Guido Sandleris. “Con Milei, la mejora de los fundamentals económicos es contundente, pero en bienestar la respuesta es más ambigua”
“Que haya equilibrio fiscal o que el Banco Central pueda acumular más o menos reservas no generan más bienestar directamente”, dice. “Los fundamentals sólo importan en tanto y en cuanto so...
“Que haya equilibrio fiscal o que el Banco Central pueda acumular más o menos reservas no generan más bienestar directamente”, dice. “Los fundamentals sólo importan en tanto y en cuanto son los que permiten construir un crecimiento sostenible, una mejora de los salarios y del bienestar”, analiza. “Con fundamentals malos o deteriorándose, se puede crecer algún año, pero la cosa termina mal”, matiza. “Eso es el kirchnerismo y, de alguna manera, es Alberto Fernández: fundamentales que se deterioran todo el tiempo, aunque algún año metían crecimiento”, señala. “Del otro lado, el gobierno de Mauricio Macri mejoró los fundamentals, pero en términos de bienestar de la gente, no fue percibido porque la economía se contrajo en tres de los cuatro años de su presidencia y porque la inflación, al final, no terminó bajando”, agrega. “En este momento: ¿fundamentals están mejor? La respuesta contundente es sí. ¿La gente lo está sintiendo? La respuesta es: más o menos”, compara. “El crecimiento no ha generado un crecimiento en el empleo”, plantea. “Le veo enorme mérito a esa corrección del desequilibrio fiscal que hizo el gobierno de Milei”, subraya. “La calidad del ajuste fiscal tiene una parte muy positiva: fue por el lado del gasto porque la Argentina no tenía espacio para ir a un ajuste fiscal que implicara subas adicionales de impuestos”, aclara. “Se puede mirar lo negativo: la calidad de los ajustes del lado del gasto puede mejorarse”, afirma. “En el Gobierno, hay una preocupación que va en línea con lo que dicen las encuestas. En las preocupaciones de la gente, la inflación ya está en el cuarto o quinto lugar. Ahora la gente empieza a hablar de que le alcanza o no el salario”, sostiene.
“La calidad del ajuste fiscal tiene una parte muy positiva: fue por el lado del gasto porque la Argentina no tenía espacio para ir a un ajuste fiscal que implicara subas adicionales de impuestos”
“Cuando uno mira sectores de empleo formal privado, y también público, esos sectores, sobre todo de grandes centros urbanos, hasta ahora han sido los menos beneficiados por este esquema. Y mucho del voto pasa por estos sectores”, reflexiona. “Parte de la suba en la mora en los créditos, que más gente y empresas tuvieran problemas para pagar créditos, tuvo que ver con la enorme suba de la tasa de interés de la mano del riesgo electoral del año pasado”, describe. “Ahora veo al Gobierno con más énfasis en comprar dólares porque eso le permite armar una coraza de protección de cara a las elecciones del año que viene y a una eventual dolarización de cartera”, dice. “No estoy de acuerdo con que, en este momento, lo mejor para la Argentina sea ir a un esquema de libre flotación cambiaria. Muchos economistas que respeto piensan que convendría. Yo no lo creo”, señala. “El año que viene, con las elecciones, hay riesgos de que se produzca algo que vimos el año pasado en la elección de medio término: que un eventual temor al regreso de alguna forma del kirchnerismo genere una dolarización de cartera, que la gente salga a comprar muchos dólares”, advierte. “Tenemos una economía y gobiernos con serios problemas de credibilidad. ¿Cómo hacer para acelerar el proceso de recuperar credibilidad? Creando un régimen especial como el RIGI y Súper RIGI”, argumenta. “Generan problemas de incentivos porque el momento en el cual un gobierno futuro le cambia las reglas de juego a una empresa no coincide con el momento del pago de una eventual multa”, sigue. “Los juicios tardan en los tribunales internacionales. Si volviera un gobierno de estilo kirchnerista, podría cambiar las reglas de juego y no pagar todo el costo legal de ese cambio”, anticipa. “De la mano de un cambio en la demanda de la gente, el Gobierno ha empezado a reorientar un poquito su política económica sin resignar su bandera del equilibrio fiscal”, destaca. “Por eso difícilmente la inflación baje mucho este año, y va a ser muy parecida al año pasado, porque de acá a las elecciones de 2027, los cañones de la política económica no van a estar tan puestos en que la inflación acelere su baja, más allá de lo que digan el Presidente y los funcionarios. Se empiezan a enfocar más en el tema de que llegue el bienestar”, concluye.
