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Esa cosa con alas: una fábula sobre el duelo que no consigue transmitir la experiencia literaria

Esa cosa con alas (The Thing with Feathers, Reino Unido/2025). Dirección: Dylan Southern. Guion: Dylan Southern, Max Porter. Fotografía: Ben Fordesman. Edición: George Cragg. Elenco: Benedict Cu...

Esa cosa con alas (The Thing with Feathers, Reino Unido/2025). Dirección: Dylan Southern. Guion: Dylan Southern, Max Porter. Fotografía: Ben Fordesman. Edición: George Cragg. Elenco: Benedict Cumberbatch, Richard Boxcall, Henry Boxall, Sam Spruell, Tim Plester, David Thewlis. Calificación: No disponible. Distribuidora: Impacto Cine. Duración: 98 minutos. Nuestra opinión: regular.

2 stars

Los primeros minutos de Esa cosa con alas relatan la reciente muerte de una esposa y madre, cuya ausencia domina todo el tiempo venidero. Lo que queda en su lugar, además del dolor y el vacío, es un cuervo negro y gigante que habita en los dibujos del atormentado viudo. Día a día, el cuervo lo asedia pese al intento de seguir adelante con su trabajo como escritor de cómics y la crianza de sus dos pequeños hijos varones, tareas que no parece poder llevar a buen puerto. La inspiración es la novela autobiográfica de Max Porter y el título nace de un poema de Emily Dickinson: lo que para ella era “La esperanza es esa cosa con plumas” se transformó ahora en “El duelo es esa cosa con plumas”. Eso sí, ahora las plumas son largas y negras.

Negra es también la tinta que corre por el tablero de ese padre (Benedict Cumberbatch) mientras intenta poner sobre el papel los fantasmas que lo acorralan. No son transitorios, como podrían ser los de un duelo convencional, sino existenciales, arraigados en su creciente extravío cercano a la locura. “Sos la primera persona que veo en días”, le confiesa a una amiga de hace tiempo cuando toca a su puerta después de varias jornadas inmersas en el desorden, la suciedad y las visitas del cuervo. Uno podría pensar en los relatos de encierro de Roman Polanski, como Repulsión o El inquilino, y en la locura convertida en unas manos negras y puntiagudas o en jeroglíficos espiralados que asoman desde las paredes como símbolos edípicos de la represión. Pero no, la historia de estas plumas no es la de la demencia sino la de la conciencia de los propios límites y falencias, la de la dolorosa aceptación de una soledad que quizás pueda ser irreversible.

Dividida en capítulos -Papá, El Cuervo, Los chicos, El Demonio-, Esa cosa con alas no termina de saldar su deuda con la fuente literaria, en la que la imaginación del lector podía desterrar todas las metáforas a las que el cine obliga con su tiranía visual. Es por ello que el cuervo imaginado resulta más potente que el plumífero negruzco que persigue a Cumberbatch en el supermercado, y la mezcla de emociones que parece intuirse tras los traspiés del padre, los enojos de los chicos y los monólogos del cuervo se vuelve demasiado abrumadora.

El director Dylan Southern -eximio constructor de experiencias musicales inmersivas, aunque no demasiado narrativas como No Distance Left to Run sobre Blur, o Meet Me in the Bathroom, sobre la escena rockera de los años 2000, ambas codirigidas- logra lo mejor en esos momentos de evasión, sean de los niños, el padre o el mismísimo cuervo, enrareciendo la imagen hasta perder el origen de la pena que motiva la invocación. En el libro de Porter, el cuervo nace de un texto que el autor estaba escribiendo cuando muere su esposa -basado en el poeta Ted Hughes y titulado “El cuervo en el sofá”-; en la película el cuervo no tiene otras raíces que la culpa y el encono por la pérdida repentina, y su condición monstruosa es la plástica sustitución de esa ausencia imposible de tolerar.

Que la película no pueda hacer pie en el terreno del fantástico -ni en el horror, ni en sus expresiones lindantes- la deja en un híbrido entre la fábula infantil y el relato autobiográfico algo exacerbado. Esa falta de decisión sobre dónde recostarse deja el resultado en manos del talento de Cumberbatch y su capacidad de humanizar a un personaje cada vez más redundante. Lo que funciona depende de él y de los dos niños, Richard y Henry Boxall, en una estética que no consigue dar cauce a una experiencia cuya esencia se intuye perdida: como la mujer que no está, aquí el duelo por la obra literaria es todo nuestro.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/esa-cosa-con-alas-una-fabula-sobre-el-duelo-que-no-consigue-transmitir-la-experiencia-literaria-nid03092026/

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