Martín Rappallini: “Si hay dumping de China, tenemos que utilizar los instrumentos y actuar”
“Estamos planteando un pacto fiscal industrial federal para reducir la presión tributaria y alinear nuestros costos con los de los países con los que competimos: Brasil, Paraguay, México”, r...
“Estamos planteando un pacto fiscal industrial federal para reducir la presión tributaria y alinear nuestros costos con los de los países con los que competimos: Brasil, Paraguay, México”, reclama Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), como una de las salidas para enfrentar la caída en la actividad que viene sufriendo el sector desde que asumió el actual Gobierno.
Al poner el foco nuevamente en el costo argentino, el directivo insiste en que “la estabilización es fundamental, pero no alcanza por sí sola para garantizar la recuperación” y se planta frente al avance importador y la competencia omnipresente de China: “Muchos países están tomando medidas frente a una competencia que, en determinados sectores, consideran desleal. Si hay dumping, existen instrumentos para actuar y tenemos que utilizarlos”, subraya en una entrevista con LA NACION previo a la 32° Conferencia Industrial que tendrá lugar el próximo martes 3 de noviembre en el Golden Center de Costanera Norte.
—¿Con qué foto llega la industria a su conferencia industrial?
—Estamos en el medio de una transición en la que el sector industrial es uno de los que está recibiendo el mayor impacto, tanto por la caída de la actividad como por el esfuerzo de adaptarse a los nuevos precios de la economía. La realidad es muy heterogénea, pero hay una gran cantidad de sectores que todavía no logran recuperarse y registran caídas de entre 15% y 20% respecto de 2022. La industria en general está alrededor de un 12% por debajo de 2022. Además, en los últimos meses volvimos a registrar caídas interanuales y, desde julio, la actividad se mantiene en una meseta.
—¿Qué sectores están mejor y cuáles siguen más comprometidos?
—Entre los que más crecieron están la refinación de petróleo y la minería. También hay sectores que recuperaron los niveles de 2022, como el farmacéutico y algunas ramas de la alimentación, donde la demanda es más inelástica. En cambio, el textil, el calzado, la metalmecánica, el autopartismo y los materiales de construcción muestran caídas importantes.
—¿La explicación de esa caída responde principalmente a la apertura importadora, o hay otros factores?
—Hay dos efectos. Por un lado, la actividad económica de muchos sectores todavía no recuperó los niveles de 2022. Por otro, está el esfuerzo de adaptarse a una economía con otros precios y a una mayor competencia internacional. Es un doble impacto. Estamos atravesando una transición en la que desaparecieron algunos motores que antes impulsaban la economía, como el mayor gasto público y la emisión monetaria. Ahora tienen que tomar ese lugar el crédito, la inversión y las exportaciones. Las exportaciones crecieron, pero todavía falta crédito e inversión en la magnitud necesaria para reactivar la economía. La estabilización es fundamental, pero no alcanza por sí sola para garantizar la recuperación. La inflación mejoró mucho, aunque seguimos con niveles anuales del 25% al 30%, todavía lejos de los registros internacionales de un dígito. Necesitamos que la estabilidad se traduzca en inversión, crédito y crecimiento. Por eso hablamos de construir un puente hacia una economía competitiva: acompañar a los sectores que están siendo más afectados mientras avanzamos hacia una normalización de la economía.
—¿Ese puente se empezó a construir –por ejemplo, con la reforma laboral-, o sigue en etapa de diseño?
—Para la UIA, el puente significa reconocer que bajar la inflación y ordenar la economía es necesario, pero que también tenemos que mirar la actividad y el empleo. Hay sectores que están atravesando un proceso de adaptación muy difícil. Para ayudarlos a competir necesitamos trabajar sobre el sistema crediticio, reducir impuestos, mejorar la infraestructura, garantizar energía a costos razonables y controlar la competencia desleal. También necesitamos una agenda laboral que contribuya a la productividad y a la formalización del empleo. Estamos planteando un pacto fiscal industrial federal, que involucra a todos los niveles del Estado para reducir la presión tributaria y alinear nuestros costos con los de los países con los que competimos. Con Paraguay, Brasil, México, que son nuestros competidores naturales.
—¿Qué incluiría ese pacto fiscal? ¿Bajar Ingresos Brutos en primer lugar?
—Hay varios impuestos. Por un lado, la posibilidad de computar aportes patronales a cuenta del IVA, también el impuesto al cheque. Bajar la alícuota del impuesto a las Ganancias del 35% al 25%, implementar un sistema de amortización acelerada de inversiones y trabajar sobre Ingresos Brutos. También queremos ponerles un límite a las tasas municipales. El objetivo es bajar la carga impositiva, reducir los costos laborales no salariales e incentivar la formalización. La idea es que, durante los primeros dos años, las medidas estén focalizadas en las pymes industriales de sectores transables, que son las más expuestas a la competencia internacional. Después podrían extenderse a otras empresas que también compiten con el mundo. El costo fiscal se distribuiría a lo largo de cuatro o cinco años.
—¿Qué recepción tuvieron del Gobierno sobre este pedido?
