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Con 58 años, se animó a empezar de nuevo y buscar oportunidades en España: “No quiero que el miedo decida por mí”

Los padres de Rosana Pérez eran españoles, inmigrantes de la posguerra, y con aquella raíz ella creció sintiendo que en España podría llegar a sentirse como en casa. Varias veces había fanta...

Los padres de Rosana Pérez eran españoles, inmigrantes de la posguerra, y con aquella raíz ella creció sintiendo que en España podría llegar a sentirse como en casa. Varias veces había fantaseado con irse, pero la vida la llevó por otros caminos. Se casó, trabajó, crió a su hijo, se divorció tras 24 años de matrimonio, y tuvo que aprender a sostenerse sola y a reconstruir su vida. Los años pasaron, dejando esa fantasía como un pendiente hasta que cierto día, cuando ya habían pasado 18 años desde su separación, regresó a ella. ¿Qué estaba esperando?

En el año 2024, con 56 años, decidió que había llegado el momento. Embargada por una emoción indescriptible, abordó un avión que la llevó a vivir su sueño postergado.

La aventura duró un año. No fue fácil acomodarse a un ritmo ajeno a su hábitat, sin embargo, cuando regresó a la Argentina en el 2025, sucedió lo que jamás hubiera imaginado.

“Pensé que todo seguiría estando como lo había dejado, pero encontré una realidad que sentí todavía más difícil, y algo dentro de mí hizo clic: comprendí que mi lugar ya no estaba allí”, revela.

Volver a empezar a los 58 años: “Una cosa es sentir que un país puede ser tu casa y otra es construir una vida allí”

Rosana volvió a Málaga en febrero de 2026, con una decisión mucho más profunda a cuestas: ya no llegaba para probar suerte por un tiempo. Ahora estaba dispuesta a construir una nueva vida.

Desembarcó con ilusión, confianza y muchas ganas de que la nueva etapa funcionara. Málaga no era un destino desconocido: ella tenía una conexión profunda con sus raíces y una familiaridad emocional que la hacía sentir que regresaba a un lugar que siempre había formado parte de ella: “Pero una cosa es sentir que un país puede ser tu casa y otra muy distinta es construir una vida allí”, asegura Rosana.

“A los pocos meses de llegar fui a la policía para tramitar mi nuevo DNI español. Ahí pasó algo que me impactó: me asignaron otro número, otro documento. Yo era la misma Rosana, con mis 58 años, mi historia y mis recuerdos, pero ahora tenía un nuevo número de identidad. Me impactó comprender que emigrar no es solamente cambiar de coordenadas; es aprender a habitar una vida nueva sin dejar de ser una misma”, continúa.

“Para hacerlo, dejé atrás mucho más que un país. Dejé mi departamento en un buen barrio de Buenos Aires, una casa propia, mis costumbres y la seguridad de lo conocido. Dejé también a mi hijo, que tiene 26 años. No hay decisión de emigrar que vuelva sencilla esa distancia, aunque una sea adulta y sepa que los hijos tienen sus propias vidas. Y me traje a mi perrito, que tiene diez años. No me animé a darlo en adopción. Él también forma parte de mi historia y, en esta nueva etapa, es una compañía que no tiene precio”.

El desafío laboral, las herramientas y la barrera de la edad: “No quiero que el miedo decida por mí”

Entre las tantas experiencias desconocidas que Rosana se animó a tener, una de las más significativas fue atreverse a vivir en un departamento compartido. Con 58 años, pasó de tener un hogar propio a reorganizarse desde cero, algo que le generó una inevitable nostalgia.

Málaga, sin embargo, emergió llena de oportunidades, aunque también de desafíos. Desde un comienzo, Rosana se sintió segura y tranquila en su entorno que le permitió abrazar una rutina sin la incertidumbre constante de la inflación: “Además, su mezcla multicultural te abre la cabeza y te enseña que una siempre puede volver a sorprenderse de sí misma”, reflexiona.

Durante cuatro meses, trabajó en el Duty Free del aeropuerto. Con un inglés muy básico, debía atender a los viajeros de diversas nacionalidades; a menudo, se comunicaba con gestos, paciencia y buena voluntad. Para Rosana, significó un reto enorme y una experiencia inolvidable: “Me demostró que no siempre necesitamos tener todas las herramientas antes de empezar; a veces aprendemos precisamente porque nos animamos a hacer algo que nos supera”, asegura.

“Yo no quiero dejar de aprender. Estoy reconstruyendo mi vida desde un lugar muy diferente del que tenía. Busco oportunidades laborales, pienso cómo reinventarme profesionalmente y trato de encontrar mi sitio en una sociedad que también tiene sus propias dificultades. Tengo experiencia en ventas, atención al cliente, hotelería, eventos y marketing digital, y ahora estoy haciendo un curso de barista. Sé que el mercado laboral tiene sus dificultades y que las puertas empiezan a cerrarse con la edad. Me preocupa encontrar estabilidad, pero no quiero que el miedo decida por mí”.

