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“Mafalda inmersiva”: un viaje por el universo de Quino con realidad virtual, maquetas, aroma a sopa y preguntas incómodas

Mafalda inmersiva, la exposición que recrea el mundo de la niña más famosa de la historieta argentina, abre este jueves sus puertas al público en el Centro Cultural Recoleta. Una alfombra roja ...

Mafalda inmersiva, la exposición que recrea el mundo de la niña más famosa de la historieta argentina, abre este jueves sus puertas al público en el Centro Cultural Recoleta. Una alfombra roja recibe a los visitantes y, minutos antes de la inauguración, por unos segundos, personal de limpieza la barre y emprolija mientras la gente pasa por encima, ansiosa por ingresar. Una escena que bien podría haber salido de una viñeta de Quino.

La obra “extraordinaria” de un artista boliviano fue rescatada de un basurero

Tras la bienvenida, comienza un recorrido de una hora por la vida cotidiana, los juegos, las preguntas y las preocupaciones de los personajes creados por el artista mendocino, fallecido en 2020. Sobre una superficie de 1.300 metros cuadrados, el itinerario incluye 13 salas con proyecciones 360º, escenarios a tamaño real, sonido envolvente, video mapping, pantallas táctiles, esculturas y animaciones realizadas a partir de los dibujos y textos originales.

El circuito parte de una introducción audiovisual y una voz en off: “Hace muchos años, un señor llamado Joaquín , al que todos le decían Quino, tomó su lápiz y creó a una nena que se animó a cuestionar la realidad. Hoy Mafalda se sale del papel”.

A continuación, un conjunto de maquetas recrea la atmósfera del barrio donde despliegan sus acciones los personajes de Mafalda: la plaza, la farmacia, la escuela, las calles y edificios de la ciudad, mientras el trazo del dibujante se proyecta a través de animaciones sobre la escenografía: Felipe juega con su yo-yó, Libertad lee la prensa, señores de sombrero y maletín van y vienen del trabajo, en un muro se lee una pintada: ‘Basta de censu...’, dentro de su hogar Susanita abraza la almohada por la noche y Mafalda sueña, quizás, con otros mundos posibles.

De una megamuestra inmersiva a una serie de animación y el rescate de sus tiras: el universo Mafalda se expande sin fronteras

Desde esta sala donde la obra del artista se descubre a través de ventanas diminutas, bancos de plaza y escenas en espacios públicos, la escala se amplía progresivamente a través de un pasillo hasta alcanzar un tamaño real en la siguiente estancia, donde se abre paso la casa de Mafalda. Allí, el padre sostiene una regadera y la madre, un escobillón en la cocina, donde la experiencia también se vuelve olfativa al sentirse el aroma a sopa. “Mamá, ¿puedo decirte que es un brebaje espantoso? ¿O te molesta la crítica constructiva?”, se lee en una de las pantallas donde las tiras cobran vida a puro color mediante animación. Los asistentes se ríen: es el humor gráfico de Quino.

Unos pasos más adelante, la protagonista, en piyama, lanza sus preguntas al universo desde la ventana de su habitación donde no faltan el globo terráqueo, el ajedrez, un disco de los Beatles y otros íconos de sus historias. “¡Es la nave espacial que habían hecho con Felipe y que querían que se elevara al presionar el chorro de soda del sifón!”, expresa una visitante durante el recorrido al observar aquel invento de cartón con el que Mafalda aspiraba a llegar al espacio. Es justamente el universo el protagonista de la siguiente parada, donde el “volver a ser niño”, apunta una de las guías, es posible mediante una invitación al juego con pelotas que aluden a cascos de astronautas.

En una siguiente estancia, el tiempo se detiene para la lectura a través de tótems con viñetas animadas, también accesibles en sistema braille. “No vaya a ser que, al buscar salidas, nos quedemos sin entradas”, expresa la niña de moño rojo en una de las pantallas. “Qué opinan en tu casa de cómo andan las cosas”, suma Libertad en otra, mientras Mafalda cuelga en la siguiente sobre cartel al globo terráqueo que reza: ‘Cuidado, irresponsables trabajando’.

Más adelante, en “la plaza”, Felipe sueña con ser el llanero solitario mientras hace la tarea, Mafalda pasea a su tortuga Burocracia junto a un Citroën CV que pierde aceite y en la farmacia, junto a un puesto de diarios donde los titulares anuncian una “escasez mundial de sopa”, no funciona la balanza y se vende Nervo-calm.

El recorrido llega al almacén de Manolito, donde hay de todo menos descuentos: se vende caro el membrillo psicodélico, se leen sus anotaciones (“el colegio es bueno, la seño me retó”) y hay latas de galletitas, embutidos y queso con moscas, caramelos a granel, caja registradora y radio de época como sonido de fondo.

En una sala inmersiva, las proyecciones de las tiras acompañadas de sonidos muestran a Mafalda refiriéndose al “palito de aboyar ideologías” de un policía o disfrutando de unas vacaciones en la playa mientras juega a sentirse “una chica sexy” o señala con el dedo a una ola a la que llama “reaccionaria”.