El economista Guido Sandleris estuvo en La Repregunta. Sandleris es el presidente de la Fundación Ecosur de la Bolsa de Comercio de Córdoba. Fue presidente del Banco Central entre 2018 y 2019, en la presidencia de Mauricio Macri. Es profesor de la Universidad Di Tella y de la Johns Hopkins University. Es Doctor en Economía por la Universidad de Columbia y economista por la Universidad de Buenos Aires.
Gobernabilidad mileísta, ¿pierde apoyo en la opinión pública? Economía y 2027, ¿puede ser el ancla electoral salvadora o no? Fundamentals: ¿fuerte o gastos postergados? Plan Milei-Caputo: ¿llegó la hora del metro cuadrado y el bienestar? Dólar, ¿dejarlo flotar sin bandas o no? Economía IA, ¿oportunidad real o ilusión óptica? RIGI y Súper RIGI: ¿beneficios presentes, problemas futuros? Sandleris hizo su análisis.
Aquí, la entrevista completa.
2027: ¿el Gobierno puede llegar con una economía robusta? Los fundamentals, ¿sólidos o todavía falta?-Economía y política. Contrario a la tradición argentina, la gobernabilidad política está dando más problemas, al menos en relación a los desafíos de apoyo ciudadano que tiene el presidente Javier Milei, que la economía en otros momentos: no hay percepción de una crisis económica tradicional, aunque hay algunas cuestiones que disparan preocupación. Pensando en 2027, la fecha clave, ¿se puede llegar a una economía robusta, mucho más que la actual situación económica, que algunos consideran todavía mediocre, como para garantizar un resultado electoral?
-Es muy buena la pregunta. Resumido: sí, se puede, pero dejame ponerle algunos matices a la respuesta. Cuando se acerca un año de elecciones presidenciales, tiendo a dividir el análisis de la economía argentina en dos partes. Por un lado, los fundamentals de la economía, las variables clave que terminan determinando el crecimiento, la inflación de largo plazo y demás. Y por otro lado, las variables y los elementos que tienen que ver con el bienestar de la gente, con el metro cuadrado de cada uno porque la gente, entre los muchos aspectos que toma en cuenta para votar, ve su bienestar económico, pero difícilmente tiene en cuenta los fundamentals. Con los fundamentals me refiero a que hay equilibrio fiscal, a que este año las cuentas externas y la cuenta corriente van a estar equilibradas; que se han corregido muchas de las distorsiones que había en la economía. Todavía quedan, por supuesto, cosas por hacer, pero si uno compara lo que recibió el gobierno de Milei con la situación actual, la mejora es notable. Uno puede ser muy contundente y decir que sin lugar a dudas los fundamentals económicos de Argentina mejoraron muchísimo en estos tres años.
-Antes de pasar a la otra parte, en los fundamentals hay cuestionamientos, por ejemplo, que hay gastos postergados o pisados. Un caso es el de las universidades, un debate que arrancó desde que asumió el gobierno de Javier Milei, tuvo en 2025 la Ley de Financiamiento Universitario y llegó hasta hoy. Finalmente, el Gobierno acordó una suba de casi 25 por ciento del salario de los universitarios. La cuestión es: ¿el equilibrio fiscal o superávit fiscal se sostiene a costa de, por ejemplo, un 40 por ciento de retraso salarial de algún sector, en este caso, el sector universitario?
-Redoblo lo que decís. Si uno mira cuáles fueron las partidas del gasto público que más ajustes tuvieron en estos tres años, arriba de todo está la inversión pública. Durante cierto tiempo se puede no hacer arreglos de las rutas, pero se van deteriorando: no podés no invertir en mantener y mejorar la infraestructura de caminos sin que empiece a tener impacto negativo en la economía. Entonces, sí, definitivamente hay una parte de la mejora de los fundamentals que se logró con las herramientas escasas con las que contaba el gobierno de Milei al principio. La calidad del ajuste fiscal tiene una parte muy positiva: fue por el lado del gasto porque la Argentina no tenía espacio para ir a un ajuste fiscal que implicara subas adicionales de impuestos. Eso es positivo. Por otro lado, uno puede mirar lo negativo: la calidad de los ajustes del lado del gasto puede mejorarse. Es un proceso. Tomo lo que vos decís: los fundamentals están mejor, pero que todavía pueden seguir mejorando, sin duda.
