León XIV, en España: “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”
MADRID.- En el discurso más esperado, que pronunció este lunes ante el Congreso en pleno, convirtiéndose en el primer Pontífice que lo hace en España, el papa León XIV mantuvo un tono de equi...
MADRID.- En el discurso más esperado, que pronunció este lunes ante el Congreso en pleno, convirtiéndose en el primer Pontífice que lo hace en España, el papa León XIV mantuvo un tono de equilibrio, pero también de firmeza. Dirigiéndose a las dos partes de un escenario político marcado por crispación, división y polarización —como sucede en todo Occidente—, en una presentación extensa y cargada de contenidos, recordó cuáles son las respuestas del Evangelio y las prioridades de la Iglesia católica.
Como había hecho ni bien llegó a España y hablándole a todos los sectores, volvió a insistir en la necesidad de la reconciliación, de dejar de lado la agresividad y de “desarmar el lenguaje”. “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”, sentenció ante un hemiciclo que se mostró inusualmente unido al aplaudirlo al final, de pie, durante siete minutos.
Para alegría del gobierno que preside el socialista Pedro Sánchez —envuelto en escándalos por manejos turbios de dinero, con quien se reunió en la nunciatura, donde fue abucheado al entrar y salir—, Robert Prevost nunca mencionó en su discurso de media hora la palabra “corrupción”. Aunque sí habló de la importancia de “renovación moral de la política”. Además, como había hecho en su primer discurso al llegar, el sábado pasado, volvió a recordar la importancia de la defensa de los migrantes, del diálogo y de la paz en un mundo en llamas, y su rechazo al rearme.
Para alegría de la oposición de derecha, en tanto, lanzó un mensaje contra el aborto y la eutanasia, recordó la importancia de la defensa de la vida humana y de la familia y volvió a advertir sobre la “cultura del descarte” denunciada por su predecesor, Francisco. “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”, se preguntó el Papa ante el Congreso en pleno. “La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”, añadió.
Sus palabras se dieron justo cuando el Congreso intenta aprobar una ley de eutanasia y se debate, a instancias del gobierno, incorporar a la Constitución el derecho de las mujeres a interrumpir de forma voluntaria el embarazo, como ya hizo Francia.
El Papa, que comenzó su largo discurso destacando la literatura “inmortal” y la inmensa herencia cultural y humanista de España —mencionó El Quijote de Cervantes, la hondura espiritual de santa Teresa de Ávila, la gran tradición jurídica española, la inquietud metafísica de Unamuno y Salamanca—, también recurrió a su primera encíclica, Magnifica Humanidad, para advertir sobre las urgencias de este tiempo, marcado por el avance de la inteligencia artificial.
“Muestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”, subrayó al referirse a las transformaciones actuales. “Este discernimiento comienza por una afirmación primera: toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”, afirmó.
Como ya hizo en otras ocasiones —y volverá a hacerlo en la última etapa de esta gira, en Canarias—, reafirmó que “el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional”.
“Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica”, advirtió.
“Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”, añadió.
El mensaje se produce en momentos en que el partido de ultraderecha Vox impulsa la llamada “prioridad nacional”, una propuesta que plantea dar preferencia a los ciudadanos españoles en el acceso a determinados servicios públicos.
El Papa estadounidense, elegido el 8 de mayo pasado y que levantó el perfil tras ser atacado por Donald Trump, insistió, además, en su mensaje de paz, mientras la guerra contra Irán superó los cien días y la de Ucrania cumplirá cinco años en febrero próximo, sin perspectivas de resolución.
“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”, dijo y siguió: “Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia".
Consideró, en este sentido, que “en el plano internacional la paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos”.
Los grandes ausentes fueron los exjefes de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que declinó porque está centrado en preparar su defensa tras ser acusado de tráfico de influencias, y Felipe González, que no hizo públicas las razones. Tampoco estuvieron los parlamentarios de Podemos y del Bloque Nacionalista Gallego.
En relación con los efectos de las guerras, también criticó el hecho de que “en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”. “La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”, aseguró.
En un mundo marcado por polarizaciones, consideró que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.
Señaló que “la paz no es solamente una realidad política o institucional”, sino que nace también en la conciencia, “allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación”. “Por eso, se instaura y se protege también a través del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”, remarcó.
Recordó, finalmente, la importancia de la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas. “La legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso”, dijo.
“La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública”, planteó, al recordar, en este contexto, que “el sigilo sacramental de la confesión reviste una importancia especial para la Iglesia católica”.
Aunque no dio más detalles, en Francia se debate actualmente, según advirtieron los obispos del país, un proyecto de ley destinado a prevenir y combatir la violencia en el entorno escolar que podría afectar el secreto de confesión.
Considerado histórico y equilibrado, y coronado con una ovación de siete minutos —que compararon a la que recibió el rey Felipe en su coronación— León XVI, muy suelto y evidentemente contento por una gira que movilizó como nunca a esta capital, cerró su histórico discurso con un pedido: “Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro” y “que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza”.