Leandro Lozano a Boca: el lateral derecho intocable de Nicolás Diez en Argentinos y aquel que Nacional no aprovechó
Mientras el Mundial 2026 sigue dando sus primeros pasos, el fútbol argentino retoma actividades y sus clubes movilizan el mercado de pases de cara a un Torneo Clausura que, justamente, iniciará d...
Mientras el Mundial 2026 sigue dando sus primeros pasos, el fútbol argentino retoma actividades y sus clubes movilizan el mercado de pases de cara a un Torneo Clausura que, justamente, iniciará días posteriores a la final mundialista. Entre todos, Boca vive una especie de revolución por el segundo ciclo de Rodolfo Arruabarrena, las salidas de Ander Herrera y Edinson Cavani (entre otros que no serán tenidos en cuenta) y los múltiples rumores sobre incorporaciones. Hay una que ya está concretada: el lateral derecho Leandro Lozano, proveniente de Argentinos.
Sobre el final del ciclo de Claudio Úbeda, conductor de las eliminaciones en los octavos de final del Apertura y, sobre todo, en la fase de grupo de la Copa Libertadores, ambas en la Bombonera, el ala derecha de su defensa la terminó ocupando Malcom Braida. Un jugador incorporado -cuando “Sifón” era el asistente de Miguel Ángel Russo- por la vivencia compartida en San Lorenzo y pensado más por la izquierda, pero al que no le cedieron el lugar imaginado. Sin embargo, ante el disconformismo causado por los rendimientos de Juan Barinaga y Marcelo Weigandt, terminó siendo útil, un parche de unos pocos partidos.
Llegó Arruabarrena y se ocupó de la situación (una de varias): Barinaga y Weigandt, prescindibles; Dylan Gorosito, el joven N°4 de la reserva que el hincha insiste por ver como titular, se meterá en el plantel profesional y disputará el puesto mano a mano con la incorporación ya elegida. Porque Boca perdió muchísimo, pero está barajando de nuevo para no perder todo: además del campeonato y la Copa Argentina, jugará la Sudamericana.
Leandro Nicolás Lozano Fernández se hizo la revisión médica esta mañana y será anunciado como nuevo jugador azul y oro. Tiene 27 años y arriba tras ser titular indiscutido durante su año y medio de estadía en el club de La Paternal. Hombre esencial para Nicolás Diez, pero con una oferta que al Bicho le sirve y al uruguayo, también: Boca adquiere el pase completo a cambio de US$3.500.000 y firma un vínculo por tres temporadas.
Charly, como lo apodaron siempre aunque desconoce el porqué, nació en Montevideo un 19 de diciembre de 1998. Desde los doce años se formó en Nacional, absorbiendo, entendiendo e imponiendo la filosofía de la institución año tras año, al punto de llegar a ser capitán del equipo que en 2018 se consagró campeón de la Copa Libertadores Sub 20.
Sin embargo, cuando todo parecía rumbearse para su aparición en primera, un cambio de gobierno en el club y las consecuentes decisiones en busca de un rumbo diferente embistieron contra su sueño de debutar y lo dejaron con el pase en sus manos en 2019. Apareció Boston River para recibirlo en esa condición y mostrarlo en la máxima categoría: jugó 73 partidos y sus grandes rendimientos acercaron a un insólito comprador para que continuara con su carrera.
El mismo club que gastó en su formación y luego decidió soltarlo sin recompensa económica alguna, tres años después regresaría para contar con sus servicios. El Bolso estaba de nuevo en su vida. Y lejos del rencor, la pasión pudo más, ya que es hincha confeso. También es cierto, según confiaron del otro lado del charco, que esa nueva inversión de Nacional por tenerlo fue apenas de 120 mil dólares a cambio del 50 por ciento de la ficha. Nada dramático. Aunque hay que tener presente el número para contar una historia posterior, tan increíble como la anterior.
Se convertiría en un pilar, el que podría haber sido mucho antes, con la casa sintiendo un orgullo mayor. El temperamento, su firmeza en la marca y la verticalidad que lo caracterizan hoy en día le permitieron ser parte esencial del equipo que se coronó Campeón Uruguayo 2021/2022. Aunque habría un triste capítulo que lo marcó, siendo decisivo a la hora de querer tomar otros aires, fuera de su tierra.
Muchos recordarán al instante lo ocurrido con solo leer el nombre de Juan Izquierdo. En el caso de Lozano, está presente permanentemente. Fue el primero en darse cuenta de la descontrolada movilidad de su por entonces compañero, reaccionando con una corrida a tiempo para detener la caída del cuerpo y evitar que impactara de lleno contra el césped del Morumbí cuando Nacional visitó a San Pablo por la Copa Libertadores 2024: Izquierdo fallecería cinco días después al empeorar de la crisis cardíaca que lo desplomó aquella noche.
“Lo que intenté fue que no se golpeara la cabeza, pero lamentablemente tampoco fue solución. Fue muy duro, estuve al lado. En el vestuario, antes del primer partido sin él, levanté la mirada y justo tenía la foto de él de frente. Fue muy chocante. No lo podía creer, me largué a llorar”, relató tiempo después. Pese a intereses de Turquía, el shock lo sostuvo en Uruguay. No quiso alejarse de su entorno por unos meses, hasta que la cabeza le pidió pisar un suelo no tan lejano.
Ahí apareció Argentinos. Y un detalle en el pase que en Uruguay no olvidan. En la vuelta a Nacional se incluyó una extraña cláusula de rescisión que beneficiaba más al defensor que al patrimonio institucional: un ofrecimiento de un millón de dólares brutos bastaría para dejarlo ir.
Ese número fue lo abonado desde La Paternal a inicio de 2025. Además de la ganancia reducida por los impuestos, el asterisco de que la mitad pertenecía a Boston River: entre lo que pagó por la mitad del pase y lo que percibió por la insólita cláusula, Nacional sacó un rédito de 230 mil de la moneda norteamericana... por uno formado en sus pasillos.
En Argentinos mantuvo su relevancia, nutrido por la impronta de Nico Diez. Lo exprimió y él fue incondicional: jugó 57 de los 64 encuentros del Bicho desde que llegó y sufrió apenas una lesión muscular. Faltó el título, varias veces cerca, una deuda que eleva su motivación al desembarcar en un club que, justamente, extraña ser campeón.
Diez sabía que contaba con Leandro Lozano los 90 minutos (y los 120, si la ocasión ameritaba). También lo sabe Arruabarrena, una de las virtudes por las que se interesó en él: ya lo tiene en el nuevo Boca que planifica.