“No estoy de acuerdo con que, en este momento, lo mejor para la Argentina sea ir a un esquema de libre flotación cambiaria. Muchos economistas que respeto piensan que convendría. Yo no lo creo”
Metro cuadrado. ¿Por qué el resultado es más ambiguo que en los fundamentals?-Entonces por un lado los fundamentals y por el otro lado, ¿cuál es la otra parte que, según usted, hay que pensar a la hora de las elecciones?
-El metro cuadrado de las personas. Si la gente siente que está mejor o no siente que está mejor. Que haya equilibrio fiscal o que el Banco Central pueda acumular más o menos reservas no generan más bienestar directamente. Lo que la gente mira a la hora de ver su bienestar es: primero, ¿me alcanza lo que gano, mi salario, para vivir bien?; segundo, ¿tengo trabajo o no tengo trabajo? ¿De qué dependen esas dos variables clave? Uno, la relación entre los salarios y la inflación: determina el poder de compra de los salarios. Y la otra variable, el trabajo y si se están creando o no empleos, depende, en gran medida, de la actividad económica. Es contundente la respuesta de que la economía argentina está mucho mejor en términos de fundamentals de lo que recibió Milei, pero en términos de bienestar, la respuesta es más ambigua. ¿Por qué? En inflación, sin duda, la respuesta es contundente: estamos mucho mejor. Veníamos de 200 por ciento de inflación y ahora estamos en 30 por ciento. Enorme mejora. Las dudas aparecen más por el lado de la actividad económica y del empleo. Si bien la economía creció el año pasado y va a crecer este año, ese crecimiento no ha generado un crecimiento en el empleo. Se ve una cierta redistribución con el empleo registrado, incluso del sector privado, que es el empleo de más calidad, cae un poquito mientras sube, compensando, el empleo de menos calidad. Y eso tiene que ver con cómo ha crecido la economía argentina en estos dos años, un crecimiento liderado por sectores como la minería, la energía, el agro y la pesca que demandan menos trabajadores que sectores que se están contrayendo como la industria. Cuando uno lo mira en términos de ubicación geográfica, se ve que conurbanos, grandes centros urbanos han tenido pérdidas de empleo y crece el empleo en sectores en provincias que tienen que ver con energía, minería y agro.
-Quiero desafiar un poco esa concepción que se viene discutiendo en la Argentina en los últimos meses, sobre todo desde el crecimiento muy contundente de la productividad de Vaca Muerta, por ejemplo, y de las inversiones que están llegando a esos sectores. El punto es éste: ¿no hay algo de falacia en sostener que los fundamentals están bien cuando se están sostenidos en gastos reprimidos? Por ejemplo el gasto en infraestructura, según usted planteaba, que es clave para el crecimiento económico. O los salarios, como el universitario, pero no sólo el universitario: también los salarios privados venían cayendo por debajo de la inflación, perdían poder adquisitivo, y el Gobierno tiene una política de pisar paritarias. O el dólar, otro precio reprimido. ¿No hay algo de falacia en sostener que los fundamentals están andando bien?
-Diría que no. Es claro lo que te decía. Quiero hacer una aclaración en relación a los universitarios. Cuando se ven los datos de salario público en general, todo el gasto público en salario público ha caído.
“De la mano de un cambio en la demanda de la gente, el Gobierno ha empezado a reorientar un poquito su política económica sin resignar su bandera del equilibrio fiscal”
-Pero el salario público en general cayó un 20 por ciento contra 40 por ciento de los universitarios.
