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Ofensiva de palabra, retrocesos de hecho

En su versión política, el rocker Javier Milei reversiona un clásico de los Beatles. En vez de entonar Twist and shout, el Presidente desafina por estos días ...

En su versión política, el rocker Javier Milei reversiona un clásico de los Beatles. En vez de entonar Twist and shout, el Presidente desafina por estos días “shout and twist” (grita y gira).

Enojos, insultos y bravatas en el país y en el mundo para sostener una posición dominante, mantener la centralidad y sobreactuar poder, por un lado. Concesiones y fuertes retrocesos, por el otro, como táctica defensiva para no perder por demasiado en algunas pujas relevantes, mientras la economía le sigue dando números rojos. Ofensiva de palabra y retrocesos de hecho.

La semana internacional y parlamentaria, junto con los indicadores del Indec y el recrudecimiento de disputas y diferencias internas en el oficialismo, mostraron la verdad descarnada de la actualidad de la gestión mileísta.

Los enredos inesperados de la causa Malvinas

Las imágenes que llegaron anteayer de España de un presidente desafiante, agresivo e intolerante con los periodistas e irritado (en su ánimo y en su epidermis) contrastaron con lo ocurrido en el Congreso. Cara y seca.

En la Cámara de Diputados se destacaron las contorsiones y renuncias que debió hacer el vicario parlamentario de la hermana Karina, Martín Menem, para evitar costosas derrotas legislativas. A cambio, obtuvo triunfos muy relativos, luego de sensibles concesiones, en los proyectos de ley de inviolabilidad de la propiedad privada y de discapacidad.

La reposición de las restricciones para la compra de tierras por parte de los extranjeros no residentes en el país, instauradas por la ley cristinista de 2011, así como la eliminación de la limitaciones extremas a la actualización de los aportes a las personas con discapacidad y el envío a comisión del muy cuestionado y de nula eficacia práctica proyecto oficialista sobre la situación de las personas endeudadas y en mora, muestran tanto las dificultades como las fronteras que cada vez le cuestan más trasponer al oficialismo en el Parlamento.

Esos resultados son hechos incontrastables que el marketing oficialista intentó maquillar. El objetivo era instalar la versión (poco sostenible) de haber obtenido triunfos legislativos con la aprobación de esos proyectos, cuyas versiones finales quedaron muy lejos de la desreguladora ley de tierras original y de la extremadamente austera iniciativa oficial sobre discapacidad, para encuadrarse en los límites que le fijaba el presupuesto 2027, en vías de tratarse.

La mejor demostración de la claudicación, calificada de pragmatismo por los voceros oficialistas, está contenida en un aviso de endurecimiento para próximos debates parlamentarios, que salió ayer de las usinas del karimenemismo.

“Después de haber mostrado mucho pragmatismo en discapacidad, que es un tema muy sensible, ahora en universidades, presupuesto y reforma política el Gobierno va a fondo, sin negociar nada. Salvo algunos fondos para los gobernadores, pero nada para los del medio. O sea, sale el presupuesto como mandó Toto (Caputo) y la reforma política que mandó el Ejecutivo o nada”, dijeron colaboradores del presidente de la Cámara de Diputados. Habrá que ver qué dicen los números de legisladores no mileístas necesarios para lograr la sanción de cada uno.

En el caso del cálculo de gastos e ingresos fiscales la gran duda que asoma es si ese anuncio de intransigencia no busca encontrar una excusa para repetir lo sucedido en 2024, que dejó sin presupuesto al ejercicio 2025 y prorrogó el entonces vigente. Eso le permitió a Milei gozar de enorme discrecionalidad en el uso de los recursos disponibles durante el año electoral.

El riesgo es que de repetirse ahora eso aumente la desconfianza de los mercados, a los que la incertidumbre política y la insatisfacción social han puesto en una actitud reticente y a la espera de que se aclare el panorama.

Bullrich en la mira de Karina

Por todo eso, la advertencia karimenemista incluyó, además, un mensaje para la díscola jefa de la bancada libertaria de senadores, Patricia Billrich, que ha retomado la saga de la diferenciación con el mileísmo más rancio, lo que está claro que es otro motivo de irritación de la epidermis presidencial y de la de su hermana Karina. Aunque también eso trate de minimizarse. La interna eterna.

“La que tiene que decidir si están los votos en el Senado, ahora es ella, de ella depende. Tiene que ponerse de acuerdo con el Colo , al que no le confirma si el número de senadores está. Por eso cuando plantea la necesidad de acuerdo con los gobernadores, en realidad parece estar hablando de ella y de la falta de acuerdo que tiene en el Senado”, dicen quienes hablan por el karimenemismo.

Las reales o presuntas reticencias de los gobernadores y legisladores aliados o amigables son el emergente de una disputa interna en el oficialismo, que tiene raíces más profundas y que remiten a la estrategia electoral, para lo cual no parecen encontrar soluciones y acuerdos tácticos.

Bullrich y el jefe de Gabinete están en eso al frente de las diferencias, aunque Santilli opera con las férreas restricciones de un soldado de línea del karimenemismo mientras que la jefa de la bancada libertaria se mueve con la soltura de un francotirador. Además, no confrontan porque para pelearse se necesitan dos y el jefe de Gabinete es un experto en rehuir combates evitables.

