Durante años fueron clave para los huesos: un estudio pone en duda el efecto del calcio y la vitamina D
La vitamina D y, sobre todo, el calcio se convirtieron en sinónimo de huesos fuertes. Pero un nuevo estudio pone en duda cuánto de ese efecto es real cuando se trata de prevenir fracturas y caíd...
La vitamina D y, sobre todo, el calcio se convirtieron en sinónimo de huesos fuertes. Pero un nuevo estudio pone en duda cuánto de ese efecto es real cuando se trata de prevenir fracturas y caídas.
La investigación, publicada en la revista BMJ, revisó la evidencia acumulada sobre una de las prácticas más extendidas en prevención: la suplementación con calcio, vitamina D o una combinación de ambos. Pero cuando se lo mide en resultados concretos, ese beneficio esperado no aparece. En la mayoría de los casos, el impacto es mínimo o inexistente.
El trabajo no se basa en un ensayo puntual, sino en una revisión sistemática y metaanálisis de 69 estudios con más de 150.000 participantes. Ese tipo de análisis permite observar el panorama general más allá de resultados aislados y detectar patrones consistentes.
El estudio fue llevado adelante por investigadores de Canadá, con participación de especialistas en farmacia clínica y epidemiología de instituciones como la Universidad de Montreal, y se basó en el análisis de ensayos clínicos relevados en bases de datos biomédicas y registros de estudios.
Las investigaciones incluidas abarcaron en su mayoría a adultos que viven en sus hogares y que no presentan un alto riesgo previo de fracturas, un punto clave para interpretar los resultados.
A partir de esa síntesis de casi 70 estudios, los autores encontraron que ningún esquema de suplementación logró reducir de manera significativa el riesgo de fracturas. El calcio por sí solo no mostró efecto relevante, la vitamina D tampoco y la combinación de ambos apenas arrojó diferencias leves que no alcanzan a traducirse en un beneficio clínicamente significativo.
Algo similar ocurrió con las caídas, otro de los factores que más pesan en la pérdida de autonomía de las personas mayores. El uso de estos suplementos tampoco logró reducir su frecuencia de manera consistente, incluso al considerar distintos perfiles de pacientes.
En el caso de la vitamina D, directamente no se observó reducción del riesgo, mientras que el calcio y la combinación mostraron variaciones pequeñas que no superan los umbrales considerados relevantes en la práctica clínica. Esto se mantuvo incluso al analizar la cantidad total de caídas, otro de los indicadores centrales en este tipo de evaluaciones.
Esto se mantuvo incluso al analizar la cantidad total de caídas, otro de los indicadores centrales en este tipo de evaluaciones.
Es decir, la suplementación tan extendida y recomendada no parece modificar el resultado que intenta prevenir. Esto implica que las diferencias observadas no alcanzan a traducirse en una reducción concreta en la probabilidad de sufrir una fractura o una caída.
El dato es relevante porque el uso de calcio y vitamina D se apoyó durante años en una relación que parecía evidente. El calcio es un componente central del tejido óseo y la vitamina D interviene en su absorción. Desde esa lógica, la suplementación aparecía como una forma directa de reforzar esa estructura y reducir el riesgo de daño.
Sin embargo, ese razonamiento, que funciona en el plano biológico, no necesariamente se traduce en el mismo efecto cuando se lo lleva a la práctica. La diferencia entre asociación e intervención es uno de los ejes que atraviesa este tipo de estudios: que algo esté vinculado con un mejor resultado no implica que modificarlo mediante suplementos lo mejore en la misma medida.
Esa diferencia entre lógica y evidencia no es nueva. Pero en este caso pesa más porque se trata de una solución que se volvió casi automática: un suplemento diario, fácil de incorporar y percibido como una forma directa de prevenir un problema complejo.
El análisis también destaca otro punto relevante: la consistencia de los resultados. Aun al considerar variables como edad, sexo, antecedentes de fracturas o diferencias en la dieta, las conclusiones se mantuvieron prácticamente sin cambios.
Eso no implica que la suplementación no tenga ningún lugar. La mayor parte de los estudios analizados incluyó adultos que viven en la comunidad y que no presentan un riesgo elevado de fracturas o caídas. Es decir, población general. El efecto podría ser distinto en grupos específicos, como personas con osteoporosis, déficit marcado o en tratamiento por enfermedad ósea.
El análisis incluyó distintos tipos de fracturas, como las de cadera, vertebrales y no vertebrales, sin encontrar beneficios consistentes en ninguno de esos escenarios.