-Mi punto es que no fue aislado: cuando mirás las partidas que más sufrieron, la inversión pública sufrió todavía más. Se pueden hacer muchas de estas objeciones, y tomo tu punto como válido, como aclaraba al inicio: ¿se puede hacer un ajuste fiscal mejor que este que hizo el gobierno de Milei hacia adelante? Sí, sin dudas. Incluso agrego: hay algunos aspectos de cómo se hizo el ajuste que tal vez yo los hubiera pensado distinto, o lo hubiera intentado hacer distinto. Ahora, el diagnóstico del Gobierno fue un diagnóstico compartido con el Gobierno del cual yo fui parte, el de Mauricio Macri: si en esta nueva etapa no se resolvía rápido ese desequilibrio fiscal de la Argentina, la economía argentina quedaba condenada a crisis recurrentes. Ese diagnóstico me parece correcto. Corregir tan rápido el desequilibrio fiscal, y te lo digo yo que estuve adentro, en el Ministerio de Economía y después en el Banco Central, no es sencillo, es muy difícil. Le veo enorme mérito a esa corrección del desequilibrio fiscal que hizo el gobierno de Milei, aun cuando yo hubiera recortado más algunas partidas y otras menos. No es el único fundamental. Nos quedamos mucho en el equilibrio fiscal, pero no es lo único. Distorsiones que había en precios relativos, el nivel de desequilibrio externo, el manejo de lo monetario: son muchas cosas que hacen a los fundamentals. Hay una tendencia a quedarse mucho en lo fiscal, porque es lo que ha sido más notable de este Gobierno, pero no es el único punto.
“En el Gobierno, hay una preocupación que va en línea con lo que dicen las encuestas. En las preocupaciones de la gente, la inflación ya está en el cuarto o quinto lugar. Ahora la gente empieza a hablar de que le alcanza o no el salario”
Bienestar. ¿La mejora económica no se siente porque a los fundamentals todavía les falta?-La cuestión es cómo percibe la gente la marcha del plan económico en su metro cuadrado, que es lo que usted está planteando. ¿No hay una conexión entre esa percepción en algún punto crítica de la marcha de la economía por el impacto, por ejemplo, en el poder adquisitivo, que tiene que ver con los fundamentals? Por ejemplo, ese punto obvio de que las paritarias están pisadas, los salarios han caído, de que se ha ajustado por el lado del salario público.
-Por supuesto, los fundamentals sólo importan en tanto y en cuanto son los que permiten construir un crecimiento sostenible, una mejora de los salarios y una mejora del bienestar. Con fundamentals malos o deteriorándose, se puede crecer algún año, pero la cosa termina mal. Eso es Kirchner, es el kirchnerismo y, de alguna manera, es Alberto Fernández: fundamentales que se deterioran todo el tiempo, aunque algún año metían crecimiento. Del otro lado, el gobierno de Mauricio Macri mejoró los fundamentals, pero en términos de bienestar de la gente, eso no fue percibido porque la economía se contrajo en tres de los cuatro años de su presidencia y porque la inflación, al final, no terminó bajando porque vino la crisis. Uno mira lo que está pasando en este momento: ¿los fundamentals están mejor? La respuesta contundente es sí. ¿La gente lo está sintiendo? La respuesta es más o menos. Sí en algunas provincias, sí en los sectores más vulnerables porque, para sorpresa de muchos, hay una política social de este Gobierno muy cuidadosa en ese sentido. Junto con la baja de la inflación, eso también explica la baja de la pobreza. Pero cuando uno mira sectores de empleo formal privado, y también público, esos sectores, sobre todo de grandes centros urbanos, hasta ahora han sido los menos beneficiados por este esquema. Y mucho del voto pasa por estos sectores. Si tuviera que pronosticar qué va a pasar en base a lo que escucho que dicen los funcionarios del gobierno, estoy viendo cierto rebalanceo de las prioridades del Gobierno. En los dos primeros años, el Gobierno tenía como mandato bajar la inflación y sus políticas están muy enfocadas en eso. Ahora empezás a escuchar, de parte de los funcionarios, otra cosa: están dadas las condiciones para que prestemos más atención también al crecimiento, aunque no es que antes no le prestaran nada de atención. Se empieza a ver un rebalanceo.
Crecimiento v desarrollo. ¿Por qué los beneficios de los fundamentals no se perciben en la gente?-Está bien, foco en el crecimiento, pero no necesariamente eso es desarrollo, es decir, que ese crecimiento llegue a la mayor parte de la población. Usted describía que hay sectores de la economía que crecen y no necesariamente generan empleo y actividad económica en las actividades de más empleo.
-Yo estoy pensando ya en el crecimiento que sí llega a la gente.
-Llegado 2027, la percepción de la economía en el metro cuadrado de la gente: ¿puede sentirse en ese metro cuadrado una economía robusta, ya no en los grandes indicadores macroeconómicos?
