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La Argentina ante la reelección de Lula

La elección de Brasil tiene dimensiones sorprendentes, además de la polarización, brasileña y argentina. Más allá de las discusiones que atraviesan la política hoy -de carácter moral y muy ...

La elección de Brasil tiene dimensiones sorprendentes, además de la polarización, brasileña y argentina. Más allá de las discusiones que atraviesan la política hoy -de carácter moral y muy justificadas, por los niveles de corrupción que han invadido la política en Latinoamérica-, para cualquier persona que tenga interés cívico o cultural en la política o en la historia, estamos ante un fenómeno de primera magnitud, que es la evidencia de un liderazgo sobresaliente en términos políticos -no necesariamente de gobierno-, que es el de Lula. Una biografía para Hollywood si uno la examina desde sus orígenes en el nordeste brasileño, surgido de una familia absolutamente pobre y con un padre que los abandona. Trasladado con su familia, sostiene a su madre y a sus hermanos en Santos, trabaja como tornero, así pierde un dedo, enviuda dos veces. Y siempre pierde las elecciones.

Esta es una característica que el propio Lula recordó este domingo: de todas las elecciones en las que compitió, siempre perdió en primera vuelta y en algunas revirtió el resultado en la segunda. Es decir, estamos ante un animal político extraordinario que asombra al propio Fernando Henrique Cardoso, un príncipe de la vida intelectual, un sociólogo refinadísimo que dio clases en la Sorbonne y en Oxford. Cardoso siempre estuvo asombrado por la capacidad política de Lula y, además, orgulloso de que después de sus dos presidencias en un país tan desigual como Brasil, su sucesor fuera un obrero, un sindicalista.

El editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (26/10/2026)

El domingo, después de haber ganado, Lula dio un discurso muy llamativo. Por supuesto, hizo un gran agradecimiento, en palabras suyas, “a la generosidad del pueblo brasileño a lo largo de toda su biografía”. Habló también del programa de lo que él promete que va a ser su mejor gobierno. Lula cumple este martes 81 años y se ha propuesto un legado dentro de los términos de su propia concepción del poder, de la economía y del gobierno. Pero hubo un par de párrafos que convierten a este discurso en una arenga que refleja muy bien el clima de época. Primero dijo que no va a haber más intervención externa en las elecciones brasileñas. ¿A qué se refería? ¿A la intervención del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump? ¿A las incursiones del presidente Javier Milei en la campaña de Flavio Bolsonaro? No, estaba hablando de la intervención externa en las plataformas digitales.

Lula estaba hablando del papel que cumplen hoy las nuevas formas de comunicación en esta democracia que aparece por momentos amenazada en la transmisión de los mensajes y en la manipulación de las conciencias por la operación las redes. Hubo un episodio muy polémico, que tuvo lugar en las plataformas de la compañía Meta, donde fue anulada la posibilidad de que escriba su nombre. Las empresas que participaron de ese episodio alegaron problemas técnicos, y las víctimas de ese episodio, entre ellos el propio presidente electo de Brasil, denunciaron una intencionalidad política. Es un tema interesante porque se advierte la gravitación del mercado en la vida democrática de los grandes actores de lo que hoy es el negocio digital: las megacorporaciones.

Un episodio paralelo a este se vivió cuando Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania, denuncia que Elon Musk, propietario de la red social X, lo dejó sin drones en la guerra contra Rusia porque apagó los satélites. Aparentemente fue en solidaridad con la política exterior de Trump que se acercó al presidente ruso, Vladimir Putin, entre otras cosas, para conseguir combustible. Esta es la nueva democracia, sometida a un impacto extraordinario de las nuevas tecnologías.

