Nacionales Escuchar artículo

Humphrey Bogart y Laren Bacall: el romance prohibido que empezó en un set de grabación con una caja de fósforos y conquistó Hollywood

Marie “Slim” Browning sale de su habitación de hotel mientras el capitán Harry “Steve” Morgan y Eddie entran en la de enfrente. La puerta queda abierta y ella se asoma para decir una sola...

Marie “Slim” Browning sale de su habitación de hotel mientras el capitán Harry “Steve” Morgan y Eddie entran en la de enfrente. La puerta queda abierta y ella se asoma para decir una sola línea: “¿Alguien tiene un fósforo?”. Morgan le tira una pequeña caja que ella atrapa en el aire, raspa el fósforo y enciende el cigarrillo. Después la devuelve y se va. El capitán, embobado, la mira alejarse.

Así se cruzan por primera vez los personajes interpretados por Lauren Bacall y Humphrey Bogart en la película To Have and Have Not. Corría 1944: ella tenía apenas 19 años y ese era su primer papel; él tenía 44.

Bogart le llevaba 25 años y ya había protagonizado varios clásicos: La mujer marcada, Pasaje a Marsella, Casablanca, Altas sierras.

Una gastada caja de fósforos

Lauren Bacall, nacida Betty Perske, tuvo talento, belleza y suerte.

Había estudiado teatro y, un año antes de su debut cinematográfico, se presentó a un casting de modelos. Diana Vreeland, entonces editora de Harper’s Bazaar, quedó impactada por su belleza y la seleccionó entre varias modelos aspirantes a aparecer en la revista. Fue su primera portada: estaba vestida como enfermera frente a una puerta con un llamado a donar sangre.

Vreeland no fue la única deslumbrada. Cuando se publicó ese número, Nancy Gross, esposa del director de cine Howard Hawks, vio la foto. “No sé si sabe actuar o no —le dijo a Hawks mientras le mostraba la imagen—, pero desde luego sabe cómo mirarte”.

“El historial de Howard hablaba por sí solo. Mucho después supe que siempre había querido encontrar a una chica salida de la nada, moldearla hasta convertirla en la mujer de sus sueños y hacer de ella una estrella: su propia creación”, escribió Bacall en su autobiografía By Myself.

Esa portada le abrió las puertas del escenario con el que siempre había soñado. La joven, criada en el Bronx por su madre y su abuela —inmigrantes judías rumanas—, había visto cómo su padre, William Perske, abusivo e infiel, abandonaba el hogar cuando ella tenía seis años. Desde chica añoraba convertirse en actriz, “la segunda venida de Bette Davis”, como la describió Matt Tyrnauer de Vanity Fair en una entrevista que le hizo en 2011.

Hawks también quedó fascinado con ella. La contrató: “Decía que le gustaría ponerme en una película con Cary Grant o Humphrey Bogart. Yo pensaba: ‘Cary Grant, fantástico. Humphrey Bogart… puaj’”, recordaba Bacall.

Se decidió por Bogart cuando acordó con su amigo Ernest Hemingway llevar al cine una de sus novelas, To Have and Have Not (Tener y no tener). Cuando el actor aceptó, el director le presentó a quien sería su coprotagonista.

“No hubo truenos ni relámpagos, solo un simple ‘mucho gusto’. Bogart era más bajo de lo que había imaginado —un metro setenta y ocho aproximadamente— y llevaba su vestuario: pantalones sin forma, camisa de algodón y una bufanda alrededor del cuello. No se dijo nada importante —no nos quedamos mucho tiempo—, pero parecía un hombre amable”.

No fue amor a primera vista, ella lo tenía claro. De hecho, unos años antes de conocerlo y de firmar contrato con Hawks, había ido al cine junto con su madre y su tía Rosalie a ver Casablanca. “A todas nos encantó. Y Rosalie estaba loca por Humphrey Bogart. Yo pensé que él estaba bien en la película, ¿pero loca por él? Para nada. Ella pensaba que era sexy. Yo pensé que estaba loca. No podía entender el pensamiento de Rosalie en absoluto”.

Pero la química entre ambos era innegable.