-Depende mucho de lo que haga el Gobierno en los próximos meses. Veo al Gobierno rebalancear sus prioridades. Se empieza a escuchar, por ejemplo, al ministro de Economía hablando de la importancia de acelerar las licitaciones de cierta obra pública: eso es construcción, eso llega a la gente. En algunos sectores, se empieza a ver una intención del Gobierno de ayudar a la economía para que tenga cierto dinamismo. A la vez, no creo que este Gobierno vaya a resignar su bandera del equilibrio fiscal, que es su bandera en términos políticos. Pero empieza a usar el espacio que se le ha ido creando desde las elecciones de medio término para tratar de que ese bienestar llegue a más gente.
-¿Con créditos, por ejemplo?
-Empieza a haber una preocupación que va en línea con lo que dicen las encuestas. En los primeros años, la principal preocupación fue la inflación. Hoy en las encuestas sobre las preocupaciones de la gente muestran, la inflación ya está en el cuarto o quinto lugar. Ahora la gente empieza a hablar de que le alcanza o no el salario. Un poquito tiene que ver con la inflación, pero también con problemas de empleo.
-La mora en el pago de las deudas.
-De la mano de ese cambio en la demanda de la gente, el Gobierno ha empezado a reorientar un poquito su política económica sin resignar su bandera del equilibrio fiscal. Por eso difícilmente la inflación baje mucho este año, y va a ser muy parecida al año pasado, porque de acá a las elecciones de 2027, los cañones de la política económica no van a estar tan puestos de acá en que la inflación acelere su baja, más allá de lo que digan el Presidente y los funcionarios. A veces puede ser óptimo que ellos sigan hablando y poniendo mucho énfasis en inflacionario aún cuando en sus políticas, cuando uno la mira en detalle, le estén prestando un poquito menos de atención y empiecen a enfocarse más en el tema de de que el bienestar llegue.
-No termino de ver cuáles son las medidas que tienen ese objetivo. La baja de la tasa de interés es claramente un incentivo para el crédito, y beneficia a las pymes.
-Eso es clave. En la tasa de interés, volvimos a algo de principio del gobierno de Milei: tasas de interés reales negativas de la mano de la calma en el dólar. Es una de las variables más importantes que va a ayudar con una baja en la mora, que vos planteabas. Parte de la suba en la mora en los créditos, que más gente y empresas tuvieran problemas para pagar créditos, tuvo que ver con la enorme suba de la tasa de interés de la mano del riesgo electoral del año pasado. Ya disipada esa incertidumbre, calmado el dólar, aunque no para siempre, pero en un período de calma, las tasas empezaron a bajar. Eso va a ayudar un poco a la actividad. Va a haber cierto restablecimiento de la obra pública, lo que también va a ayudar.
Dólar. ¿Llegó la hora de que flote, flote, flote?-Está el gran tema del dólar. Usted habla de un dólar tranquilo, pero se da con bandas cambiarias, hay un techo y un piso.
-El piso es irrelevante.
-A esta altura es irrelevante, pero el techo está ahí y muchos sostienen que si no hubiera ese techo, el precio del dólar se corregiría dentro de un margen muy racional y eso podría ser positivo para la industria argentina, por ejemplo. ¿Cómo ve ese punto?
-El piso de las bandas cambiarias se volvió irrelevante. Si uno mira lo que hacía el Banco Central el año pasado, ¿cómo era la estrategia para bajar la inflación? Por un lado, equilibrio fiscal que garantizaba que no hubiera emisión monetaria para financiar al fisco: ésa es la parte uno. Parte dos: cierto atraso cambiario. Usar el tipo de cambio como un ancla adicional para empujar los precios de la economía hacia abajo. Este año, el Banco Central se alejó de esa promesa que había hecho cuando puso las bandas de que solo iba a comprar en el piso. El Banco Central está comprando todos los días en niveles muy por encima del piso de la banda. Por eso decía que el piso es irrelevante. Esa visión del Gobierno tan extrema de todos los cañones a la inflación, y eso implica atraso cambiario, cambió y lo manejan con más cuidado. Ahora veo al Gobierno con más énfasis en comprar dólares porque eso le permite armar una coraza de protección de cara a las elecciones del año que viene y a una eventual dolarización de cartera. En ese caso, ayuda que el Banco Central tenga más dólares. Hay más preocupación por eso: que el tipo de cambio no se siga apreciando demasiado. Por eso las compras en niveles del tipo de cambio que están dentro de la banda. Y también las tasas más bajas.