—Estamos conversando y trabajando en los ajustes, tanto sobre el universo de empresas que quedarían alcanzadas como sobre la forma de implementación. Estamos convencidos de que una política industrial sostenible consiste en darles competitividad a las empresas. La meta es que puedan fabricar productos de calidad internacional a precios internacionales. Para eso hace falta una agenda integral: impuestos, crédito, energía, infraestructura, legislación laboral y competencia leal. En ese camino estamos trabajando con el Gobierno.
—¿La expectativa es que esto salga en los próximos meses, antes de llegar a las elecciones?
—Estamos en conversación. Es fundamental, porque estamos viendo que los sectores transables están impactados fuertemente por la competencia. Creemos que es fundamental darles igualdad de condiciones para que puedan competir.
—¿Qué diferencia hay hoy con Brasil y Paraguay en cuanto a presión impositiva para la industria?
—Paraguay tiene una presión fiscal que está aproximadamente en la mitad de la nuestra. Y, frente a Brasil y México, estamos alrededor de un 30% más caros por la presión tributaria. Tenemos que trabajar para que nuestras empresas puedan competir en condiciones similares. No estamos planteando sostener una industria artificialmente, sino eliminar las distorsiones que hoy les impiden competir. En esa dirección estamos trabajando con el Gobierno. El año pasado se logró eliminar los derechos de exportación a los productos industriales. Con Rusia, la Argentina era el único país que cobraba un impuesto a las exportaciones industriales. En el mundo nadie exporta impuestos.
—¿Con una baja de impuestos, todos los sectores pueden competir con China o hay algunos que ni de esa manera?
—Con China estamos ante un problema global. Hoy muchos países están tomando medidas frente a una competencia que, en determinados sectores, consideran desleal. Si hay dumping, existen instrumentos para actuar y tenemos que utilizarlos. China pasó de representar alrededor del 5% del mercado mundial en el año 2000 a concentrar entre el 50% y el 55% de la producción global en sectores como aluminio, acero y plásticos. Además, tiene capacidad instalada para producir el 100%. No creo que sea beneficioso que China termine fabricando todos los bienes industriales del mundo. Eso no sería libre comercio: va a terminar siendo un monopolio industrial global. Aparte, va a destruir valor agregado. La industria no genera solamente empleo: también genera tecnología, conocimiento, investigación y capacidad científica. Si perdemos esa capacidad, trasladamos toda esa creación de valor a otros países.
—¿Hay herramientas antidumping que no se están usando?
—Entiendo que hay que ir a un mundo más competitivo y por lo menos igualar con la región. Pero tampoco podemos validar lo que está haciendo China. Creo que hay que tomar medidas de otro tenor, como están haciendo otros países. Existen instrumentos que se pueden aplicar. Hay productos que China vende a un precio en su mercado interno y a la mitad o un 30% menos para exportar. También estamos viendo lealtad comercial, denominaciones que no cumplen. No solo dumping, sino trabajar con lealtad comercial para que se cumplan las normas y los productos cumplan con las características que describen comercialmente.
—¿Cuáles son los sectores más afectados?
—Hoy China está en todos los sectores. Hasta es el primer productor de peras. Hay sectores como nueva tecnología, paneles solares, donde tiene casi el 95%. Por eso la reacción de Estados Unidos. Creo que también hubo una subestimación en el mundo de lo que son los procesos industriales. Se pensó que eran los que menos valor generaban, y que donde se ganaba más dinero era en el diseño y la venta. Pero donde se genera valor es en el proceso, en la industria. Todas esas empresas chinas que aprendieron a fabricar, ahora siguen evolucionando y son más competitivas que las de Occidente. Si los países pierden la capacidad de transformar, pierden su capacidad de generar riqueza. Ese es el concepto que queremos plantear en nuestra conferencia. Por eso el título es Talento argentino, porque queremos mostrar que la Argentina tiene una capacidad estructural de transformación importante. Científicos, empresarios, tejido empresarial que hay que acompañar para que se pueda adaptar a este nuevo escenario.
—La repuesta usual frente al pedido de protección es que los consumidores siempre salieron perjudicados porque pagaron precios más altos por los productos.
—Estoy diciendo que la única manera de tener una industria sustentable en el tiempo es tener una industria competitiva. Lo que sí tengo que decir también es que la sociedad debe ver que todas las distorsiones terminan en los precios. Cuando tenés inflación, crédito más costoso, regímenes laborales antiguos que bloquean plantas, problemas de juicios laborales, todo eso termina en los precios. Los altos impuestos terminan en los precios, lo mismo que la falta de infraestructura. Muchas veces no vemos las cosas sistémicamente en la Argentina. Vemos los precios, nos enojamos, pero no vemos de dónde vienen. Esto es lo que la UIA está planteando, trabajar para bajar el costo argentino, que es lo que nos saca del juego. Si al empresario argentino le damos las condiciones que tiene cualquier empresario del mundo, vamos a estar a la altura. No tengo dudas.
—¿Cómo ve el nivel del crédito y la discusión sobre si faltan pesos para empujar la actividad?
—Resolver el crédito en la Argentina es uno de los desafíos más importantes que tenemos hacia adelante. Es fundamental para que haya desarrollo económico para la producción y para el consumo. Estamos en un proceso de transición en el cual la reconstitución del crédito va a ser fundamental. No vamos a consumir porque haya más gasto público, sino porque haya más crédito.