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Hangar rojo: el dilema moral de un militar en la época del golpe de Augusto Pinochet que derrocó a Salvador Allende

Hangar rojo (Chile/Argentina/Italia, 2026). Dirección: Juan Pablo Sallato. Guión: Luis Emilio Guzmán, basado en el libro Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contr...

Hangar rojo (Chile/Argentina/Italia, 2026). Dirección: Juan Pablo Sallato. Guión: Luis Emilio Guzmán, basado en el libro Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra Bachelet y otros, de Fernando Villagrán. Fotografía: Diego Pequeño. Edición: Sebastián Brahm, Valeria Hernández. Elenco: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Hernández. Duración: 82 minutos. Calificación: R-13 (Restringida). Nuestra opinión: muy buena.

4 stars

El 11 de septiembre de 1973, mientras el golpe de Estado que derrocó en Chile al presidente elegido democráticamente Salvador Allende ya estaba a punto caramelo, el capitán Jorge Silva recibió una misión precisa: convertir la Escuela de Aviación a su cargo en un centro de detención y tortura. Ese es el inquietante punto de partida de Hangar Rojo, primer largometraje de ficción de Juan Pablo Sallato, estrenado en la última edición del Festival de Berlín y multipremiado en el de Guadalajara. Inquietante para el protagonista, que enfrenta un claro dilema moral, y para el espectador que entre en la historia identificándose con él, entendiéndolo o, lisa y llanamente, rechazando su actitud.

Silva (Nicolás Zárate) ha sido jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea y es un hombre en apariencia frío, calculador y plenamente consciente de la disciplina y la obediencia que requiere el ámbito militar. Pero cuando empiezan a llegar a su lugar de trabajo camiones con víctimas de la intensa represión desatada por el régimen de Augusto Pinochet, su entorno se transforma radicalmente y su rutina se altera de la peor manera.

También reaparece el coronel Jahn (Marcial Tagle), un antiguo rival en la fuerza, ahora investido de poder y convencido de la necesidad de la represión ilegal para terminar con el eterno fantasma del comunismo. Sallato va estrechando progresivamente el espacio y el margen de acción de su protagonista, que empieza a sufrir porque desobedecer supone ponerse en peligro y obedecer implica aceptar algo que lo perturba.

Basada en el libro de investigación periodística Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra Bachelet y otros, de Fernando Villagrán, la película no traduce el conflicto del capitán Silva en una sucesión de discursos. Sallato -quien dirigió con Juan Ignacio Sabatini e Ismael Larraín el exitoso documental Ojos Rojos, enfocado en la Selección chilena de fútbol- evita la lección ilustrada sobre el golpe militar. Trabaja, en cambio, orientado a reflejar la progresiva contaminación de un espacio cotidiano apelando al clima prototípico del thriller y a la acumulación de planos cerrados. Más de una vez la cámara sigue al protagonista a corta distancia, pendiente de sus movimientos y reacciones, como si no quisiera concederle una vía de escape. Esa proximidad recuerda el modo en que los hermanos Dardenne se adhieren físicamente a sus personajes con un objetivo claro: antes que explicar una conciencia, la cámara la acompaña, registra las vacilaciones del personaje y obliga al espectador a compartir su campo de percepción.

La fotografía de Diego Pequeño, de fuertes contrastes en blanco y negro, y el montaje de Valeria Hernández y Sebastián Brahm colaboran con la consolidación de esa sensación de encierro y asfixia que vive Silva y transmite la película. Una negativa al ornamento que por momentos roza la rigidez.

Es clave en todo el dispositivo el sólido trabajo de Nicolás Zárate, actor con mucha experiencia teatral e integrante de la histórica compañía chilena Teatro ICTUS, capaz de sugerir su batalla interior con una gestualidad mínima, indispensable. Zárate interpreta los desafíos y las vacilaciones del personaje con sutileza y mucho aplomo, a tono con la economía del relato.

Sallato evita convertir la tortura en espectáculo y valida el fuera de campo como uno de sus recursos más eficaces: a veces alcanza con un sonido, una reacción. Pero esa deliberada contención no atenúa el horror, y esa es una de las grandes virtudes de Hangar rojo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/hangar-rojo-el-dilema-moral-de-un-militar-en-la-epoca-del-golpe-de-agusto-pinochet-que-derroco-a-nid01102026/

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