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Jorge Argüello: “La posibilidad de prever el escenario global está rota”

¿Es posible decodificar el orden subyacente detrás de este gran “desorden global? ¿Hay, en este escenario de crisis, cambios y caos, algunas continuidades entre “lo viejo que muere y lo nuev...

¿Es posible decodificar el orden subyacente detrás de este gran “desorden global? ¿Hay, en este escenario de crisis, cambios y caos, algunas continuidades entre “lo viejo que muere y lo nuevo que pugna por nacer”? Estos son algunos de los ejes que recorren Efecto Mariposa (Fundación Embajada Abierta), el flamante libro de Jorge Argüello, diplomático de extensa trayectoria con experiencia en los principales foros de gobernanza global.

“El caos es un orden por descifrar”, dice Argüello, citando al escritor José Saramago. Ese es el esfuerzo y el espíritu que anima un texto que procura analizar las profundas mutaciones planetarias. También, los desafíos y las limitaciones de organismos multilaterales que padecen, impotentes, la acción de liderazgos disruptivos y nuevos desafíos geopolíticos y económicos.

“Me parece que todo el sistema de reglas y de instituciones está para ser revisado”, sostiene Argüello, que se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas entre 2007 y 2011. “Hoy nadie espera que la Asamblea General de las Naciones Unidas resuelva un tema de fondo”, afirma, al tiempo que destaca las aptitudes de Rafael Grossi, el candidato argentino para la secretaría general de la ONU que días pasados expuso sus planes frente a representantes de 193 países y criticó fuertemente el papel actual del organismo internacional.

Para el exembajador, son muchas las diferencias entre la primera gestión de Donald Trump y el “Trump.2”. El primero carecía de experiencia pública y dependía del Partido Republicano. “El Trump que gobierna ahora es el jefe indiscutido de todo el Partido Republicano, que ha dejado de ser aquel que conocimos para convertirse prácticamente en el movimiento MAGA: Make America Great Again”, sostiene el diplomático, quien a lo largo de su carrera ha presentado cartas credenciales con Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden.

Antes las resoluciones de la ONU tenían efectos planetarios. Hoy nadie espera que la Asamblea General resuelva un tema de fondo

Además, Argüello analiza el alineamiento de la Argentina con los Estados Unidos e Israel y da su mirada sobre la posibilidad de que los Estados Unidos retire su apoyo al Reino Unido en el reclamo por Malvinas. “Esa es la expresión de una pulseada de otros y nosotros estamos siendo usados en esa pulseada”, concluye Argüello, quien fue Embajador de la Argentina en Portugal entre 2013 y 2015 y sherpa de la Argentina en el G20.

-Vivimos en un mundo turbulento, inestable, impredecible. El orden nacido después de la Segunda Guerra Mundial se descompone y hay una transición hacia un escenario nuevo. ¿Qué rupturas y continuidades advierte?

-Cuando vivía en Portugal leí todos los libros de Saramago, pero hay uno en particular que me impresionó, El hombre duplicado. Ahí aparece esta frase fantástica: “El caos es un orden por descifrar”. Esa frase me quedó en la cabeza durante años y reaparece cuando empiezo a preparar este libro. Por eso se llama Efecto Mariposa. ¿Hay un orden atrás del caos?”. El orden que se está acabando es el que se gesta a partir de 1945, cuando los ganadores de la guerra, a su medida, arman un sistema de reglas y de instituciones que han regido las relaciones entre los países en las últimas décadas. Por ejemplo, la Organización Mundial del Comercio (OMC) era competente cuando había un problema comercial entre países. Si un país le imponía aranceles a otro, entonces se hacía la presentación ante la OMC, la OMC armaba un panel y fallaba. Y los países acataban el fallo. Hoy es impensable pensar que la OMC pueda obligar a Trump a cambiar su política de aranceles. Lo hizo la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

-Lo mismo pasa con el Consejo de Seguridad de la ONU: hay impotencia y frustración a la hora de contener amenazas, conflictos y guerras.

