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El gato con sombrero: una invitación a recuperar la imaginación y el placer de jugar en tiempos de realidad reglamentada

El gato con sombrero (The Cat in the Hat / EE.UU., 2026). Dirección: Alessandro Carloni y Erica Rivinoja. Guion: Alessandro Carloni y Erica Rivinoja, basado en el libro de Theodore Geissel (Dr. Se...

El gato con sombrero (The Cat in the Hat / EE.UU., 2026). Dirección: Alessandro Carloni y Erica Rivinoja. Guion: Alessandro Carloni y Erica Rivinoja, basado en el libro de Theodore Geissel (Dr. Seuss). Dirección de arte: Scott Seeto, Amos Sussigan. Edición: Dan Molina. Música: Lorne Balfe. Voces originales: Bill Hader, Xochitl Gómez, Tiago Martínez, América Ferrera, Giancarlo Esposito, Matt Berry, Quinta Brunson. Duración: 114′. Calificación: G. Nuestra opinión: buena.

3 stars

Probablemente el lector quiera saber si vale la pena llevar a los chicos al cine a ver El gato con sombrero. La respuesta es “sí”, porque es una película infantil en el sentido más preciso del término: un film sobre la infancia y cómo se adapta a los cambios; y sobre el descubrimiento de la fatal frontera entre lo real y lo imaginario. Cualquier obra que hable de la infancia (Toy Story hasta la tercera película es paradigma del asunto) es también una obra sobre cómo el tiempo combate la imaginación, y aquí ambos -tiempo e imaginación- son los términos que sostienen la trama. Hasta aquí, todo perfecto, aunque el film está lejos de ser perfecto.

Hay una familia (madre sola con dos hijos: una nena cercana a los 12 y un nene de unos 9 o 10) que se muda a un lugar que los chicos odian. Paralelamente, el Gato con Sombrero, que trabaja para una organización de bichos que se encargan de fulminar el aburrimiento o el malestar de los niños y obtiene grandes resultados aunque a un costo de “desastres” inabordable que lo pone al borde del despido. Su última chance es recuperar la alegría de los chicos recién mudados sin más recursos que una papa con un hilo. Pero hay una trampa y el Gato roba un reloj que invierte el tiempo, lo que le permitiría hacer desastres sin pagar las consecuencias. El reloj está ligado a un monstruo y, para colmo, se pierde. Así va la historia.

Que se base en una serie de libros de Theodore Geisel, más conocido como Dr. Seuss, es lo de menos: definen al personaje pero, como sucedió en la anterior adaptación (esta “con actores”, con Mike Myers como el gato, bastante pésima), va por otro lado. Y ese “lado” es al mismo tiempo encantador (cuando se permite a los artistas dar rienda suelta a la creatividad visual) y trivial (cuando el guion pone en boca de los personajes la explicación de algo que acabamos de comprender de manera clarísima por el propio desarrollo de la historia). A eso sumemos momentos en los que todo se alarga innecesariamente, combinados con otros en los que un buen gag permite un vuelo de la fantasía que se agradece.

En ese punto, lo más interesante es que se utilice ese nuevo estilo de animación que consiste en mezclar registros, desde uno más cercano al dibujo animado tradicional en 2D (el mundo del Gato o los universos fantásticos que surgen dentro de las cajas de mudanza) hasta otro mucho más detallado y realista 3D, aunque siempre se mantiene un diseño de ilustración infantil. Es lo que inauguró Spider-Man: un nuevo universo y este año vimos en Goat-La cabra que cambió el juego. Es una pena que esa libertad gráfica y dinámica aún no combine con guiones más bien adocenados.

Pero de todos modos, aún con sus sobreexplicaciones, alguna alegoría poco atractiva y estiramientos, no es una película descartable y, por momentos -aún cuando se sobreactúan lágrimas en los personajes, otro síntoma de desconfianza en la inteligencia del espectador más allá de su edad- emociona realmente. Quizás porque todos, en algún punto, deseamos recuperar la capacidad de jugar y, sobre todo, el tiempo para hacerlo. Si el tema de las primeras décadas del siglo fue el estatuto de la realidad (qué es, qué no es, qué pertenece a una fantasía que no distinguimos de la realidad), hoy eso parece resuelto y el asunto es cómo disfrutamos -si lo hacemos- de la libertad de elegir qué deseamos. En todo caso, lo más interesante de este film es subrayar ese pequeño movimiento de resistencia hacia lo lúdico que, en tiempos de obscenidad reglamentaria y virtualidad repetida, parece brotar muy de a poco.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/el-gato-con-sombrero-una-invitacion-a-recuperar-la-imaginacion-y-el-placer-de-jugar-en-tiempos-de-nid05112026/

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