-Muchos economistas sostienen, Domingo Cavallo, entre ellos… Usted está en el epicentro de la zona núcleo en Córdoba, una provincia y una ciudad muy identificada con Cavallo y con la Fundación Mediterránea. ¿Cuál es la importancia de, efectivamente, terminar con cualquier tipo de control del dólar, levantar las bandas, que el dólar realmente flote? Que ese grito de guerra que tenía el Gobierno de “flotar, flota, flotar”, en ese caso entre bandas, se dé sin bandas. ¿Hay alguna chance de que eso suceda en los próximos meses? ¿Sería positivo que suceda? ¿Tiene beneficios?
-Te voy a dar una opinión bastante heterodoxa. No estoy de acuerdo con que, en este momento, lo mejor para la Argentina sea ir a un esquema de libre flotación cambiaria. Muchos economistas que respeto piensan que convendría. Yo no lo creo. El año que viene, con las elecciones, hay riesgos de que se produzca algo que vimos el año pasado en la elección de medio término: que un eventual temor al regreso de alguna forma del kirchnerismo genere una dolarización de cartera, que la gente salga a comprar muchos dólares.
-Un clásico argentino.
-Sí, exacto. Con un Banco Central con pocas reservas internacionales, que sigue siendo el caso, porque as reservas están un poco mejor que cuando asumió el Gobierno, pero las reservas propias del Banco Central siguen siendo negativas… esa decisión me parece prudente. Dado que el cepo está, no lo sacaría porque tal vez se vaya a necesitar el año que viene.
Dólar y cepo vigente. ¿Una medida económica o político electoral?-Pensando en el año que viene y en la dolarización de cartera de los argentinos, típico en tiempo electoral y de incertidumbre, ¿la decisión de no levantar el cepo es más una medida política? ¿En realidad levantar el cepo convendría a la economía y a la industria, por ejemplo, pero no se hace porque es una medida política?
-No. Quiero aclarar algo importante. Si me preguntás cómo me gustaría que funcione la economía argentina, obvio que te digo: sin cepo. No es bueno un cepo para una economía en el mediano plazo; no es como debe funcionar. Genera distorsiones y problemas, hace menos atractivo que inversores de afuera vengan a invertir en la Argentina. Mi afirmación no tiene que ver con lo político, aunque sí indirectamente. Sí tiene que ver con qué es lo mejor para la economía argentina ahora. Si uno mira hacia adelante, y me planteás: en el mediano plazo, ¿preferís que la economía argentina no tenga cepo? Obvio que es mejor una economía sin cepo. Sin duda funciona mucho mejor, crece más sostenidamente una economía sin cepo que con cepo. Hacia ahí hay que ir. ¿Cuál es el tema? En la coyuntura actual, con elecciones el año que viene, cuando todavía existe cierta incertidumbre política en términos de cuál va a ser el rumbo, que tiene que ver con la presencia de alguna versión del kirchnerismo con menores o mayores chances de ganar, eso genera un riesgo muy importante de que vuelva a haber una dolarización de cartera. Ante ese riesgo, y dado que el cepo ya está, no lo sacaría. Si no hubiera cepo, ¿lo pondría? Es otra decisión, pero dado que el cepo ya está, no lo eliminaría por completo en este momento.
Economía IA y Super RIGI. ¿Hay chances reales para la Argentina o es una ilusión óptica?-Última cuestión. Lo llevo a temas más conceptuales, más allá de la coyuntura específica de la economía argentina. Hay un alineamiento de la visión que tiene Milei de la Argentina hacia el futuro con el mundo del conocimiento, la inteligencia artificial (IA), ese vínculo con Peter Thiel que está ahora viviendo en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Usted ve en eso una promesa posible para la Argentina, una posibilidad real de convertirse en un epicentro del mercado de la IA que pueda ser tan competitivo como es el agro argentino o es el sector del oil & gas?
-Te voy a contestar con toda franqueza: no tengo idea. No sé. No sé lo suficiente. Si bien he leído y analizado el tema de todas las innovación de la IA, la magnitud de la incertidumbre que todavía tenemos sobre su impacto en la economía es enorme. ¿La Argentina podría…? Tal vez sí, tal vez no. Estas iniciativas de proyecto de ley, con empresas no humanas, o el tema del clima frío que puede ayudar a la instalación de data centers, puede ser que la Argentina tenga alguna proyección, pero no sé como para darte una respuesta.