-Sí. Miremos la guerra en Ucrania, la ocupación militar israelí en Gaza y los ataques al Líbano, la guerra en Irán y la tensión que existe entre Afganistán y Pakistán. En otro tiempo, el Consejo de Seguridad hubiera intervenido mandando tropas o cascos azules, o forzando a las partes a sentarse en una mesa de negociación. Hoy no puede hacer nada. Otro ejemplo es la Asamblea General de las Naciones Unidas. Yo llegué como embajador de la Argentina ante la ONU en 2007. Y tuve la sensación de llegar al máximo recinto de la diplomacia mundial: se discutía mucho, pero se aprobaban resoluciones que después tenían consecuencias planetarias. Hoy nadie espera que la Asamblea General resuelva un tema de fondo.

-Son instituciones que parecen haber quedado anacrónicas ante una realidad que las supera.

-Absolutamente. Hay un dato nuevo que confirma esta visión del fin de ciclo: los países derrotados en la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón, son los países que están llevando adelante el proceso más acelerado de rearme. Son dos países que prácticamente se desarmaron después de la guerra por imposición de los ganadores y, sin embargo, Alemania es el país de la Unión Europea que está implementando un plan de rearme acelerado. Y Japón, por lo que ellos viven como una amenaza de China, está haciendo lo mismo. Ese dato se ha comentado poco, pero es elocuente.

Paradójicamente, hoy China está moviéndose con una mesura que se contrapone a la desmesura que exhibe la Casa Blanca

-¿Qué es lo que cree que ha quedado en pie dentro de tanto cambio?

-Es difícil ver eso. Creo que la Asamblea General va a continuar, y que el Consejo de Seguridad podría ser reformulado, pero me parece que todo el sistema de reglas y de instituciones está para ser revisado. El problema es que no sabemos cómo va a transformarse. Eso es lo maravilloso de la frase de Saramago.

-Es una gramática por escribir.

-Exactamente. Nosotros visualizamos esto como un caos, pero en realidad estamos asistiendo a la gestación de algo nuevo. Mis hijos y los tuyos se van a criar en un mundo distinto. Pero es muy difícil adivinar la forma que va a tener el nuevo orden. La posibilidad de prever escenarios está rota. Por eso el libro trata de auscultar la realidad y ver si van apareciendo señales del orden por venir. Los escenarios mudan mucho más rápido que lo que la imaginación, la creatividad o la investigación de los académicos puede explorar. Lo que domina el escenario internacional es la noción de incertidumbre.

-¿La ausencia de reglas es la regla?

-Sí, claramente. Hoy, la ausencia de reglas se ha convertido en la regla. El mundo regido por reglas y por instituciones, aunque no funcionaran de la mejor manera, le daban a los hechos predictibilidad. Hoy nadie espera que eso ocurra. Giuliano da Empoli dice algo interesante en su último libro, La hora de los depredadores: en realidad, el orden liberal internacional que conocemos desde 1945 es simplemente un episodio muy breve en la historia de la humanidad. Ahora estamos volviendo a las reglas del poder de los Estados.

-Uno de los postulantes a asumir como secretario general de la ONU es argentino, Rafael Grossi. ¿Cuál es su mirada sobre su candidatura?

-Grossi es un buen candidato. Lo conozco. En los años que estuve destinado a Nueva York, él por la naturaleza de su trabajo viajaba a Washington a reunirse con el presidente de los Estados Unidos. Nos veíamos, intercambiábamos opiniones. Está en una posición extraordinariamente delicada en este momento y hace que las miradas de los líderes del mundo se concentren en él. Por eso tiene diálogo directo y permanente con todos los países. De las cuatro figuras postuladas, hay tres de América Latina y conozco a las tres: Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan y Grossi. Los tres son buenos, pero tengo la impresión de que el que está mejor posicionado en este momento es Rafael. Es serio, solvente, responsable, sabe de lo que habla, habla muy bien inglés. Y, además, ha sabido tejer este sistema de confianza. Creo que lo que hay en él es confianza. Días atrás todos los candidatos se sentaron en la Asamblea General y él fue muy crítico de la ONU. Y la verdad es que lo que hay que hacer es criticar a la ONU y traer propuestas de reformulación. Así que miro con mucho entusiasmo su postulación.

