Migró a Varsovia, se enamoró y abrió con su novia polaca un bodegón argentino que no tardó en volverse un éxito
Ewelina Bednarz es polaca, oriunda de Zawercie; Lucas Arce es argentino, oriundo de Lanús. Los dos se conocieron en Polonia. Ella era su profesora de idiomas para extranjeros; él, su primer alumn...
Ewelina Bednarz es polaca, oriunda de Zawercie; Lucas Arce es argentino, oriundo de Lanús. Los dos se conocieron en Polonia. Ella era su profesora de idiomas para extranjeros; él, su primer alumno. Su historia de amor empezó dentro del aula. Hoy, la pareja polaco-argentina tiene Baires, un bodegón argentino que abrió hace poco más de un mes su nuevo local y ya es un éxito. “Ya tenemos los fines de semana llenos, con reservas. La respuesta es muy buena”, contó su dueño.
Lucas emigró a Polonia en 2014, pero conoció a Ewelina recién en febrero de 2020, después de que ella se mudara a Varsovia desde su pequeña ciudad natal. Lucas se sentía inseguro con el idioma polaco y, si bien lo hablaba bien, decidió empezar a tomar clases.
“Me faltaba confianza para hablar más. Si bien había dado algunos exámenes, no tenía la facilidad para expresarme porque es un idioma súper difícil, de los más complicados que hay. Y es un idioma que, si no practicás, no avanzás”, contó Arce a LA NACION.
Ambos recuerdan el día que se conocieron. Después de la primera clase de polaco, Lucas le dijo: “¿Querés tomar algo?”. Ewelina le preguntó qué estaba tomando y él respondió “Un espresso”, y le preparó uno. “Ella después me contó que esa noche no pudo dormir. Dice que no sabe si fue por el café o porque estaba enamorada”, explicó el argentino, de 37 años.
Después de algunos meses, se pusieron de novios. Lucas empezó a mostrarle a Ewelina una de sus grandes pasiones: la cocina. “Siempre le había comentado que tenía ganas de hacer algún tipo de catering, de vender u ofrecer comida argentina. Me gustaba la idea, pero no me animaba, no me sentía seguro. Por eso quería que ella probara mi comida. Cuando empezó a probar mis recetas, me dijo: ‘Tenés que intentar, la comida es muy rica’”, recordó Arce.
Ese empujón fue determinante para Lucas, quien empezó a publicar en grupos de Facebook de argentinos en Polonia sus empanadas caseras, alfajores y medialunas. Durante los fines de semana entregaba todos los pedidos que iba recolectando.
Varios meses después, Ewelina y él conocieron a una pareja argentina que tenía un campo de polo, Warsaw Polo Club, a las afueras de Varsovia. “Ellos importan caballos de la Argentina y trabajan con inseminación artificial, es un negocio de muchísimo dinero. Ahí empezamos a hacer eventos en 2021 y el año siguiente, en 2022, también estuvimos ahí. Hacíamos parrilla para 50 o 100 personas”, recordó Lucas.
En el campo de polo nació Baires, el proyecto que algunos años tomaría forma de restaurante.
Con más experiencia y confianza, decidieron dar un paso más y apostar a eventos más grandes. Ahí fue cuando los contactaron desde el mercado Targ Sniadaniowy, un evento al aire libre que se hacía todos los fines de semana. “Había comida de todo el mundo y podías tener tu puesto. Entonces pusimos el primer puesto de comida argentina ahí y fue una sorpresa increíble. La recepción de la gente fue impresionante. Empezamos a vender de una manera para la que no estábamos preparados. Por ejemplo, comprábamos 10 kilos de carne para el primer día. El evento terminaba a las cinco de la tarde, pero ya al mediodía nos habíamos quedado sin comida”, contó Lucas.
Y sumó: “Al fin de semana siguiente, compré 15 kilos y me quedé sin comida otra vez; después 20 kilos, lo mismo. Tuve que empezar a contratar más gente. La primera temporada fue como romper todas las reglas: uno espera recuperar la inversión al final, acomodarse de a poco, pero lo nuestro fue un crecimiento exponencial”.
Cuando terminó el mercado, que finalizaba a fines del verano, y como les había ido tan bien, decidieron continuar la aventura. Conocieron al dueño de un restaurante argentino, Buenos, que se especializaba en la venta de pizzas porteñas y empanadas, y comenzaron a trabajar ahí.
El dueño del restaurante ya tenía otros dos restaurantes, por lo que Buenos era mucha carga; no le estaba yendo muy bien y necesitaba invertir tiempo para ocuparse de los otros dos, entonces decidió alquilarlo a la pareja polaco-argentina, que tomó el mando del negocio en septiembre de 2023, rebautizándolo Baires.
“La verdad es que nos tiramos a la pileta. Fue una decisión muy nuestra, de los dos: apostar juntos y abrir un restaurante. Lo hicimos sin experiencia, porque más allá de cocinar, toda la gestión y el manejo de un restaurante son bastante complejos. Pero Ewelina siempre tuvo confianza en mí, en lo que es gastronomía, confiaba en mi talento”, explicó Lucas.
Ewelina añadió: “Siempre pensamos en tener algo propio, una ‘pequeña Argentina’. Cada vez que alguien probaba la comida de Lucas decía lo mismo: ‘¡Qué rico! Tenés que hacer este negocio’”.
Las primeras semanas les costó porque no había clientes. Pero después de dos fines de semana, el local empezó a llenarse. “Nuestros primeros clientes eran de Chile, y ellos empezaron a traer más gente. Se empezó a correr la voz de que había abierto un restaurante argentino con buena carne”, recordó Lucas.