De eso habló Lula este domingo, diciendo que va a regular esas plataformas, abriendo un debate enorme sobre qué es una red. ¿En qué medida regular una red es atentar contra la libertad de expresión? Ese debate quedó inaugurado en Brasil con esta promesa del presidente reelecto. Y después dijo algo que lo identifica con distintas formas de populismo y con algún sesgo, podríamos decir, autoritario, que es algo así como: “Ahora voy a usar yo las redes: voy a hablar yo todos los días, porque no voy a permitir que el periodismo me interprete”. Es una definición muy habitual en muchos líderes de derecha y de izquierda, que pretenden, podríamos decir, la fantasía que les provee X, justamente la red de Musk, de tener una comunicación directa con el pueblo. Y eso condiciona muchísimo esas formas de comunicación y la instalación del líder en la sociedad. Bolsonaro, Trump y Miei son tres líderes afines entre sí que, además de lo que podría ser cierta inclinación ideológica, tienen una característica común: encerrarse durante mucho tiempo a tuitear, bajo la idea de que están hablando con la gente y de que el pueblo son los usuarios que los siguen a ellos en las redes. Desde ese punto de vista se observa que el de Lula fue un discurso de época, de estos nuevos tiempos con toda la problematicidad que trae la relación entre nuevas formas de comunicación y democracia.

La clave de esta elección estivo en los que habían estado ausentes en la primera vuelta. Los que se abstuvieron. Y no es solamente una clave de la elección de Lula. Entre la primera y la segunda vuelta, Flavio Bolsonaro aumentó su caudal de votantes en 3.700.000. Es decir, los dos fueron a movilizar al que se había quedado en la casa. Y en esa tarea, ganó Lula. Lo que se vivió este domingo en Brasil fue un récord: nunca hubo tanto nivel de participación en una elección presidencial en la historia de ese país. Es decir, ambos candidatos lograron una proeza de movilización de la gente indiferente o desencantada. Por eso, el mandatario en su discurso le agradeció a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que se movilizaron para votarlo a él, según el líder del Partido de los Trabajadores (PT), “para salvar la democracia brasileña”. En todo esto hay otra posible lección importante que ya están indagando algunos equipos de campaña para la Argentina. También en la Argentina los niveles de abstención son altísimos. Por lo tanto, la movilización de esos ausentes, puede torcer el rumbo de la historia. Esto ya se vio. Lo vimos en el peronismo durante el gobierno del expresidente, Alberto Fernández. Hay que recordar que en 2021 el gran esfuerzo del peronismo después de las primarias fue ir a buscar a los que no habían votado. Sobre todo en el conurbano bonaerense.

Hay otra posible lección de los comicios brasileños para la Argentina. Pese a que es muy difícil traducir países, siempre hay una manipulación de la información, sobre todo por parte de los políticos que quieren ganar -o no perder- con la elección del otro. Pero sí hay un fenómeno que puede servir para la Argentina porque algo pasó el año pasado en este sentido: la idea de mucha gente que, al ver el resultado de la primera vuelta, reacciona y sale a votar. Es como si tomarán conciencia de lo que está pasando. Como si se asustaran. Esto ya lo vimos muchas veces. La primera vez en los últimos años fue durante la primera vuelta de la elección del 2019, cuando el expresidente Mauricio Macri salió a hacer una campaña muy intensa y si bien no logró ganar, recuperó muchísimo respecto de lo que habían sido las primarias. Terminó en el 41%, que es todo un capital político.

Lo vimos también en 2025. La elección de la provincia de Buenos Aires, que no tiene casi nada que ver con la de diputados nacionales, fue tomada como una especie de adelanto de lo que iba a suceder y muchísima gente, atemorizada por ver el regreso del kirchnerismo, fue a votar y lo hizo ganar ampliamente a Millei. Dicho sea de paso, Cristina Kirchner, cuando defendía la idea de que no hubiera un adelantamiento de la elección bonaerense, pensaba en estos términos. “Los vamos a asustar”, decía irónicamente. Y es lo que pasó. Mucha gente que tiene miedo ante el kirchnerismo se asustó, fue a votar y dio vuelta a la elección. En la política internacional esto también pasa en muchas ocasiones, como en el caso de los arrepentidos del Brexit, que una vez que votan se dan cuenta de lo que hicieron y quieren volver atrás.

¿Por qué es interesante esto para la Argentina? Porque en nuestro país se está discutiendo si se mantienen o no las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias: las PASO. Son una especie de encuesta perfecta, que puede hacer que haya estos movimientos de mayor arrepentimiento de los que no fueron a votar y mayor participación, que tal vez afecten al peronismo.

¿Qué pasaría si en unas elecciones primarias, el mundo no peronista o el antikirchnerismo, advierte que hay un peronismo muy amenazante? A lo mejor, el Gobierno la puede dar vuelta. Sería muy distinto de ir a esa competencia como primera elección. Tal vez definitiva. Estos son comportamientos de los brasileños que pueden permitir sacar lecciones en la política argentina.