“Hacía unas tres semanas que estábamos filmando la película —era el final del día— y yo tenía una toma más. Estaba sentada frente al tocador en el camarín portátil, peinándome. Bogie entró para desearme buenas noches. Estaba parado detrás de mí cuando, de repente, se inclinó, me tomó el mentón con la mano y me besó. Fue impulsivo —era un poco tímido—, nada de tácticas de lobo lanzado al ataque. Sacó del bolsillo una gastada caja de fósforos y me pidió que escribiera mi número de teléfono en la parte de atrás. Y lo hice”. La representación en la vida real de aquella escena de película.

“Hola, galán, ¿cómo te va con tu hija?"

Esa misma noche, cerca de las 23, cuando Bacall ya estaba en la cama, sonó el teléfono. Era él, que había estado tomando unos tragos y la llamaba para ver cómo estaba y charlar un rato. “Eso fue todo, pero desde ese momento nuestra relación cambió”, aseguró.

Empezaron a verse con frecuencia, tanto dentro como fuera del set. Él la invitaba a comer, otras veces se sentaban a conversar en el camarín. La visitaba en su departamento y la llamaba por las noches. Así nació un romance clandestino que podía convertirse en escándalo si salía a la luz: Bogart estaba casado con Mayo Methot, que era conocida por sus ataques de celos violentos. En una ocasión, incluso, llegó a apuñalarlo con un cuchillo pequeño.

Bogart le contó a Bacall detalles de ese matrimonio, que ella luego reconstruyó en su autobiografía: “Me habló de su matrimonio. Eran conocidos como ‘los Battling Bogart’ : casi todas las noches terminaba tirándole algo a Bogie, intentando pegarle y lográndolo la mayoría de las veces. Ella lo había apuñalado en la espalda con un cuchillo en una ocasión y él tenía la cicatriz para demostrarlo. Él decía que tenía que beber, era la única manera en que podía vivir con ella. Ella era celosa, siempre lo acusaba de tener romances con sus actrices principales, siempre lo rebajaba como actor, haciendo referencias sarcásticas sobre la ‘gran estrella’. Él no se estaba quejando conmigo, él lo aceptaba. No le gustaba, pero así eran las cosas y él no podía hacer nada al respecto”.

El amor creció rápido. Se llamaban todo el tiempo y se encontraban a escondidas, sobre todo de noche. Hasta que terminó el rodaje. Entonces, Bogart le envió una carta: “Deseo con todo mi corazón que las cosas fueran diferentes —algún día pronto lo serán. Y ahora entiendo lo que significa ‘Decir adiós es morir un poco’ —porque cuando me alejé de vos esa última vez y te vi parada ahí, mi corazón murió un poco”.

Con el correr de las semanas, compañeros de elenco, maquilladores, guionistas y directores empezaron a notar la química y el cambio de actitud entre ambos. Los rumores circulaban con discreción, pero existían. El jefe de publicidad de Warner y su equipo trataron de presentar la relación como un simple coqueteo de set.

En la biografía Bogart, de Erik Lax y Ann M. Sperber, los autores profundizan sobre el tema: “El equipo técnico siempre sabía cuándo Methot estaba en el predio del estudio. Bastaba con un solo llamado desde la entrada avisando que ella estaba cruzando para hacer que los dos protagonistas se soltaran rápidamente las manos y se alejaran apenas un poco. Mayo, dando pelea, intentó usar el teléfono como un arma. Bogart le contó a Joe Hyams, su amigo y biógrafo, sobre una vez que lo llamó al teléfono en el set para escuchar su voz destilando ácido: ‘Hola, galán. ¿Cómo te va con tu hija? Ella tiene la mitad de tu edad, sabés’”.

Tomados de la mano como adolescentes

El mayor problema de Bogie era el sentido de la obligación. Su esposa, según describían quienes los rodeaban, “se estaba desintegrando física y mentalmente”. Aunque se había enamorado de Bacall, no quería destruir a Mayo en el camino.

Por un momento, todo pareció mejorar. Los Bogart declararon una especie de “alto el fuego”, aunque la tregua duró poco. En octubre de 1944, Humphrey y Bacall arrancaron la filmación de otra película, The Big Sleep. Unos meses antes habían puesto en pausa el romance. Methot, por su parte, prometió dejar de beber, y Bogart intentó salvar su matrimonio.

