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El sueño de Jane Fonda y la pesadilla de Luis Puenzo: abucheos en Cannes, fracaso de taquilla y escenas eliminadas por Columbia

Todo comenzó incluso antes de ganar el Oscar, en una breve escala en Los Ángeles para la campaña por los Globo de Oro que terminaría también obteniendo La historia oficial como ...

Todo comenzó incluso antes de ganar el Oscar, en una breve escala en Los Ángeles para la campaña por los Globo de Oro que terminaría también obteniendo La historia oficial como mejor película extranjera: “Che, hay una mina que dice ser Jane Fonda y quiere tener con vos un desayuno de trabajo”, le dijeron a Luis Puenzo sobre esa llamada recibida en la habitación del hotel que los hospedaría tan sólo un día más y que parecía a todas luces una broma.

De casualidad, casi por compromiso, Puenzo aceptó la llamada y luego el convite para desayunar al día siguiente. Era cierto y Jane Fonda franqueó la entrada esa mañana donde todo parecía un juego de azar y, casi aparentando el azar mismo, le preguntó si había leído Gringo Viejo de Carlos Fuentes y si le gustaba la literatura del escritor mexicano. Con honestidad, Puenzo relató su gusto por Fuentes pero que no había leído el libro. Eso fue todo.

La historia es conocida, La historia oficial gana el Oscar y se convierte no sólo en la primera película argentina en obtener el galardón sino también en un hito que da la vuelta al mundo. Varios proyectos, previos y posteriores al Oscar, rodean el mundo laboral de un joven Puenzo que tiene entreabierta la puerta de entrada a Hollywood y, de todos ellos, solo se concretará uno que avanza tangencialmente y aprovechando esa estadía en Los Ángeles cuando Jane Fonda y su socia, Lois Bonfiglio, lo visitan curiosas sobre su visión de Gringo Viejo, que aspira a convertirse en una superproducción.

Decidido, Puenzo realizó el mismo viaje que el protagonista de la novela: ingresó por El Paso y Chihuahua y conociendo de primera mano los hechos que el libro relataba. Fue la primera película producida por Columbia Pictures con un guion escrito en español, que tuvo seis versiones diferentes, y con el propio presidente de la compañía, David Puttnam, aceptando que fuera Puenzo el director y Aída Bortnik su guionista. Luego recibiría una versión en inglés y se reelaborarían las estructuras reescribiéndolas en español y luego volviendo a traducir las partes revisadas. Es decir, un complejo ida y vuelta entre los dos idiomas.

Con el equipo del director

Puttnam, que tenía entre manos una empresa internacional con directores como Kusturica y Szabó que nunca llegó a materializarse, terminó cediendo ante esta experiencia y a una exigencia aún mayor, la de contar para el film con los colaboradores de siempre del director. Así el montajista Juan Carlos Macías, el director de fotografía Felix “Chango” Monti, el camarógrafo Aldo Lobótrico y Rodrigo Furth, que fue su asistente de dirección, se integraron a un equipo mixto que no era habitual en el Hollywood de los 80.

“Yo empecé con todo el análisis de cómo construir una película a partir de las escenas ausentes de la novela, y definir que eran y cuáles eran las escenas ausentes. Y un tratamiento basado en esa teoría y tomando como llave ese sistema”, confiaba Puenzo en una entrevista televisiva. “Por otro lado –sumaba–, Fuentes en realidad no escribe una novela sino un poema largo donde lo esencial está en la textura más que en el texto de la novela, como si estuviera tallado con palabras que dejan traslucir que hay un drama pero no tiene sustancia dramática. Uno percibe en la novela una sustancia dramática que no está escrita”, confiaba sobre un drama contenido en la belleza de las palabras.

Gringo Viejo era un proyecto ambicioso e igualmente complejo y con una situación productiva muy difícil puertas adentro de Columbia Pictures cuando se inició su rodaje el 18 de enero de 1988 en México. Recorrió Zacatecas, Hidalgo (la famosa Hacienda de Santa María Regla), Durango, Torreón, Bavispe y Zempoala, lugares que debían lucir como al comienzo del siglo XX para dar marco a una historia de amor inserta en la Revolución Mexicana, donde una recatada institutriz estadounidense se encuentra atrapada en un triángulo amoroso con un joven y fogoso general del ejército de Pancho Villa y un anciano expatriado estadounidense.