El peronismo está tratando de capturar el triunfo de Lula como si fuera propio. Dicen que hay acercamientos entre el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que es el candidato del PJ mejor ubicado en las encuestas, con el equipo de campaña de Lula da Silva. Por otro lado, en el entorno de Sergio Massa -no sabemos si es el propio fundador del Frente Renovador el que impulsó esto-, apareció un grupo de Instagram bajo el título “Volveremos y seremos (más) millones. Grupo de organización y militancia”, acompañado con la cara del exministro, quien, más allá de que siga escondiendo la jugada como suele hacer con mucha habilidad, ya es candidato a presidente. Este grupo hace unas horas tenía 10.000 miembros. Con todo esto, Massa pretende copiar la técnica que llevó adelante el equipo de campaña de Lula, sobre todo después de la primera vuelta: movilizar las redes, pero también las conversaciones de WhatsApp.

Massa quiere ser Lula en muchos sentidos. También él tiene que revertir una pésima imagen como la que el actual presidente brasileño tiene frente a una parte importantísima de la sociedad. En la primera vuelta, mucha gente iba a votar a Bolsonaro con vergüenza. Había un voto vergonzante hacia el senador. Y en la segunda hubo muchísimos ciudadanos que ante el espanto por Bolsonaro, también votaron a Lula con vergüenza. Candidatos que tienen imágenes negativas muy altas, como Massa. A través de este grupo, él está tratando de importar la experiencia de Lula. Massa contó con el apoyo, en la elección del 2023, del equipo del PT. Así nació aquella fantasía de Milei de que Lula le dio a Massa mil millones de dólares para la campaña, una cifra exorbitante.

Estas no son las únicas modalidades en que repiquetea en la Argentina y en el peronismo, el triunfo de Lula. Hubo un tuit muy curioso y hasta simpático posteado por José “Pepe” Scioli, hermano del exgobernador bonaerense. En el mismo se lo ve a Lula, mucho más joven, probablemente durante la elección del año 2015, cuando el líder del PT vino a la provincia de Buenos Aires a hacer campaña por su examigo Daniel Scioli, devenido luego en amigo de Bolsonaro. En ese posteo, “Pepe” escribió: “Felicitaciones Lula, yo no cambio”. No es un mensaje para el presidente brasileño electo tanto como para su hermano Daniel, funcionario del actual gobierno de Milei.

En Brasil ganó un gran adversario del presidente argentino. A Milei le cuesta reconocer el resultado. Trump lo reconoció pero habló de una elección amañada. Aún así, lo más destacado dentro del entorno de Trump es lo que dijo quien fuera su principal asesor, Steve Bannon, quien es una especie de Santiago Caputo para él. Un ideólogo, un estratega. Algo muy parecido a lo que sería acá el “Mago del Kremlin”. Bannon comparte un tuit en donde escribe: ”El secretario de Estado, Marco Rubio, el canciller y el presidente necesitan salir ahora a cortar las relaciones diplomáticas y cerrar todo con Brasil. Sin comercio, nada. Este es un gobierno ilegítimo, marxista, globalista”. Muere Milei por decir esto. Y más abajo agrega: “Si no crees que este robo electoral está llegando aquí, estás completamente equivocado. Si no tomamos acción, está pasando aquí el próximo martes”.

Con esto, el asesor de Trump le está prácticamente contestando a Lula. No es que en Brasil se importaron operaciones digitales externas para manipular la elección. Bannon le dice a Lula que, el fraude que él cometió -en la idea de que lo hubo-, se va a repetir el martes de la semana que viene en la elección parlamentaria de los Estados Unidos, donde ya los republicanos dan por seguro que pierden la Cámara de Representantes. Y está muy peleado el Senado.

Exacerbadas las interpretaciones y el dramatismo electoral en todos estos escenarios, las relaciones de Brasil con la Argentina pasan ahora a ser un problema grave porque estamos condenados a llevarnos bien con el vecino.

Desde el punto de vista de la diplomacia, el canciller Pablo Quirno está en una encrucijada. Habrá que ver qué capacidad tiene para influir sobre Javier Milei. Es un gobierno donde nadie habla con el Presidente salvo de cosas que a él le gusta escuchar. Es muy difícil disentir en ese microclima, por miedo a que se enoje o eche a quien disiente.