-Es decir, que un plan de económico que cifre alguna expectativa realista en ese sector, ¿en realidad estaría jugando a los dados del futuro?
-Sí, un poco. El tema es cuántas fichas se ponen ahí. Si jugás unas fichitas, me parece razonable. Si decís que acá lo único que nos va a hacer crecer es la IA, diría sé más cauteloso, dale bola a otros sectores que te están funcionando bien y están creciendo o a sectores en donde es más evidente el potencial.
Súper RIGI. ¿Conviene ese régimen para la economía del conocimiento o no?-¿Es decir que el Súper Rigi del sector del conocimiento tiene que ir con los sectores más clásicos y tradicionales que conocemos hasta ahora?
-No, no tanto en los clásicos y tradicionales. En la Argentina, los sectores clásicos y tradicionales han sido sectores muy protegidos en donde la Argentina ha sido muy ineficiente.
-Me refiero a clásicos y tradicionales en ese sector del conocimiento. Pensaba en sectores tecnológicos dentro del sector de conocimiento, un Mercado Libre, que se basa en una logística hiper tecnológica, de administración de grandes datos, que pueda instalar otro centro en la Argentina, por ejemplo.
-Yo lo diría distinto. La Argentina, por una serie de elementos, tiene mucho potencial en lo que es industria del conocimiento en general, y lo tomo como una cosa bastante más amplia que la lA. Mirá la cantidad de unicornios y empresas que alcanzan valuaciones de más de mil millones de dólares rápidamente en estos sectores. La Argentina es uno de los líderes de la región en cantidad de unicornios. La Argentina tiene ese potencial. Es positivo que eso se siga desarrollando. Sin duda, una economía más diversificada tiende a ser una economía más inmune a shocks adversos. Es positivo que haya más sectores. Tengo más dificultades con que sea el Estado el que se ponga a decir tal sector sí y tal otro, no. Entiendo por qué y cómo se hizo el Super RIGI o el RIGIi: en general, son políticas que establecen reglas que afectan a todos los sectores de la economía y no se enfocan exclusivamente en un solo sector.
RIGI y Súper RIGI. ¿Beneficios presentes, problemas futuros?-Pero hay cuestionamientos de si las exenciones impositivas a treinta años que se le dan esos sectores pueden generar derechos adquiridos, y además pueden impactar en un equilibrio general de la economía.
-Por un lado, entiendo la lógica de los RIGI. Una de las cosas que te da haber pasado por la función pública es empatía, y no sólo con lo que va viendo el funcionario, sino también con la lógica de cierta decisión. ¿Cómo racionalizo los RIGI? Tenemos una economía con serios problemas de credibilidad. Los gobiernos argentinos han tenido muchos problemas de credibilidad. ¿Cómo hacer para acelerar el proceso de recuperar credibilidad? Creando un régimen especial: se dan ciertas protecciones para permitir invertir sin que las inversiones estén afectadas por esta ciclotimia argentina en las políticas fiscales. ¿Cuál es el problema? Parte de esa credibilidad trae otros problemas. Genera distorsiones entre empresas grandes y empresas chicas, una de las quejas que ha habido: los RIGI son para proyectos grandes y no para proyectos chicos. Por otro lado, una parte de lo de ganar credibilidad tiene que ver con que la justicia argentina no tiene credibilidad. Los RIGI permiten que, ante una eventual situación de incumplimiento, se pueda recurrir a la justicia extranjera. Ahí hay un problema: esos tribunales extranjeros, por ejemplo el CIADI, no funcionan tan bien; tienen sus problemas y generan problemas de incentivos porque el momento en el cual un gobierno futuro expropia una empresa o le cambia las regla de juego a una empresa, no coincide con el momento en el cual tiene lugar el pago de una eventual multa. Los juicios también tardan en esos tribunales internacionales. ¿Cuánto eliminan los RIGI el incentivo a cambiar las reglas de juego de un gobierno como fue el gobierno de Cristina Kirchner o el de Alberto Fernández? Si volviera un gobierno de ese estilo, podría cambiar la regla de juego y no pagar todo el costo legal de ese cambio. Hay muchos temas en el diseño de estos mecanismos que tienen problemas. Cambiar la credibilidad lleva tiempo y entiendo los atajos para ganarla, pero también digo: esos atajos generan algunas cosas positivas, y también generan algunos problemas.