-¿Cómo describiría al Trump de este segundo mandato?

-En mi primer mandato en Washington, presenté mis cartas credenciales con Barack Obama; en mi segundo mandato, con Donald Trump, y los últimos años trabajé con la administración del presidente Biden. El “Trump.1” es bastante distinto del Trump que vemos hoy. Recordemos que él había sido tradicional aportante del Partido Demócrata. Cuando Trump se propone como objetivo la presidencia de los Estados Unidos, tiene que elegir entre los dos canales que lo pueden llevar, los demócratas o los republicanos, y opta por el Partido Republicano. El Trump que se hace cargo del gobierno era un Trump con poca experiencia pública, que no conocía a los actores y que todavía era dependiente del Partido Republicano. Era un Trump que tenía que llevar adelante negociaciones con su propio partido. El Trump que gobierna ahora es el jefe indiscutido de todo el Partido Republicano, que por él ha dejado de ser aquel Partido Republicano que conocimos para convertirse prácticamente en el movimiento MAGA, Make America Great Again. Hubo varias elecciones este año y ningún candidato republicano pudo postularse sin el ok de Trump. El gabinete lo armó él. La otra diferencia es que está más grande. Es el presidente más longevo de la historia de Estados Unidos. A pesar de eso, es un hombre extraordinariamente activo. Todas las mañanas lo primero que quiero ver es qué hizo Trump, porque eso tiene repercusiones globales. Igualmente, este Trump está en una situación un poco complicada.

-¿Por qué?

-Las elecciones de medio término en Estados Unidos son importantes. En la mayoría de los casos, los presidentes pierden la elección de medio término y eso es leído como un llamado de atención para corregir el rumbo. En el caso de Trump es distinto, porque no tiene posibilidad de reelección. Y cuando aspiró o sugirió la posibilidad de violentar la limitación constitucional, se encontró con un rechazo importante y eso hizo que él mismo diera marcha atrás y aclarara que no se va a postular para una tercera presidencia. Entonces, este año tenemos un resultado electoral en el Estado de Virginia por la gobernación: por amplio margen ganaron los demócratas. Lo mismo pasó en New Jersey y en la ciudad de Nueva York. En el condado de Miami-Dade ganaron los demócratas. Y en varias de estas elecciones chicas donde se elegían legisladores han ganado los demócratas también. Ha perdido el Partido Republicano en Texas, que es difícil de perder para los republicanos. Inclusive ha perdido en el distrito donde está Mar-a-Lago, la residencia de Trump. ¿Esto quiere decir que va a perder las elecciones de medio término? No, porque podríamos estar en presencia de un fenómeno como el del 6 de septiembre en la Argentina, en el que la oposición tuvo un triunfo contundente en la provincia de Buenos Aires y un mes después el oficialismo tuvo un triunfo contundente a nivel nacional.

-El analista Bernabé Malacalza sostiene que la espectacularidad punitiva de los Estados Unidos disfraza cierta impotencia y frustración. ¿Coincide?

-Sí. Estados Unidos tiene que terminar de asimilar que ha dejado de ser la potencia dominante en el mundo. Lo están asimilando, pero hay una obsesión que he detectado en la gestión de Obama, de Biden y de Trump, que es lo que ellos llaman the chinese threat, la amenaza china. Los norteamericanos ven a China como una amenaza y tienen razón. Ahora, no es un caso similar al que se verificó durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, porque en la Guerra Fría eran dos potencias que competían por la hegemonía mundial, pero no tenían puntos de contacto. En cambio, la bipolaridad que supone la contradicción entre Pekín y Washington es distinta, porque no se puede concebir a China sin Estados Unidos ni a Estados Unidos sin China. El nivel de interdependencia que existe entre esas dos potencias hace que no se reproduzca el escenario de la Guerra Fría, pero compiten duramente y en todos los tableros. No hay duda de que el principal vínculo del mundo es el que va de Washington a Pekín y de Pekín a Washington.