Sin Burt Lancaster, pero con Gregory Peck

Jane Fonda, que propulsaba el proyecto, se reservó ese rol en el vértice que completarían Jimmy Smits y el veterano Burt Lancaster. Ahí tuvo Gringo Viejo su primer tropezón. Lancaster fue objetado por la aseguradora de la película cuando debía iniciarse el rodaje por su delicado estado de salud y sus problemas cardíacos. De común acuerdo, el actor sugirió a su amigo Gregory Peck, quien debió incorporarse de inmediato a un film que ya estaba en marcha pero fue uno de los papeles que más le gustó componer en su larga carrera: “Me gustó, creo que es intensamente humano, muchas debilidades, mucho talento, un gran talento como escritor y una actitud despreocupada hacia la muerte. Las cosas no le van muy bien en los Estados Unidos, se ha alejado de su familia, su edición de 12 volúmenes de obras completas fue un fracaso. Me gusta un viejo que decide irse y unirse a Pancho Villa y tal vez morir en el proceso”, declaraba Gregory Peck brindando la sensibilidad perfecta de su personaje.

“No lo considero un viejo cascarrabias sino un tipo mayor muy interesante y complejo, agradable y con mucho coraje”, decía sobre un libro que conocía muy bien y que había recibido de uno de sus hijos como regalo de Navidad. No fue el único cambio que sufrió el film: el legendario compositor italiano Ennio Morricone había sido contratado para componer la banda sonora, pero renunció motivado por otro proyecto que lo había entusiasmado más, un homenaje al cine que se llamaba Cinema Paradiso y que se iba a rodar en Italia.

Así las cosas en Zacatecas, el equipo y elenco se hospedó en el hotel Radisson. Su presencia fue todo un acontecimiento y todos se involucraron en el rodaje de la película que tuvo al teatro Calderón como epicentro para un rodaje que se extendió en total por seis meses y que además de los escenarios naturales sumó los enormes Estudios Churubusco. Fue un rodaje complejo para algunos actores, como el caso de Jimmy Smits, que no tuvo permiso para tomarse licencia de su rol en la serie televisiva LA Law y terminó volando entre México y Los Ángeles cada dos semanas para grabar capítulos de la serie. Completaron el elenco Patricio Contreras como el Coronel Justo García y Pedro Armendáriz Jr. como Pancho Villa.

Pese a la complejidad de la producción, no sólo por la recreación de época sino también por la cantidad de animales involucrados que incluyeron caballos entrenados para las escenas de batalla que fueron llevados desde los Estados Unidos a México, el rodaje se cumplió en tiempo y forma. Finalizó en mayo de ese año y el presupuesto de 40 millones de dólares se respetó. Se fijó una fecha tentativa de estreno para diciembre de 1988 y Luis Puenzo comenzó con toda celeridad un primer montaje en Buenos Aires.

Veinte minutos en total fueron eliminados por los ejecutivos de Columbia, incluyendo el comienzo original del film. Los ejecutivos querían un relato más lineal y comprensible. Su estreno se pasó para agosto de 1989, previo paso por el Festival de Cannes, donde el film fue abucheado.

A su estreno, Gringo Viejo fue un fracaso de taquilla y Jane Fonda recibió una nominación a los Golden Rasperry como la peor actriz del año. Casi en simultáneo con los Estados Unidos, se estrenó el 31 de agosto en los cines Grand Splendid, Libertador, Belgrano y Patio Bullrich. Aquí tampoco tuvo el favor del público, aunque la épica del fim en la lente de Luis Puenzo siempre mereció una segunda oportunidad. Chances que, se sabe, la rigurosa taquilla no brinda.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/el-sueno-de-jane-fonda-y-la-pesadilla-de-luis-puenzo-abucheos-en-cannes-fracaso-de-taquilla-y-nid28042026/

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