Lula ganó y va a ser presidente en los próximos cuatro años. ¿Van a seguir interrumpidas las relaciones? ¿El embajador argentino en Brasil va a seguir en Buenos Aires y el brasileño en la Argentina va a seguir en San Pablo? Son relaciones importantes porque hay intereses nacionales que van más allá de los de facción, sobre todo uno en particular: Brasil es el escenario de una gran operación energética de la Argentina, de provisión de gas, más allá del comercio, y ha sido históricamente y sigue siendo el principal destino de las manufacturas argentinas, muchas de las cuales es muy difícil vender en otro mercado.

Se abre un interrogante ahora sobre un tema crucial de la política exterior que seguramente debe inquietar al canciller. Una encuesta de QSocial, que lidera Lucas Klobovs, muestra lo que la sociedad le pide al presidente al día siguiente del balotaje. El 68% dice que Milei debería reconocer el triunfo de Lula; el 16%, que no; 16% no sabe. Pero es interesante: un 32% duda de que sea tan importante la relación con Brasil.

En la encuesta también se consulta si debería tomar la iniciativa, a lo que el 62% dice que sí; el 16%, que no; y el 22% no sabe. Estos últimos dos son números interesantes.

Milei también tiene para festejar. Hasta ahora se venía obedeciendo una regla que parecía que iba a terminar de cumplirse en Brasil si no había reelección: los gobiernos eran víctimas de un voto castigo en las elecciones en las que quieren reelegir y se los desplaza. Presidencias de un solo mandato, empezando por Biden en Estados Unidos o por el anterior Trump.

Aquí parece haberse cortado ese fenómeno que, mirado desde las oficinas de Milei, era inquietante. Si se deja llevar por estas tendencias o estadísticas, Milei tendría derecho a celebrar la victoria de Lula. Es un presidente reelecto, con mucha dificultad, pero reelecto.

Hay una segunda razón por la cual el Gobierno podría festejar lo que pasó ayer en Brasil: si en ningún caso hay reglas en la política, mucho menos esto lo es, pero, para los supersticiosos, daría la impresión de que los argentinos votamos al revés de lo que votaron los brasileños el año anterior.

En 2014, en Brasil, ganó Dilma; en 2015, ganó Macri. En 2018, ganó Jair Bolsonaro; en 2019, en la Argentina, ganó Alberto Fernández. En 2023, ganó Milei y el año anterior había ganado Lula. Es como si votáramos al revés. Si esto es así, el año que viene podría ganar Milei o alguien de derecha, en el caso de que el Presidente no sea el candidato de la derecha argentina, cosa bastante impensable.

Hay otra dimensión interesante de lo que está pasando en las elecciones, no solo en Brasil, sino también en España. A Milei le molestó mucho cuando alguien dijo que era un fenómeno barrial y todo el tiempo insiste con que no lo es. Y tiene razón. Como ningún otro presidente que se recuerde en los últimos años, su nombre tiene una repercusión internacional difícil de alcanzar. Por la rareza, por cómo llegó, por su estilo personal, por lo disonante de sus formas de expresión, porque cumple la fantasía de todo un sector del mercado internacional, sobre todo el radicado en Silicon Valley, en las grandes empresas tecnológicas de las que hablábamos: un mundo casi sin Estado.

Esa internacionalización también tiene una especie de revancha: las izquierdas que compiten en distintas elecciones hacen uso de Milei como insumo. Usan el problema del estancamiento económico. En España, el Partido Socialista lo recibió colgando en su sede una lona donde ironiza: “Somos los zurdos. Bienvenido Milei a España”. Abajo agregan: “El país que más crece en Europa”.

En la campaña de Lula, sobre todo después de la primera vuelta, muchos spots estaban referidos a la Argentina, caricaturizando los males económicos y sociales, hablando de cifras exageradas de pobreza e indigencia y de que la gente come burro. Todo un folclore alrededor del problema central que hoy presenta la política económica: el estancamiento.