Olor a caramelo y pantallas táctiles, peluches, espejos y flores rodean a una Susanita que empuja un cochecito de bebé en otra de las paradas, donde el sueño de la maternidad se abre paso entre corazones. Finalmente, un video de cierre y la mano del dibujante sobre el papel: “El mundo se construye mirando lo grande, pero cambiando lo pequeño”.

Al concluir, un pequeño “museo” dedicado al artista, con una línea de tiempo y los hechos históricos cuyo análisis moldearon una posición política a través del dibujo, además de algunas reliquias resguardadas en vitrinas: las planchas de hierro que se utilizaban para imprimir en las artes gráficas, la paleta de colores y los papeles tipo secante que el mendocino utilizaba para evitar las “¡manchitas indeseadas de tinta!”.

Guillermo, el Guille de la vida real

Guillermo Juan Lavado, sobrino de Quino y en quien el artista se inspiró para crear el personaje de Guille, el hermano menor de Mafalda, recorrió ayer la muestra inmersiva en Recoleta. Además, participó del proyecto, que contó con dirección y producción general de Damián Kirzner, y que recupera la capacidad de Quino para convertir lo cotidiano en una pregunta.

Aunque las historietas fueron creadas hace décadas (se cumplen 62 años de su primera publicación), los temas que aborda continúan vigentes, remarca su sobrino, quien recuerda que Quino observaba el mundo con profunda atención. “Era muy dedicado a su trabajo”, señala en diálogo con LA NACIÓN.

-Como familiar de Quino y custodio de su legado, ¿qué sintió al ver materializado en esta muestra ese universo que durante décadas vivió en las páginas de los libros?

-Lo recibimos con muchísima emoción y agradecimiento por todo el trabajo que realizó el equipo y con Damián imprimiéndole un sello de profesionalismo y de mucho cariño en el tratamiento de la obra. Creo que Quino estaría muy orgulloso y agradecido, como lo estamos nosotros. La premisa siempre ha sido establecer puentes de conexión con las nuevas generaciones y reencontrarse en este nuevo formato con los amantes de la obra tanto de Mafalda como de todo el humor de Quino.

-Usted fue la inspiración de Guille, el hermano menor de Mafalda. ¿Qué recuerdos conserva de su tío? ¿Hay alguna anécdota familiar que permita descubrir cómo nació ese personaje?

-Siendo niño, tanto con él como con la tía Alicia tuvimos una comunicación muy profunda y en la adolescencia nos comunicamos muchísimo más fluidamente. Ellos dos fueron muy importantes en mi formación como amante del cine. En relación a la creación del personaje, siempre me sentí muy querido y honrado. Al igual que en todos los otros personajes, hay en él muchísimo de su carácter. De alguna manera hubo siempre un punto de mucha simpatía y conexión entre él y yo, porque ambos somos el último de tres hermanos que nos dedicamos, salvando las distancias, a una profesión artística.

-Mafalda sigue conquistando a las nuevas generaciones, y cuenta con más de 20 millones de libros vendidos y traducciones a más de 20 idiomas. ¿Cuál cree que es el secreto de esa vigencia y de la capacidad de sus personajes para interpelar a lectores de distintas edades y culturas?

-Creo que el secreto radica en que la crítica que emerge de sus reflexiones surgen desde un punto de vista donde el propio autor se hace cargo también de esas virtudes y defectos de todo ser humano. Es algo muy notable, porque uno muchas veces se siente identificado tanto con el pensamiento crítico, como con lo que se está criticando, porque todos tenemos, como seres humanos, virtudes y debilidades. Todos podemos ser Mafaldas y Susanitas. Quino siempre tuvo una visión muy lúcida sobre la filosofía de su propio trabajo en relación a tratar las temáticas que fueran más allá de la contingencia. Y es ello lo que lo ha transformado en un clásico que perdura en el tiempo con la misma frescura y actualidad.

-¿Qué aspectos de la mirada de Quino sobre la sociedad considera que hoy cobran un significado especial?

-Todos los temas que trató en algún momento, con pequeñas variaciones geográficas, siguen estando muy vigentes. Los abusos de poder, el fantasma de las guerras, el machismo y el intento de dominación de la mujer, la injusta distribución del bienestar de las personas en el mundo, el racismo y todos los “ismos” qué lamentablemente no pasan de moda.

-¿Hay alguna faceta menos explorada de Quino, algún hábito, pensamiento o rasgo que todavía no se ha contado sobre su tío?

-No especialmente. Él tenía una vida completamente dedicada a su trabajo, y para los que estuvimos cercanos a él y para muchos que han conocido más en profundidad su filosofía de trabajo, ha sido siempre un ejemplo. Nadie logra, solo con ideas, la profundidad que alcanzó él con su obra, sino con una constancia y una permanencia en la confianza de que el trabajo va de la mano de la maduración y de la profundidad en el pensamiento.

Para agendar

Centro Cultural Recoleta (Junín 1930).

De Martes a viernes de 12 a 20; sábados, domingos y feriados de 11 a 20.

Más información y entradas en este enlace.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/mafalda-inmersiva-un-viaje-por-el-universo-de-quino-con-realidad-virtual-maquetas-aroma-a-sopa-y-nid01102026/

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