Desde el lado del bullrichismo responden a los cuestionamientos del ala karinista con munición gruesa. “Lo de la reforma electoral es una discusión que no termina nunca. Cuando Diego cierra uno, se le cae otro. El problema es que no logran arreglar con los gobernadores a los que responden los senadores que faltan porque no terminan de ponerse de acuerdo. Toto [Caputo) y el Colo andan clamando por un acuerdo urgente, pero los Menem dicen que no hay que apurarse, para ceder lo menos posible a las provincias, no tanto en cuanto a fondos, sino en cuanto a candidaturas nacionales y provinciales. Quieren todo”, afirma una fuente de estrecha relación con la excandidata amarilla a Presidenta.

“Sobre la reforma política ya le dije al Colo ‘esta es toda tuya, así que de vos depende, pónganse de acuerdo entre ustedes así avanzamos’”, dicen que se le escuchó advertir a Bullrich. Está claro que eso no es lo que piensa y espera de ella el karinismo. El orden interno sigue sin estar entre los logros de la gestión Milei.

La reaparición pública de Bullrich y su posteo con el mensaje típico de publicidad incógnita o campaña de intriga “Se vienen cositas” no hizo más que subrayar el estado de incertidumbre en términos económicos y electorales que impera ya no solo puertas afuera del oficialismo, sino que también contagió a algunos de los propios.

“La economía no está bien y no va a estar mejor. Por eso, lo mejor es cerrar con la mayor amplitud, porque con qué argumento van a volver a sostener la bandera del purismo. El relato de la anticasta ya quedó superado. No hay más impolutos”, ha dicho Bullrich a algunos de sus interlocutores. También ella sigue al pie de la letra la consigna de esperar y ver, convencida de que el escenario electoral está abierto. No es la única. También empresarios e inversores piensan y actúan igual.

Las referencias a la situación de la economía golpean fuerte adentro del Gobierno. El sostenido y abrupto aumento del riesgo país, la nueva evidencia de la caída del consumo masivo y la retracción de la actividad económica, que pone al país a las puertas de la recesión técnica, fisuran el relato optimista.

La furia española

Esos datos duros parecen explicar, además, la ofensiva discursiva, que Milei encabeza exaltado, como quedó expuesto en su visita a Madrid, de la que se volvió con más cuestionamientos que logros y sin poder demostrar qué beneficio le reportó al país un viaje costeado por el erario público.

Los renovados insultos al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, incomodaron hasta a algunos de sus aliados, pero sorprendieron y escandalizaron menos que las descalificaciones a los cronistas españoles que le hicieron preguntas incómodas, lo que le valió amplias críticas y el rechazo formal de la asociación que representa a los periodistas de ese país.

“Milei no vino tanto a hacer campaña electoral por sus amigos y aliados españoles, sino más bien vino a hacer precampaña electoral para su reelección. Los destinatarios de lo que hizo estaban del otro lado del océano”, coincidieron analistas españoles. Mientras tanto, en estas orillas la ofensiva verbal tenía como contrapartida las concesiones concretas, que hicieron que hasta el kirchnerismo votara el remendado proyecto sobre discapacidad que terminó presentando el mileísmo.

Malvinas puede esperar

En el plano legislativo, también resaltó el freno que debió imprimirle a la denominada “ley Malvinas” a instancias del gobierno amigo de Donald Trump, preocupado por los efectos que podría tener esa norma sobre empresas estadounidenses que podrían tener algún tipo de vínculo con la explotación petrolera que habilitó el Reino Unido en la zona del archipiélago usurpado y serían susceptibles de ser sancionadas.

A pesar de los intentos oficiales por desmentir o relativizar ese motivo, los enviados trumpistas, que llegaron ayer al país, confirmaron que el repentino stand-by del proyecto tenía como fuente las preocupaciones externas. El novedoso relato nacionalista, cuyo correlato concreto es el proyecto de ley ahora demorado, volvió a sufrir una fisura indisimulable.

El sueño de un Estados Unidos aliado de la Argentina para enfrentar a Inglaterra tiene demasiados bemoles, que el trazo grueso del oportunismo político y la diplomacia no profesional suelen descubrir cuando es tarde. No es la primera vez que sucede en la historia argentina y los antecedentes han sido funestos.

El repentino congelamiento tiene otra derivación que impacta en el interior del oficialismo y aviva las disputas intestinas. La “ley Malvinas” contiene polémicos artículos referidos a la seguridad interior y la defensa que han puesto en alerta a opositores y organizaciones de la sociedad civil por los avances que podría tener sobre varios derechos fundamentales, así como por los gastos en defensa que podría conllevar.

El superasesor sin responsabilidad oficial Santiago Caputo, cuya mano y cabeza delinearon ese proyecto hoy en revisión, es el principal afectado por ese tropiezo. También en la administración trumpista hay líneas internas y no todos están en sintonía con el gurú. Los riesgos de jugar a muchas bandas en simultáneo, desde la periferia, con demasiada ambición y sin suficiente expertise, suelen ser elevados.

No puede extrañar, entonces, que sean días de ofensiva de palabra y retrocesos de hecho.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/ofensiva-de-palabra-retrocesos-de-hecho-nid22102026/

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