Es un problema que afecta en distintos planos al Gobierno y está en el centro de la caída de popularidad del presidente y de su gestión, aunque hoy tuvo lo que podría llamarse una relativa buena noticia. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella tuvo una variación positiva de casi un punto. Es casi nada, pero por lo menos no cayó, porque lo venía haciendo. Desde diciembre del año pasado hasta ahora, el Gobierno bajó alrededor de veinte puntos. Desde abril, este índice, que hoy es de 1,95 y mide de cero a cinco, estuvo en un promedio de dos puntos. La confianza en el Gobierno está tan estancada como la economía.

Un índice de dos puntos, convertido en porcentaje, da más o menos un 40%. Esto es interesante porque hay una correlación enigmática entre este índice y los votos que sacaría el oficialismo si la elección fuera hoy. Milei obtendría el 40% de los votos, que no está nada mal. Un gobierno con este nivel de insatisfacción económica está en el piso de la banda necesaria para ganar en primera vuelta. Es muy probable que el Presidente necesite ganar en primera vuelta, porque en una segunda alguien con menos imagen negativa le puede ganar.

Los números de la economía vienen dando mal en aquello que ahora interesa. La inflación no baja, no se precipita. Está prácticamente estable desde hace meses, probablemente un año. El nivel de crecimiento dio un 0,1% en agosto, muy malo respecto de lo que el Gobierno creía. El propio Milei planteó que los números no son los que esperaba para este momento y lo atribuyó, como hacen siempre los presidentes, a un fenómeno internacional: la suba de la tasa de interés, del precio de los combustibles y el clima de incertidumbre que introduce su amigo Trump. Son factores reales. Todo eso, dice Milei, hace que no estemos dando los resultados que pensábamos y no admite que pueda haber una falla en la consistencia técnica de su gestión.

Este clima socioeconómico está envolviendo un hecho que va a ser muy impactante: la visita del papa León XIV en noviembre, confirmada este lunes por la Secretaría de Prensa del Vaticano. Una encuesta de un Observatorio de las Creencias que funciona en la Universidad de Buenos Aires, liderado por Fernando Guevara, recoge impresiones sobre el viaje del pontífice mediante un barómetro sobre creencias. El 50,7% le atribuye poca o ninguna importancia, mientras que el 49,3%, mucha o alguna.

¿Una visita importante, pero con menor impacto en la vida religiosa? El 64,6% plantea que no va a producir ningún efecto; el 35,4% cree que sí. En España, la llegada de este mismo papa produjo una especie de avalancha sobre las iglesias: más gente va a misa y se confiesa. ¿Pasará eso en la Argentina? ¿La Iglesia argentina está preparada o entrenada para recibir ese impacto? Hay quienes creen, según la encuesta, que no será tan grande.

En cuanto a qué esperan los argentinos del mensaje del Papa, las dos primeras columnas de la encuesta, donde se concentra la mayor cantidad de opiniones, corresponden a mensajes más bien políticos, no espirituales: que hable de la pobreza, el 43,2%, y de la paz internacional, el 20,6%.

La pobreza, la situación social, la caída de la producción y el temor por el empleo aparecen en las encuestas todo el tiempo. Ahora mucha gente espera que el vocero de esas preocupaciones sea el Papa.

Todos estos problemas están impactando dentro del oficialismo. Hay economistas prestigiosos, muy valorados por el equipo económico y, sobre todo, en la cabeza de Javier Milei, como Ricardo Arriazu, que plantean un interrogante sobre la política monetaria. Afirman que es demasiado estricta, que el Gobierno podría no absorber con bonos todo lo que emite para comprar dólares y que esa plata vaya a los bolsillos de la gente para dinamizar la economía, que está planchada o en caída en los sectores que representan aproximadamente el 51% del empleo y la mayor parte del PBI.

No solo hay observaciones, como la de Arriazu, sobre la política económica y su consistencia técnica. Sigue habiendo diferenciaciones dentro del Gobierno y la principal es la de Patricia Bullrich, que en las encuestas está mejor que Milei.

El problema es la consistencia política de este programa. La pregunta que empieza a afirmarse dentro del oficialismo es si este programa, aun siendo bueno, gana las elecciones. En democracia, un buen proyecto económico debe ganar las elecciones. Probablemente alrededor de Bullrich empieza a formularse esta pregunta y a aparecer la incógnita de si Milei, con el paso de los meses, será un candidato competitivo si esto no se corrige, o si el modelo, para reelegir, como dice la senadora, requiere de otro candidato.