La importancia de la red de contención: “El amor y la complicidad no tienen fecha de vencimiento”

Ciertos saltos fundamentales en la vida parten de decisiones propias que se toman en soledad. Para ello, se requiere de una gran dosis de coraje y, por esa misma razón, Rosana comprende la importancia que tienen los aliados en el camino, que se transforman en ese sostén invaluable.

Sus aliados aparecieron en su aventura durante su primera estadía, en 2024. A Clau la conoció casi por casualidad, en su bar. En apenas quince minutos se contaron sus historias de vida en Argentina y desde aquel día nació una amistad muy especial. Con el tiempo, San también se convirtió en parte de ese círculo tan cercano. Hoy son sus hermanas de la vida. Con ellas, Rosana comparte mucho más que una amistad: se cuidan, lloran, ríen y transitan juntas la vida malagueña: “Es hermoso descubrir que todavía podés encontrar personas imprescindibles a esta altura del camino”, dice conmovida.

“También está Roki, mi perrito de diez años; él es mi familia y no podía empezar esto sin su compañía. Mi hijo, por su parte, está ahora en Londres realizando un máster en Ciencias Políticas. Lo extraño, claro, pero me emociona verlo perseguir sus proyectos sabiendo que nos apoyamos mutuamente”.

“Cuando pienso en el futuro, deseo construir una vida estable cerca de mis afectos, trabajar y disfrutar de las cosas sencillas. Tras 18 años divorciada, también me gustaría encontrar un compañero de vida con quien reírme, viajar y conversar durante horas. No busco que alguien venga a completarme, sino compartir la historia con alguien que tenga tantas ganas de vivir y descubrir esta etapa como yo. El amor y la complicidad no tienen fecha de vencimiento”, continúa Rosana, quien también se apoya en la psicología y la numerología, que ocuparon un lugar clave en su proceso: “La numerología —que forma parte de mi vida y trabajo— me dio el lenguaje simbólico para conectar con el momento; lo viví como un impulso para confiar en mí, tomar la decisión y hacerme responsable de mi destino. La psicología me ayudó a mirar hacia adentro y a entender que muchos miedos no eran míos, sino heredados de mis padres, quienes emigraron por necesidad, porque en aquel momento no encontraban en España un futuro y tuvieron que buscar la posibilidad de salir adelante en otro lugar”.

La historia no está escrita: “Si algo me gustaría transmitirle a otras mujeres es que tenemos derecho a preguntarnos qué queremos para nosotras”

Rosana esperó varias décadas para cumplir su sueño. Hoy, con 58 y desde un rincón malagueño, observa su recorrido con orgullo, aunque sin romantizar la emigración: ella asegura que dejar toda una vida atrás no es `la solución mágica´. Tampoco cree que todas las mujeres tengan que irse de su país para reinventarse, pero hay algo de lo que sí está convencida: después de dedicar años a criar hijos, trabajar y sostener una familia, ninguna historia de ninguna mujer tiene por qué estar totalmente escrita.

Para Rosana, el clic llegó en un momento donde muchos consideran que ya es tarde. Sin dejarse llevar por los mandatos, ante ella se presentaron dos opciones: paralizarse o avanzar hacia sus sueños, con todo lo que eso conlleva.

“A los 56 años (que fue cuando me fui por primera vez) uno no empieza de cero, empieza con toda una vida a cuestas: con lo aprendido, lo perdido, los miedos y la experiencia que me permite mirar las cosas de otra manera. Argentina siempre será parte de mí; Málaga es el lugar donde hoy construyo mi presente. No necesito saber cómo terminará la historia para seguir caminando”, dice pensativa.

“Si algo me gustaría transmitirle a otras mujeres es que tenemos derecho a preguntarnos qué queremos para nosotras. Los años y los cambios vitales no son el final de nuestros proyectos. Quizás no tengamos la energía de los veinte, pero elegimos con mayor conciencia y no renunciamos a la posibilidad de que algo bueno suceda”.

“No se trata de tener la certeza de que todo va a salir bien. Se trata de no renunciar a la posibilidad de que algo bueno todavía pueda suceder. Mi pasaje fue de ida. Dejé mucho atrás y todavía tengo mucho por resolver. Pero también encontré amigas que son familia, desafíos que me hicieron descubrir capacidades que no sabía que tenía y una oportunidad de vivir de una manera diferente. A mis +55 todavía tengo sueños por cumplir”.

“Porque no quiero que esta nueva etapa sea solamente una historia de renuncias y de coraje. Quiero que sea una vida digna de contar. Y ojalá encuentre a alguien que tenga tantas ganas como yo de vivirla. Porque hay un mundo esperando que nos animemos. Y a veces, para encontrar nuestro lugar, primero tenemos que atrevernos a salir de donde siempre estuvimos”, concluye.

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Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/con-58-anos-se-animo-a-empezar-de-nuevo-y-buscar-oportunidades-en-espana-no-quiero-que-el-miedo-nid04112026/

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