La chica de Colonia: la heroína detrás de un accidentado como deslumbrante concierto de Keith Jarrett que hizo historia
La chica de Colonia (Köln 75, Alemania/2025). Dirección y guion: Ido Fluk. Fotografía: Jens Harant. Edición: Anja Siemens. Elenco: Mala Emde, John Magaro, Michael Chernus, Shirin Lilly Eissa, E...
La chica de Colonia (Köln 75, Alemania/2025). Dirección y guion: Ido Fluk. Fotografía: Jens Harant. Edición: Anja Siemens. Elenco: Mala Emde, John Magaro, Michael Chernus, Shirin Lilly Eissa, Enno Trebs, Leo Meier. Duración: 112 minutos. Calificación: Supervisión parental sugerida (SP). Nuestra opinión: muy buena.
La chica de Colonia arranca con una oportuna analogía que revela el foco de la película: si la historia que cuenta hubiera estado centrada en el famoso fresco de la Capilla Sixtina, estaría puesto en el andamio, no en Miguel Ángel. Es que el telón de fondo de este film estrenado en la sección Berlinale Special Gala del Festival de Berlín de 2025, donde obtuvo los premios al mejor montaje y el de la crítica de la ACCEC, es el -con justicia- venerado concierto que Keith Jarrett ofreció en la Ópera de Colonia el 24 de enero de 1975, pero el protagonista no es el gran pianista estadounidense, sino Vera Brandes, la inexperta jovencita que lo organizó, resolviendo milagrosamente todos los contratiempos que marcaron una jornada inolvidable que por fortuna tuvo un final feliz.
The Köln Concert, registro editado por el prestigioso sello ECM de la actuación de Jarrett en esa ciudad del oeste de Alemania, es considerado hoy una obra maestra y se mantiene desde hace años como el disco de jazz solista más vendido de la historia (más de 4 millones de copias en todo el mundo).
4 stars
Aunque Jarrett, un artista célebre por su talento y su temperamento volátil, ha dicho alguna vez que quisiera destruir todas las copias del disco para que no se hable más de lo que él considera como apenas un mojón no del todo trascendente en su carrera, lo cierto es que el concierto de Colonia fue toda una proeza. El pianista llegó a Alemania viajando en coche desde Suiza, en el marco de una agotadora gira europea, con dolores de espalda muy intensos, poco descanso y una alimentación deficiente.
Esperaba tocar con un imponente Bösendorfer de cola, pero se encontró con un piano de esa misma casa vienesa mucho más pequeño, utilizado normalmente para ensayos, y con serios deterioros: algunas teclas no funcionaban bien, el registro grave era débil, los agudos sonaban metálicos y los pedales estaban defectuosos.
Primero amenazó con suspender el concierto, para el que estaban agotadas las entradas (1.400 espectadores), pero finalmente tocó, evitando ciertas zonas del teclado, desarrollando patrones repetitivos y rítmicos en el registro medio, utilizando ostinatos hipnóticos y figuras muy percutivas para compensar la falta de potencia del instrumento. Fue una improvisación deslumbrante que marcó a fuego la historia de la música popular contemporánea. Y lo pudo hacer porque Vera Brandes consiguió sobre la hora que dos especialistas arreglaran y afinaran -como pudieron, en un tiempo muy breve y un contexto lejano al ideal- ese piano baqueteado para que Jarrett se luciera. La chica de Colonia está centrada en esa experiencia estresante, que además fue el despegue de la trayectoria de Brandes, a la postre exitosa productora, promotora, directora de un sello discográfico y musicoterapeuta.
La película cuenta con mucha dinámica, sentido del humor y sensibilidad el bautismo de fuego de su protagonista, interpretada por la actriz alemana Mala Emde con gracia, convicción y una vitalidad que transforma en anecdótico el dato de su diferencia de edad con el personaje: ella tenía 30 años cuando rodó el film en el que Vera Brandes es una chica de 17. Como bien dijo su director, Ido Fluk, “sin Vera no existiría el concierto de Colonia, y el film cuenta su gran logro como una serie de eventos caóticos, al estilo de 24 Hour Party People”.
Es cierto que La chica de Colonia recuerda -por sus recursos, su simpática ligereza y su desprejuicio para dejar de lado la solemnidad del “rigor histórico” y apelar al encanto de las leyendas urbanas- a aquella gran película de Michael Winterbottom estrenada en Argentina como Manchester 1970-1990: la fiesta interminable que construyó una épica alucinada alrededor de la historia del sello Factory Records y la extraordinaria escena musical que creció bajo su ala.
Por lo demás, ni Jarrett, quien tiene hoy 81 años y atraviesa una situación de salud delicada, ni ECM colaboraron con el proyecto de Fluk, algo que no lo afectó en absoluto porque el pianista ocupa en esta ficción un deliberado segundo plano. Lo importante para el director era contar cómo Vera Brandes se enfrentó a una serie de contratiempos que parecían insalvables y a la guerra que montó contra ella su propia familia, fría y conservadora, salió a flote cuando parecía a punto de ahogarse en un mar de eventos desafortunados y tuvo osadía para recurrir -en otra analogía evidente- a la improvisación y la autoconfianza, dos herramientas claves para el mismísimo Keith Jarrett.