-¿Qué consecuencia tiene para la Argentina el hecho de haberse alineado incondicionalmente con Estados Unidos e Israel?

-Estoy convencido de que la Argentina necesita multiplicar sus vínculos. Y la Argentina está achicando su número de vínculos. Hubo una votación reciente en la Asamblea de Naciones Unidas que es muy elocuente: los países africanos impulsaron una resolución que condena los 400 años del comercio de personas, los 400 años de esclavitud. Hubo tres votos en contra: Estados Unidos, Israel y la Argentina. No hay ninguna razón para que la Argentina continúe rompiendo toda su tradición diplomática en votaciones en las que nadie nos pide tanto. Este es un alineamiento unilateral de nosotros hacia ellos. Y en definitiva las prioridades de nuestra agenda exterior se subsumen en las prioridades de la agenda de Estados Unidos. Estas movidas no tienen que ver con la tradición diplomática de la Argentina. Yo creo que una vez que los dos líderes dejen la presidencia, va a haber una reformulación de la agenda.

-¿Cuál podría ser un factor moderador del caos en el mundo de hoy?

-Paradojalmente, China es la que está planteando la necesidad de mantener la vigencia de las organizaciones multilaterales, los ámbitos de negociación. Están moviéndose con una mesura que se contrapone a la desmesura que exhibe la Casa Blanca. Son 4000 años de historia. Esto de esperar y de que no hay que interrumpir al adversario cuando se está equivocando grafica lo que está haciendo China.

-Malvinas volvió a estar en agenda por la declaración de Estados Unidos de quitarle el apoyo al Reino Unido en el reclamo por Malvinas. ¿Cómo hay que leerlo?

-Esa es la expresión de una pulseada de otros: una pulseada entre Trump y la Unión Europea o entre Trump y la OTAN. En esta “filtración” del Pentágono lo que se dice es que como represalia al hecho de que los países de Europa no se plegaron a la acción militar estadounidense en Irán, le van a quitar el apoyo al Reino Unido en la cuestión Malvinas y van a impulsar la suspensión del Reino de España de la OTAN. Ahí somos una herramienta de la pulseada de los otros. ¿Esto ha mejorado nuestras posibilidades en relación a la cuestión Malvinas? Me parece que no. Esto generó una fuerte reacción del gobierno británico: “No vamos a negociar la soberanía porque la soberanía es nuestra”. Es más: hay un dato a tener en cuenta: Nigel Farage, que está asociado política e ideológicamente con el presidente Milei, salió a decir textualmente “la soberanía británica en las Islas Malvinas es innegociable”. La declaración sobre Malvinas es el juego de otros y nosotros estamos siendo usados en esa pulseada.

UN DIPLOMÁTICO CON EXPERIENCIA

PERFIL: Jorge Argüello

Jorge Argüello nació en la ciudad de Córdoba, en 1956. Se recibió de abogado en 1985 en la UBA y dos años después inició su carrera política como legislador de la Ciudad de Buenos Aires. Fue diputado nacional durante la presidencia de Carlos Menem en 1991 y, más tarde, bajo Néstor Kirchner en 2003.

Fue embajador argentino ante las Naciones Unidas (2007-2011), en los Estados Unidos (2011-2012), y en Portugal (2013-2015). Durante el gobierno de Alberto Fernández, volvió a Washington como embajador.

En 2014 creó la fundación Embajada Abierta, un centro de relaciones internacionales y políticas públicas.

En 2015 publicó Diálogos de Europa, un volumen de entrevistas con políticos y economistas, y en 2016 Historia Urgente de Estados Unidos. La superpotencia en su momento de decisión. Su libro más reciente es Efecto Mariposa (Embajada Abierta), con prólogo de Juan Gabriel Tokatlian.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/jorge-arguello-la-posibilidad-de-prever-el-escenario-global-esta-rota-nid16052026/

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