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Los Pumas pueden ver la derrota ante Sudáfrica como un paso adelante, pero ahora deben dar el siguiente

Los Pumas y una derrota con sensaciones postiviasAunque idénticas en el desenlace y la diferencia final, las últimas dos derrotas de los Pumas son bien distintas. De la caída 31-24 ante I...

Los Pumas y una derrota con sensaciones postivias

Aunque idénticas en el desenlace y la diferencia final, las últimas dos derrotas de los Pumas son bien distintas. De la caída 31-24 ante Inglaterra, su última presentación, a esta derrota 17-10 ante Sudáfrica, la selección argentina dio un paso grande en la dirección correcta. Con 18 ausencias, sin la gran mayoría de sus figuras y ante el bicampeón del mundo, se entregó al máximo y no estuvo lejos de inscribir uno de esos hitos a los que tiene acostumbrado a la hinchada albiceleste.

“¡Sí, se puede! ¡Sí, se puede!”, empezó a cantar la gente desde los cuatro costados de la cancha de Vélez. Unos 35.000 espectadores que se quedaron con las ganas de volver a presenciar otra hazaña histórica, como la vivida un año atrás ante los All Blacks, pero igualmente se volvieron a sus casas con bastante de lo que vinieron a buscar.

En el epílogo de un segundo tiempo en el que se la pasaron defendiendo (como en la mayoría del primero), Pablo Matera, que volvió a portar la cinta de capitán ante la ausencia de Julián Montoya y fue la gran figura de los argentinos, ejecutó un magistral 50-22 con su cuerda. Con el tiempo ya cumplido, los Pumas atacaron insistentemente, hasta que la pelota voló a la punta. El pase de Lucio Cinti no fue perfecto, la pelota se escurrió en las manos de Matías Moroni cuando lo cerraban dos defensores, y el partido expiró. No impidió que el equipo se fuera ovacionado por toda la cancha.

“Nos vaciamos, y lo que dijimos que íbamos a hacer, lo hicimos”, dijo Matera a modo de síntesis, conforme con la actuación. “No se dio el resultado, pero fuimos competitivos que es lo que buscamos”, agregó el entrenador Felipe Contepomi.

La garra Puma estuvo presente, pero nadie ignora que eso no alcanza para competir contra la selección que homogeneizó el rugby en los últimos seis años. Se requiere, también, mucho orden y una buena dosis de atrevimiento. Lo primero estuvo y fue el factor que explica la paridad que impregnó los 80 minutos. Si la Argentina tuvo chances hasta el final fue porque, al contrario de lo que habían mostrado en sus tres primeros partidos del año, hubo mucha coordinación en defensa, que acompañó la acostumbrada agresividad.

Sudáfrica también preservó a algunas figuras, pero gozó de un puñado de estrellas que regresaban de lesiones como Eben Etzebeth, Sacha Feinberg-Mngomezulu y Siya Kolisi. Los Pumas los neutralizaron muy bien. La diferencia que le permitió a los visitantes volverse con la victoria fueron el juego aéreo y las formaciones fijas.

Si bien las ejecuciones con el pie fueron en general fallidas, Sudáfrica recuperó constantemente las cargas, ya fuera en el aire o en el rebote. Ello le permitió asegurarse un dominio de posesión y territorial casi absoluto durante todo el partido. Los Pumas lo contrarrestaron con buen tackle y sin desesperarse, enlenteciendo también la salida del ruck. Una mejoría notable respecto de la ventana de julio, la base para construir cualquier sistema de juego.

Las formaciones fijas era el mayor desafío que se les presentaba a los Pumas. Es cierto que terminó siendo un factor decisivo. El try de la victoria, la única acción que movió el marcador en la segunda mitad, tras un primer tiempo igualado, llegó a través de un scrum en cinco metros. Pero los argentinos presentaron batalla en buena parte del encuentro y sólo con el correr de los minutos los visitantes fueron haciéndose más y más dominantes. La salida de Moreno y Lavanini se sintió. El pilar debutante estuvo firme en el fijo (le costó el ritmo del partido) y el segunda línea, que regresó tras dos años, tuvo una actuación como para volver a ser tenido en cuenta con más asiduidad, con un par de tackles furibundos y omnipresencia en los rucks. Sí fue muy efectiva la defensa del maul (otro avance notorio respecto de julio). En los últimos minutos también declinó el line-out, lo que costó caro en ese contexto de escasa posesión.

El atrevimiento era el segundo condimento que necesitaban los argentinos para balancear un partido a priori desigual. Los Pumas no le esquivaron a esta premisa, aunque faltó fineza en la ejecución para traducirlo en quiebres.

El abrazo del sol invernal, la expectación de las tribunas y la bravura del himno predispusieron un clima ideal, del que los jugadores se alimentaron. El comienzo fue furioso, sin excesos de energía. El primer scrum terminó, en señal de buen augurio, en un penal a favor. Del line-out subsiguiente llegó la conquista de Benjamín Grondona, tras un pase en el contacto de Wenger.

El orden defensivo se quebró en la última acción del primer tiempo. Isgró ganó en lo alto una carga de Agustín Moyano pero no alcanzó a asirse con la pelota, una constante de todo el partido. Sudáfrica atacó desde mitad de cancha y abrió la pelota para André Esterhuizen, que aguantó el tackle y con una pirueta sacó un magnífico offload, generando el inevitable try de Edwill van der Merwe para el 10-10.

Sólo siete penales concedieron los Pumas, cinco de ellos en la primera mitad. Elocuente también del orden general, incluso en secuencias de muchas fases, incluso en situaciones de extrema defensa. Tres veces Sudáfrica llegó a la línea del in-goal y se volvió con las manos vacías. No es una virtud menor ante este equipo. Wenger fue uno de los más incisivos cuando tomó contacto con la pelota.

Sin Rugby Championship, Contepomi eligió esta ventana (que se completa con dos Test Matches ante Australia, el 29 del actual en Jujuy y el 5 de septiembre en Mendoza) para darles descanso a los jugadores que actúan en Francia y tienen un calendario más desgastante, apuntando también al Mundial 2027. Como accesorio, se les abre la oportunidad a muchos jugadores de probar sus condiciones. Matera y Santiago Carreras, dos consagrados, fueron los mejores. Ignacio Ruiz, acostumbrado a entrar pocos minutos en lugar del capitán Montoya, fue uno de los que mejor tomó la oportunidad, con un gran despliegue y entrega. Sánchez Valarolo fue firme en defensa y Mendy incisivo en ataque. Grondona y Moro estuvieron en toda la cancha.

Una frase hecha reza que se aprende más de las derrotas que de las victorias. De la misma forma podría sentenciarse que algunas caídas dejan más provecho que otras. Ésta es de las que dejan buenas sensaciones y conclusiones positivas. De las que sirven para construir para el futuro. Ratificarlo ante Australia es el próximo escalón.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/rugby/los-pumas-pueden-ver-la-derrota-ante-sudafrica-como-un-paso-adelante-pero-ahora-deben-dar-el-nid08082026/

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