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Murió Wilfredo Gómez, una máquina de pelea perfecta en los mejores años del boxeo

La muerte del puertorriqueño Wilfredo Gómez, tricampeón mundial de boxeo, a los 69 años, constituye un suceso de connotación absoluta en el pugilismo universal.Su deceso acaecido en la ...

La muerte del puertorriqueño Wilfredo Gómez, tricampeón mundial de boxeo, a los 69 años, constituye un suceso de connotación absoluta en el pugilismo universal.

Su deceso acaecido en la noche del sábado en San Juan de Puerto Rico impactó en este ámbito en modo profundo y sensible. No sólo por la partida de quién -para la mayoría de los expertos- fue el boxeador boricua más importante de todos los tiempos sino también porque Wilfredo se convirtió en uno de los diez boxeadores latinos más trascendentes en la historia boxística. Cercano al panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, el santafecino Carlos Monzón, el mexicano Julio Cesar Chávez, el nicaragüense Alexis Arguello, el cubano Kid Gavilán y su compatriota Wilfredo Benítez, entre los más distinguidos talentos de habla hispana.

El progresivo deterioro de su salud, en la última década, fue decisivo para el epílogo de su vida. Puerto Rico está inmerso en un luto popular ante el deceso de su ídolo.

Su relación con la Argentina

Gómez, de ascendencia judía –su apellido original culmina con “s”, participó en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, célebre por el macabro atentado a los atletas de Israel, relacionándose en modo amistoso con la delegación argentina y luego, en 1974, se consagró primer campeón mundial amateur en La Habana, Cuba, cuando todos aguardábamos su frustrada pelea final con el cordobés Hugo Aguilera, que finalmente no se llevó a cabo. Desde entonces su nombre penetró en el periodismo especializado de nuestro país.

Su carrera de 44 victorias (42 KO), 3 reveses -todos antes del límite- y un empate, fue diagramada con mucha precisión por su promotor favorito: Don King.

Su primera corona ganada fue en Supergallo (CMB) -55.338 kg- entre 1977 y 1982. Y allí consiguió lo mejor: su estilo, creativo, vistoso, ofensivo y con pegada de KO lo llevó a convertirse en un atleta invencible en esta categoría. Paradójicamente, en los mismos años (1980-1982), el chaqueño Sergio Víctor Palma ostentó el cetro de la AMB. En su momento, King llamó a Tito Lectoure, para efectuar una pelea unificatoria entre ellos, pero el promotor del Luna Park desechó la idea considerándola -excesivamente- riesgosa para su representado. Palma nunca pudo “digerir” la decisión de Lectoure.

Wilfredo ante los mejicanos

Los choques de Gómez ante campeones aztecas determinaron una brecha y el nacimiento de clásicos del ring ríspidos y pasionales entre esos países. En 1978, Wilfredo vapuleó al mexicano Carlos Zárate, quien poseía la corona de los gallos y una reputación impresionante por doquier. A partir de ese instante: Gómez, se convirtió en el gran villano del pugilismo de tierras mariachis, pero encontró a un verdadero verdugo en su camino: el inolvidable Salvador Sánchez, quien lo castigó a su antojo al cabo de ocho rounds en 1981, en Las Vegas. Wilfredo subió de división, pero no tuvo respuesta en peso Pluma.

Se sacó la “espina” volviendo a los Supergallos y frustrando a otro mexicano, Lupe Pintor, y entonces sí: volvió a intentar el logro del cinturón de los Plumas (57.125 kg) -CMB- consagrándose ante su compatriota Juan Laporte, en un match antológico en 1983. Todo fue efímero: el ghanés Azumah Nelsón lo colgó de las cuerdas en 1984.

Su conducta ya no fue la misma. Sus descontroles pesaron -y los pagó a lo largo de su vida-. Sin embargo, en 1985 subió a los 58.900 kg y ganó su tercer galardón: Liviano jr (AMB) ante el prestigioso Rocky Lockridge. Y lo perdió a la brevedad con el panameño Alfredo Layne. Se retiró en 1989.

Nunca peleó con argentinos. Efusivo y de carácter fuerte, difícil de contactar para la prensa, siempre fue considerado como uno de los emblemas más populares de su país.

Dirimió de igual a igual con su compatriota Wilfredo Benitez, por un liderazgo local y generacional, que quebró favorablemente en base a su contundencia en el ring.

Es un día triste y doloroso para el boxeo. Debemos reiterar -casi hasta el cansancio- dos calificativos comunes utilizados para despedir a las leyendas del ring: único e irrepetible.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/boxeo/murio-wilfredo-gomez-una-maquina-de-pelea-perfecta-en-los-mejores-anos-del-boxeo-nid11102026/

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