Una encuesta de Casa Tres, de Mora Jozami, muestra que al 6% le gusta Milei, pero no Bullrich. Al 8% le gusta Bullrich, pero no Milei. Alguien podría decir: “Ojo, Patricia, porque la gente que está con vos y no con Milei es solo el 8%”. Esa idea se puede discutir. El 47% no quiere a ninguno y el 39% quiere a los dos. La gente dice que comparten el electorado. Esto no quiere decir que la exministra no tenga destino fuera del Presidente, ni que viceversa.

Algunos dicen que esto indica que Bullrich tiene que ser la vicepresidenta de Milei. Así opina, por ejemplo, Santiago “El Mago” Caputo, sobre todo por su cruzada contra los Menem, para que Martín Menem no sea el candidato a vice. Hay una pequeña fisura debajo del revoque que uno ve en el oficialismo que rodea a Javier Milei.

Hay otra consecuencia del estancamiento económico: el peronismo empieza a oler sangre, o poder. Ese es el mensaje de la última reunión que tuvieron los peronistas el jueves pasado, donde estuvieron todos, de todos los distritos, inclusive esta vez la Capital con Juan Manuel Olmos, y Kicillof con Máximo Kirchner.

Los que estuvieron dicen que había un clima de mucha concordia, flexibilidad y comprensión del otro. Es lo que pasa cuando hay algo en expansión y todo el mundo está pensando qué le toca de lo que viene. En ese contexto aparecen dos figuras, Massa y Kicillof, y la discusión sobre el método: a quién le convienen las PASO y a quién no.

Si a Massa no le convienen las PASO por su gran imagen negativa y logra que el peronismo acompañe en alguna medida al Gobierno para darlas de baja en el Congreso, Kicillof, desprovisto de un método que le permita competir por dentro del PJ, ¿no irá por afuera? ¿Qué flexibilidad tiene el gobernador bonaerense frente a esa encerrona que podría estar produciéndole Massa al aislarlo?

Diego Santilli está mirando esa interna porque necesita conseguir los votos para dar de baja las primarias. Ya tiene el apoyo de algunos gobernadores experonistas, o al menos peronistas muy identificados con Milei: Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Gustavo Sáenz, de Salta, y Raúl Jalil, de Catamarca. Los tres comparten un problema, además de ser solidarios con Milei: quieren reelegir y tienen alguna dificultad legal. Necesitan que la Corte los convalide.

Por eso el jefe de Gabinete incluye el tema de la Corte en el paquete de negociación con los gobernadores. Por eso se entusiasma Mariano Borinsky y vuelve a entusiasmarse, increíblemente, Ariel Lijo, pensando que van a ser los candidatos de Milei para que una mayoría de dos tercios en el Senado los convierta en jueces de la Corte.

En ese paquete se autoincluye Juan Bautista Mahiques como candidato a procurador general de la Nación, jefe de los fiscales. Técnicamente, tal vez el cargo con mayor poder que hay hoy en la Argentina. Mahiques tal vez fantasea con que lo van a recompensar por su último logro: haber conseguido el sobreseimiento de Javier Milei, Karina Milei y otros participantes de la operación $LIBRA.

Ese sobreseimiento se explica porque el fiscal Taiano lo pidió. En vez de acusar o investigar, prefirió decir: “Acá no ha pasado nada”. Pruebas que no se confrontaron, indagatorias que no se hicieron y un juez, Martínez de Giorgi, que convalidó cómodamente lo que le pidió el fiscal. A Ana María Juan, esposa de Martínez de Giorgi, gracias a Mahiques, la acaban de nombrar jueza federal en Hurlingham.

Queda la incógnita de Casación. Los jueces Yacobucci, Slokar y Ángela Ledesma tienen que resolver si aceptan que los querellantes participen de esta causa, con lo cual se revisaría todo.

Lo importante es que Mahiques espera, después del deber cumplido, que Milei lo apoye para ser procurador general de la Nación, junto con Lijo y Borinsky como jueces de la Corte. Santilli les dice a los gobernadores que apoyan esto con sus votos que esos jueces les pueden dar la reelección.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lnmas/la-argentina-ante-la-reeleccion-de-lula-nid27102026/

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