampoco sumarse a una cadena”.

Para avanzar en la solución de los problemas que subsisten, Elizondo está convencido de que lo primero es “avanzar con las reformas internas. Es difícil si en el mercado interno hay percepción de inestabilidad cambiaria, no hay financiamiento, hay impuestos que no existen en otros lados. Así no se puede seguir el ritmo, por eso hay que terminar con la adaptación regulatoria, finalizar con la reducción de obstáculos, seguir sumando acuerdos comerciales”. Subraya que el 70% del comercio internacional hoy se realiza entre aquellos países que redujeron a cero su arancel.

Bircher retoma los planteos de que el país no puede depender exclusivamente de la producción primaria si quiere una inserción más significativa en las cadenas globales. Dice que hay que pasar de ser proveedor de materias primas a roles productivos más integrados y de mayor valor.

En un contexto en el que la Argentina busca retomar la agenda comercial internacional, con avances en acuerdos como el entendimiento con Estados Unidos y el proceso de ratificación del acuerdo Mercosur-Unión Europea, “se abren nuevas oportunidades para fortalecer la inserción externa del país”, indica.

El chip empresario

“Hay mucho para avanzar -indica Kosacoff-. En el área que más avanzó el país fue la de servicios basados en el conocimiento”. Entre los ejemplos de ese sector, que incluye a los productores de software y a los proveedores de servicios profesionales, menciona al banco JPMorgan Chase, que cuenta con 5000 empleados en el país que trabajan para el mundo; Accenture (tecnología, consultoría); Deloitte (consultoría), Globant (ingeniería digital); Mercado Libre (desarrollo tecnológico regional); EY (GDS Argentina, auditoría y servicios contables); PwC (auditoría transfronteriza); SAP Labs (desarrollo de I+D corporativo) y Pedidos Ya (hub tecnológico).

La economía del conocimiento se transformó en el tercer complejo exportador del país en 2025, por detrás del sector sojero y de la energía.

Experto en industria y con varios reportes realizados sobre cadenas de valor, Kosacoff da otros ejemplos como Toyota Argentina y Mirgor en automotrices y autopartistas; Tenaris, Ternium, YPF y Aluar en energía; Invap, Satellogic y Veng en alta tecnología y, en alimentos, mAbxience o Aceitera General Deheza.Kosacoff también ordena la participación en esos encadenamientos desde lo más bajo a lo más alto. En la base ubica al upstream primario, seguido de la manufactura intermedia; después la especializada e ingeniería y, como líderes, el conocimiento intensivo.

“Hay que lograr, además de los cambios en la macro, desarrollo empresarial en sí. Hay que salir a buscar socios en el mundo, no clientes. Ya no es ‘le vendo a’ sino ‘soy parte de’. Por eso, la evolución hacia ecosistemas de empresas, un sistema más complejo, una cadena de valor 2.0, internacional, sistémica, integrada, regular, con interacción constante y no solo comercio”, concluye Elizondo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/como-puede-aprovechar-la-argentina-el-nuevo-mapa-geopolitico-para-exportar-mas-nid03052026/

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