La respuesta del público terminó de confirmar que el proyecto tenía potencial, incluso en un contexto poco habitual para ese tipo de propuesta. “Nos sorprendió la respuesta de la gente, sobre todo de los polacos. Acá no se come mucha carne de res, se consume más cerdo, entonces teníamos dudas. Pero empezaron a venir muchos turistas argentinos y latinos, y después también polacos que tienen conexión con América Latina, que hablan español o les interesa la cultura”, afirmó Lucas.
Después de un año en ese lugar, en septiembre de 2024 el proyecto tuvo que frenarse. La relación con los dueños del local que alquilaban no era buena y decidieron irse.
“Nos fuimos básicamente porque nosotros les hacíamos los desayunos al hotel (el restaurante estaba dentro de un hotel); ellos prácticamente no tenían gente y nosotros estábamos a full, siempre llenos. Con la excusa de que a ellos les iba mal querían pagarnos muy poco por los desayunos. Llegó un punto en que nos pagaban con dos meses de retraso. Después empezaron a hacernos problemas por todo, así que por nuestra salud decidimos irnos”, sostuvo Lucas.
Sin dudarlo, la pareja empezó a buscar dónde podrían crear nuevamente “Baires”. La búsqueda de un nuevo espacio no fue sencilla. Finalmente se instalaron a pocas cuadras del estadio de Varsovia. Firmaron contrato en diciembre de 2024, pero los obstáculos no tardaron en aparecer. “El inquilino anterior no nos liberaba el medidor de luz, tuvimos que esperar meses, hacer obra nueva, hubo inconvenientes con el gas… se nos complicó todo”, contó el chef argentino.
La obra se extendió durante un año y dos meses, y recién entonces pudieron abrir, en marzo de 2026. “Hubo momentos difíciles con el negocio, con la renovación, pero la buena onda de los clientes, que nos pedían que volviéramos, nos empujó a seguir. Costó, pero después de tanto trabajo pudimos abrir de nuevo. Pasó un mes y ya tenemos los fines de semana llenos, con reservas. La respuesta es muy buena”, afirmó Lucas.
Desde entonces, el proyecto se consolidó como un trabajo en equipo donde cada uno cumple un rol clave. Se complementan: Lucas desde la cocina y Ewelina desde la comunicación. “Ella es súper buena hablando. Tiene una facilidad que nunca vi en otra persona para transmitir lo que es la Argentina y mi cocina. No lo digo porque sea mi mujer, realmente lo hace increíble”, sostuvo Arce.
La propuesta se apoya en una idea clara: autenticidad. Todo es casero y fiel a las raíces. “La carne la traigo de la Argentina, las recetas son de mi familia: los flanes, las empanadas… todo es bien casero, estilo bodegón”, explicó Lucas.
Muchos de los clientes ya tienen sus platos preferidos “Lo que más se pide es la parrillada: ojo de bife, entraña, asado, chorizo casero, con chimichurri y criolla. Es para tres, pero a veces la piden dos”, dijo el argentino.
Además, cuentan con una decoración bien argentina, que resulta atractiva a los clientes. “La decoración quedó increíble. Invertimos mucho en ventilación, en la parrilla, en la extracción. La gente puede comer y no salir con olor a humo. Por otra parte, tenemos figuras de Maradona y Messi, que son el punto de fotos del lugar. Todo el mundo se saca fotos ahí”, explicó Lucas.
“Se ponen a llorar”Para muchos argentinos que llegan al restaurante, la experiencia tiene algo más que gastronómico: es emocional. El reencuentro con los sabores de su país suele despertar recuerdos y, en más de un caso, lágrimas. “El argentino que viene acá prácticamente se pone a llorar, porque es como un santuario", explicó Lucas.
Y Ewelina añadió: “Hace dos semanas vino una chica argentina y comió helado de dulce de leche que hizo Lucas. Mientras comía, empezó a hablar de su mamá y, bueno, terminó llorando. Cada tanto pasa: hay gente que está medio nostálgica, que extraña la Argentina, y cuando prueba los postres o la comida, se siente como en casa”.
La escena se repite con frecuencia y también se traslada a momentos de celebración. “Hay varios clientes que vuelven a sentirse en casa, pero desde la alegría. Incluso quieren festejar el cumpleaños acá, porque Lucas hace chocotorta. Buscan celebrar esos momentos en este lugar, con este estilo”, sumó ella.
El valor de esa experiencia se refleja incluso en el esfuerzo que algunos están dispuestos a hacer para vivirla. “Hay gente que ahorra literalmente para venir. Es el día que cobran, vienen a comer y después saben que van a ajustar gastos por dos o tres semanas. Pero ese gusto se lo quieren dar”, contó Lucas.
El restaurante, además, se beneficia de estar muy cerca del Estadio Nacional de Polonia, lo que suma un flujo constante de nuevos clientes, especialmente en días de partido. “Cuando hay partidos se junta mucha gente. Ven el ambiente futbolero del restaurante y entran. A veces llegan sin entender mucho el menú o con cierta desconfianza, pero se van sorprendidos. Sobre todo con la carne: muchos no están acostumbrados a comerla así, a la parrilla, solo con sal, y no pueden creerlo”, sostuvo Arce.
Con la mirada puesta en el futuro, ya proyectan aprovechar el clima futbolero del Mundial 2026. “Quizás los partidos más tranquilos no los transmitamos, pero en instancias más avanzadas, como los octavos o cuartos, vamos a tener que organizar eventos, aunque sean a las dos de la mañana, porque la gente lo pide. Sería un lujo poder ver una final del mundo acá y, quién sabe, volver a ganar”, concluyó Lucas.