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¿Crisis o no crisis? La gran batalla cultural que definirá 2027

Para el Gobierno, no hay crisis económica. Para la oposición dura, hay crisis. La cuestión central es cómo la gente vive e interpreta su coyuntura económica y material. Sobre todo, cuál será...

Para el Gobierno, no hay crisis económica. Para la oposición dura, hay crisis. La cuestión central es cómo la gente vive e interpreta su coyuntura económica y material. Sobre todo, cuál será su balance cuando las elecciones de 2027 estén a la vuelta de la esquina. El reloj de la economía entró en tiempo de descuento. ¿Crisis o no crisis? Esa es la cuestión. Ésa es la principal batalla cultural que se libra en esta larga coyuntura que desembocará en la elección presidencial del año que viene: oficialismo y la oposición kirchneristas se enfrentan en la disputa por el sentido del presente económico. Para el oficialismo no es una contienda sencilla: por más que haya logros macroeconómicos reconocibles, el voto popular puede alinearse detrás de lo que falta, y no tanto detrás de las metas alcanzadas.

Ayer, ese riesgo aterrizó en las palabras que pronunció Javier Milei en el homenaje a San Martín. “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”, planteó Milei. Un reconocimiento elíptico al desafío de convencer a la ciudadanía del beneficio de una Argentina de libre mercado cuando todavía los resultados positivos no se sienten con contundencia en el bolsillo.

Dilemas mileístas

El número dos de Economía, José Luis Daza, viene acusando recibo de esos dilemas. Ayer, en X, reaccionó fuerte contra una interpretación que planteó problemas en la gobernabilidad mileísta hacia el 2027 electoral. Fue en respuesta a una columna de Eduardo Van der Kooy en Clarín. Lo que más molestó al equipo económico fue el cuestionamiento a una serie de pronósticos económicos de Luis Caputo, que también reaccionó con críticas. Caputo optó por la ironía mientras que Daza recalcó un aspecto que considera único del plan de estabilización mileísta: “Nadie en el planeta anticipó que un recorte del gasto público de 30 por ciento real en un mes no generaría una gran depresión”, sostuvo. “Este es uno de los hechos más importantes de la economía mundial en 50 años”, afirmó.

La política no kirchnerista, economistas no mileístas y buena parte de la ciudadanía reconocen ese logro: el fin del gasto público irracional y el control de la inflación. Sin embargo, hay críticas sobre los efectos “heterogéneos” del plan tanto en aliados macristas como en el votante que le dio el triunfo a Milei en 2023.

Daza mismo también aportó en la misma línea de la autocrítica a la demora del impacto positivo en los hogares en una entrevista radial hace veinte días. “Ese proceso (de mejora) ya está en marcha, ya están los brotes verdes y somos conscientes de que tenemos que mejorar las condiciones de la gente. Para eso es todo el esfuerzo”, sostuvo.

En ese punto, en el mileísmo hay una toma de conciencia sobre la percepción social que puede jugar a favor del kirchnerismo y en contra del cambio de régimen económico que se proponen los libertarios. Los tiempos electorales obligan al realismo.

El kirchnerismo, por supuesto, extrema esa conclusión y se convence de su sentido: hay crisis. La narrativa de la oposición dura ya empezó a hacer un uso político estratégico de esa posibilidad: los morosos están instalados como sujeto político clave de estas elecciones. El kirchnerismo sintetiza en ese colectivo, según su lenguaje político, algunos de todos los males que la atribuyen al modelo mileísta de “crueldad” económica.

Máximas sanmartinianas para Milei

En el discurso sanmartiniano de Milei hubo más rastros en ese sentido: expuso el peligro de un proceso de liberalización de la economía que acarree costos coyunturales aprovechables por la oposición anti liberal, es decir, el kirchnerismo, aunque nunca lo mencionó directamente en su discurso: Milei se cuidó de mostrar una apropiación brutal de la gesta sanmartiniana con menciones obvias a su enemigo de carne y hueso político. Optó por un lenguaje alusivo aunque de sentido claro: sobre las huellas de San Martín en el camino de la libertad, los pasos de Milei.

Milei se refirió a los enemigos internos, una referencia indirecta al kirchnerismo: “Internamente, la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden”. En los ojos de Milei, la Argentina de 2026-2027, vuelve a una encrucijada sanmartiniana que acorrala el camino de la libertad.

Ayer, con su discurso, Milei hizo dos cosas clave en lo político. Por un lado, puso a las familias y sus preocupaciones materiales como sujetos de su política económica: “Nuestra misión hoy es también proveer a nuestra ciudadanía de la estabilidad y el crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar”.

Por otro lado, hizo explícita una estrategia de comunicación política de corte cardosiano, por el expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso y su idea de “gobernar es explicar, explicar, explicar”. “Debemos dar la batalla cultural para explicar, una y otra vez, cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes”, afirmó Milei.

Consumo y pedagogía estructuraron su respuesta política al desafío kirchnerista que busca aprovecharse de las demandas sociales insatisfechas y revertir el cambio de matriz económica.