Los biógrafos del actor escribieron: “Aislada y luchando contra su adicción al alcohol, ella tenía como única carta de triunfo su condición física en rápido deterioro, y la jugó en un telegrama unos días después que envió al amigo cercano de Bogart y de ella, el novelista Louis Bromfield . Horas más tarde, esposo y esposa estaban al teléfono. Ella prometió ingresar a un hospital. Por mutuo acuerdo, unos días después, una Methot higienizada y sobria fue al Beverly Hills Hotel y se presentó en la puerta de Bogart, como una penitente en busca de absolución”.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que Methot volvió al alcohol. Un día escuchó a Bogart hablar por teléfono con Bacall y decirle que la extrañaba. Entonces le arrebató el tubo de la mano y gritó: “Escuchame, perra judía, ¿quién le va a lavar las medias? ¿Vos?”. Fue el punto final del matrimonio que Bacall esperaba con ansias.

Tenían el camino libre y, aunque a él le inquietaba casarse con una mujer 25 años menor, siguieron adelante. La boda se celebró el 21 de mayo de 1945. Ella tenía 20 años; él, 45. Sin embargo, vivían un amor adolescente que duraría hasta la muerte de Bogart. “Bogie y yo nos comportamos de forma ridícula, tomándonos de la mano como adolescentes (yo casi lo fui)”, recordaba ella.

Un pequeño tumor maligno

Bogart, al igual que su exesposa, también tenía problemas con el alcohol. Bacall lo atribuía al clima de infelicidad que había vivido durante su matrimonio anterior. Ella no sabía cómo manejarlo, aunque con el tiempo muchos sostuvieron que lo ayudó a moderar su consumo.

“Él cambió mucho su forma de beber. Nunca dejó de hacerlo, pero nunca fue un alcohólico, ni de cerca. No, su forma de beber era todo fiesta y pasar un gran momento, pero nunca bebía cuando trabajaba. Creció durante la era de los bares clandestinos, así que así eran las cosas”, decía su esposa.

La pareja tuvo dos hijos: Stephen Humphrey Bogart, nacido en 1949, y Leslie Howard Bogart, en 1952. Stephen también escribió un libro, Bogart: In Search of My Father (Bogart: en búsqueda de mi padre) donde relató: “Mi madre, por suerte, no era una gran bebedora. Pero Bogie, por supuesto, sí lo era, y cuando bebía se preocupaba y muchas veces se desquitaba con mi madre. Mamá dice que cuando Bogie bebía demasiado… se sentía arrepentido. Y cuando bebía demasiado, a menudo tenía mal carácter”.

Tyrnauer contó que le leyó ese pasaje en la entrevista, y que ella respondió: “No tiene ni idea de lo que está diciendo”.

Humphrey Bogart murió el 14 de enero de 1957, a los 57 años, por un cáncer de esófago. Le habían extirpado el esófago, desplazado el estómago y extraído una costilla. Durante el último año de su vida recibió sesiones de quimioterapia. Había adelgazado mucho, aunque el público desconocía la gravedad de su estado. En una carta abierta apenas escribió: “Tuve un pequeño tumor maligno en el esófago”.

Bacall tenía 32 años y era viuda.

Sobre la relación de sus padres, Stephen escribió: “Para ella, Bogie era, y sigue siendo, perfecto. Siempre quiso que le preguntara cómo era él”. Ella contestó también en la entrevista: “Yo nunca dije que fuera perfecto, porque Dios sabe que no lo era. ¿Quién querría estar casada con alguien perfecto? Yo no”.

“Sí, probablemente fui feliz cuando estuve casada con Bogie, pero yo era muy joven entonces. Diría que tuve una buena infancia, pero en realidad no era feliz, porque era hija única y no formaba parte de una familia completa —lo que en Estados Unidos consideramos la familia ideal: padre, madre e hijo, algo que, por supuesto, sabemos que es una gran tontería— y, sin embargo, tuve la mejor familia que cualquiera podría desear en toda la rama materna. Así que, ¿qué es para vos ser feliz? Feliz, bah. Creo que hay que estar inconsciente para ser feliz”, sostenía.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/humphrey-bogart-y-laren-bacall-el-romance-prohibido-que-empezo-en-un-set-de-grabacion-con-una-caja-nid28052026/

Comentarios
Volver arriba