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El aporte de Bonnie Tyler al fútbol argentino: el insulto más temido y la cábala que trajo una Copa del Mundo

Hay un fenómeno estrictamente rioplatense que consiste en despojar a las canciones de su contexto original, desarmarles la métrica y prenderlas fuego en el tablón. No importa si nacieron como un...

Hay un fenómeno estrictamente rioplatense que consiste en despojar a las canciones de su contexto original, desarmarles la métrica y prenderlas fuego en el tablón. No importa si nacieron como un ruego de amor en un estudio de grabación de Londres o Los Ángeles: si la melodía es lo suficientemente ganchera y emotiva, tarde o temprano la cultura popular argentina la va a pasar por su propio tamiz. El repertorio de las hinchadas argentinas aparecen “himnos” de Creedence Clearwater Revival, Gloria Gaynor, Oasis o Gilda.

En esa lista de apropiaciones involuntarias, la galesa Bonnie Tyler ocupa un Olimpo bizarro y glorioso: su voz raspada y su sensibilidad melódica terminaron dándole forma al insulto más temido de las canchas locales y, al mismo tiempo, a la banda sonora secreta de la mayor gesta del fútbol nacional.

El primer gran hito de esta colonización cultural a la inversa ocurrió a finales de la década de 1970. En 1977, Tyler lanzó “It’s a Heartache” (“Es un dolor de corazón”), una balada country-pop que se convirtió en su primer éxito masivo a nivel global. La canción hablaba de la desilusión, de lo estúpido que es amar a alguien que te lastima y del vacío que queda cuando un romance se apaga. Un clásico de la melancolía anglo. Sin embargo, cuando el vinilo cruzó el Atlántico, el oído de los hinchas detectó un pulso rítmico perfecto para el reclamo.

Los que estudian la historia de las hinchadas, sus canciones, sus rituales y sus crímenes, coinciden en que la primera hinchada en cantar la adaptación fue la de Huracán. El ingenio de la tribuna extirpó el dolor romántico de la canción y lo transformó en impaciencia colectiva. La melodía de “It’s a Heartache” devino en el clásico y universal: “Jugadores, la c... de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie”.

Mientras Tyler rasgaba la garganta cantando sobre un amor que te defrauda, miles de hinchas colgados de los alambrados la replicaban a los gritos para exigirle actitud a su equipo.

Con los años, el tema pasó a ser patrimonio de todas las hinchadas del país. Es el himno del desahogo, la cortina musical que suena cuando las papas queman, el equipo no corre y el descenso o la eliminación acechan. En las canchas de Boca y River, al mismo tiempo, el año pasado. Una herencia galesa que late en el cemento argentino cada fin de semana.

La playlist de Diego

Pero el destino de Bonnie Tyler con el fútbol argentino no se iba a limitar a la catarsis del hincha indignado. Unos años después, su música subió un escalón y se metió directamente en el santuario de los protagonistas: el vestuario. En 1983, de la mano del productor Jim Steinman, la cantante editó “Total Eclipse of the Heart”, una obra maestra del pop operístico, exagerada, dramática y épica. Un tema que, por su propia fuerza arrolladora, estaba destinado a acompañar momentos grandilocuentes.

El encargado de darle su lugar en la historia grande del deporte fue, cuando no, Diego Armando Maradona. En su libro testimonial México 86. Mi mundial, mi verdad, el Diez reveló la estricta y obsesiva rutina mística que montó la delegación argentina durante aquella Copa del Mundo. El trayecto en micro desde la concentración del América hasta los estadios era un ritual inalterable controlado por el propio Maradona. Y allí, en el corazón del casete que tronaba en el reproductor del ómnibus, Bonnie Tyler era una pieza fundamental.

Diego recordaba que la playlist de la cábala mundialista tenía tres columnas estables que debían sonar sí o sí antes de salir a jugar: “Eye of the Tiger” (de la película Rocky III), “Gigante Chiquito” de Sergio Denis, y “Total Eclipse of the Heart”. La transición entre la épica del boxeador, el estribillo tribunero local y el drama pasional de la galesa construía el clima de trance que el plantel necesitaba. La voz rota, casi al límite, de Tyler encendía las fibras íntimas de los jugadores. Funcionaba como un combustible emocional inmejorable.

“Total Eclipse de Heart” terminó musicalizando la consagración de una Selección inolvidable.

Bonnie Tyler falleció dejando un vacío enorme en la música pop, pero su eco en el sur del continente sigue siendo eterno. Quizás nunca dimensionó en su total magnitud que, mientras ella giraba por teatros de Europa interpretando sus canciones de amor y desamor, en esta esquina del mapa su discografía se había bifurcado en dos mitos vivientes: el insulto más temido por los jugadores del fútbol argentino y la melodía sagrada que acompañó al Diego a levantar la Copa del Mundo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/jugadoooores-el-aporte-de-bonnie-tyler-al-futbol-argentino-el-insulto-mas-temido-y-una-cabala-que-nid09072026/

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