En los dos casos, Milei tomó por las astas al toro de las imputaciones políticas que le hace el kirchnerismo: le habló directo a los problemas económicos de las familias y cambió el tono de su comunicación. Las respuestas de Milei y Caputo al tema del endeudamiento de las familias venían cayendo en un desapego innecesario políticamente, y es más: perjudicial en un contexto que ya empezó a ser electoral.

Milei vs. el anti liberalismo K

Hay una lección política, y económica, que va de las experiencias de Menem a Macri y de ahí a Milei: la súper micro, es decir, el bolsillo y la economía hogareña, como la gran garante del camino de la libertad económica, la macro racional y su sostenibilidad. Otra vez el “voto heladera”. El convencimiento ciudadano, expresado en las urnas, en torno a una economía abierta y libre resulta más central que cualquier consenso político logrado en la rosca entre bambalinas o a través de acuerdos formales y públicos como el Pacto de Mayo de 2024. Sólo lo sólido que viene del apoyo en las urnas no se desvanece en el aire de la alternancia política. El mileísmo está obligado a llevar a la elección de 2027 pruebas contundentes del inicio de un camino de la libertad que lleva a plata en el bolsillo de manera económicamente genuina. “Libertad, crecimiento, orden y prosperidad”, el lema completo que ahora agita Milei, como se vio en el discurso sanmartiniano del lunes.

El San Martín de Milei calza en el escenario electoral: Milei se ve a sí mismo en ese espejo del Libertador. Milei se coloca en un proceso sostenido de conquista de la libertad argentina iniciado por San Martín en el campo de la independencia y continuado por Milei en el campo de la política y la economía: San Martín vs los españoles; Milei vs el kirchnerismo. Milei prometió la conquista de una libertad política respecto del yugo populista del kirchnerismo y una libertad de mercado respecto del capitalismo de amigos, con mercados regulados y cooptados.

Como le dio la espalda a San Martín, según la relectura de Milei en clave política, el pueblo puede darle la espalda a Milei: el voto puede serle adverso en 2027. “¿Cuántas veces como nación tratamos con indiferencia a quienes más nos dieron para recién honrarlos cuando ya no pueden escucharnos?”, planteó este lunes.

La decodificación kirchnerista del presente en clave de crisis económica puede hacer peligrar la reelección y la continuidad del legado de Milei: con la lectura sanmartiniana, Milei alerta sobre el error de la sociedad si no lo vota. En su perspectiva, puede darse un proceso de incomprensión histórica del aporte mileísta similar a la incomprensión que pesó sobre el legado sanmartiniano. Por más méritos que tenga el Gobierno en la gestión de la economía inflacionada que recibió, el voto castigo puede desandar el camino.

Mileísmo y riesgos electorales

Daza no es el único que reconoce lo pendiente. La semana pasada Santiago Bausili fue por el mismo lado: “La economía crece despacio, en torno al 2 por ciento anual, mucho más despacio de lo que nos gustaría”, dijo. El resultado de las urnas todavía está lejos, pero hay indicadores no politizados que representan una alarma para el Gobierno. Si hay crisis económica o no está en debate, pero está claro que la voz del consumidor le está retirando confianza al Gobierno desde hace doce meses.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Di Tella es valorado porque correlaciona históricamente con el resultado electoral. En julio mostró una caída interanual de 12 puntos, y una caída mensual de 4,78 por ciento. Es una alarma electoral para el Gobierno, sobre todo porque cayó más en el Gran Buenos Aires, la zona de mayor cantidad de votantes, y en la Ciudad de Buenos Aires, un distrito liberal-libertario. En el interior también cayó, aunque menos.

Hay puntos ciegos en la narrativa oficialista de la economía. Los logros macro que señala Daza son valorados, pero todavía están a la espera de una generalización de logros micro. El kirchnerismo, por su lado, apuesta a la lectura del vaso medio vacío: morosos, desempleo formal y caída del poder de compra le dan chances para el armado de su posicionamiento.

El Gobierno tiene una a favor. Quizás el debate sobre si hay crisis o no es el mayor logro de la gobernabilidad política y económica mileísta. El proceso económico mileísta presenta aristas preocupantes, pero también aristas productivas. Por el momento, la economía libertaria sale mejor parada comparada con la memoria histórica de las crisis económicas argentinas icónicas estilo hiperinflación alfonsinista, corralito aliancista, macrismo inflacionario o kirchnerismo deficitario e inflacionario.

Quedan dos opciones: o no hay crisis o hay, pero cualitativamente tan distinta que quizás no lo sea del todo y le ofrezca al Gobierno puertas de salida para activar, finalmente, el bolsillo. Sería la oportunidad de un consenso ciudadano en torno a una macro racional anti déficit y un crecimiento de libre mercado. En esa posibilidad se juega, en parte, la ventaja competitiva del mileísmo para 2027. Ahí y en una oposición dominada por el modelo agotado del kirchnerismo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/la-gran-batalla-cultural-que-definira-2027-nid18082026/

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