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Patricia Della Giovampaola: de ícono social de la Argentina de los 80 a princesa europea, la historia detrás del glamour

Entre títulos nobiliarios, tapas de revistas y décadas circulando entre la aristocracia europea y la alta sociedad argentina, Patricia Della Giovampaola construyó una imagen asociada al glamour ...

Entre títulos nobiliarios, tapas de revistas y décadas circulando entre la aristocracia europea y la alta sociedad argentina, Patricia Della Giovampaola construyó una imagen asociada al glamour casi inalcanzable. Pero en su charla con Roberto Funes Ugarte aparece una versión bastante más terrenal.

Nacida en Montepulciano, en la Toscana italiana, Patricia recuerda una juventud marcada por el deseo de escapar de un pueblo que entonces sentía “muy chico y aburrido”. La Argentina apareció primero como un mito familiar y después como una historia de amor inesperada con Carlos Iglesias, el empresario con quien formó una de las parejas más glamorosas de los años 80.

La relación no fue sencilla desde el comienzo. Sus padres se opusieron al romance y Patricia terminó escapando de Italia con la plata que consiguió al empeñar un anillo que le había regalado su padre. Llegó sola a Buenos Aires y durante los primeros años vivió modestamente, tomando colectivos para ir a castings, haciendo pequeños trabajos como modelo y participando en programas de televisión que la volvieron rápidamente una figura reconocida.

Con el tiempo llegaron las tapas de revistas, Europa, el príncipe Rodrigo D’Arenberg y una vida atravesada por fiestas, viajes y círculos exclusivos. Sin embargo, Patricia insiste en despegarse de la idea de mujer frívola. “La plata no me maneja, soy yo la que la maneja a ella”, asegura. Habla de inversiones y de cómo aprendió a administrar el dinero con criterio. “Yo no heredé la fortuna de Rodrigo. Heredé unas rentas y las puse a trabajar”, explica.

En el presente, ya en pareja con el escritor Jean Paul Enthove, Patricia sostiene una rutina estricta: no fuma, no toma alcohol, come pescado, verduras y claras de huevo, y evita el exceso incluso dentro del lujo. También se define profundamente sentimental. Llora con Piazzolla, extraña a su padre y admite tener miedo a las enfermedades más que al paso del tiempo.

Aunque durante años fue presentada como “la mujer más glamorosa de París”, ella prefiere otra definición mucho más simple. “Quiero que la gente piense que soy una persona normal”, dice. Y quizás ahí esté la mayor sorpresa de Patricia Della Giovampaola. Detrás de la sofisticación, sigue apareciendo una mujer que todavía se define como “terra, terra”.

¿Por qué sos famosa? ¿Por qué la gente te conoce?

¿Soy famosa? Lo que le decía a tu productor en el ascensor: “¿Qué vengo a hacer yo acá?”. No soy cantante, no soy modelo, no soy actriz.

Fuiste…

Fui todo. No soy actriz, no soy influencer, no soy tiktokera, no soy nada. Entonces, ¿para qué?

¿Hace cuánto que estás en la Argentina?

Muchísimos años, pero sigo teniendo un acento. Como hablo cuatro idiomas más o menos todos al mismo tiempo, hago una confusión tremenda.

¿Cuántos idiomas hablás?

Bueno, soy italiana. Hablo italiano, español, que lo hablo con mal acento, pero como si fuera mi idioma.

Bastante boca sucia…

Sí, digo muy malas palabras cuando quiero. No las voy a decir en televisión, pero tengo varias. Después hablo francés como si fuera mi idioma porque tuve un marido francés, vivo mucho en París y tengo un novio francés. El inglés porque es obligatorio y porque hay que hablarlo.

Las buenas puteadas argentinas las decís perfectas.

Pero no las digo enfrente de todo el mundo. Cuando estoy muy enojada o alguien cruza mal la calle y hace algo mal.

¿Y la decís muy seguido?

No, no tanto.

La gente te conoce por ser una socialité de buen gusto, que se viste bien, que ama la moda. Pero también está esa Patricia que saca números. ¿Cómo es tu relación con la plata? Porque además de glamour, hay un misterio alrededor tuyo: la millonaria italiana, francoargentina, francoitaliana. Soy cuidadosa. La plata no me maneja, soy yo la que la maneja. Me gusta darme gustos, pero no soy una loca despilfarradora. Respeto la plata.

¿Y qué sentido tiene la plata en tu vida?

La plata te da una cierta libertad. Te da la libertad de ser generoso con los otros, que es muy importante. Cuando vos tenés plata, podés donar a los otros. Eso es algo que te llena. Después te da confort, pero tampoco te hace la felicidad.

No lo vas a decir vos, pero ayudás mucho y no lo contás.

Yo creo que si uno ayuda mucho no tiene que contarlo. No tiene que ponérselo como una joya o como un título. “Soy una gran filántropa”.

¿Sos princesa?

Yo no nací princesa. Mi difunto marido era marqués de Belzunce, príncipe d’Arenberg. Al casarme con él me dieron los títulos, pero jamás en la vida llamaría por teléfono a un lugar y diría: “Soy la princesa d’Arenberg, deme la mejor mesa”. Me parece ridículo.

¿Qué te trajo a la Argentina? ¿Cómo Patricia Della Giovampaola viviendo en Montepulciano vino a la Argentina?

Sí, cerca de Siena, corazón de la Toscana. Bueno, sur de la Toscana. Montepulciano es un pequeño pueblo que hoy en día es muy famoso, va muchísima gente y muchísimos turistas, pero cuando yo era chica no iba nadie. Era un lugar muerto. Entonces todos soñábamos, mi hermana y yo, con ir a grandes ciudades, a otros países, porque Montepulciano era muy chiquito y muy aburrido. Hoy vuelvo como las grandes vacaciones. Invito amigos y la gente queda encantada.

Conocí el buen vino.

Tenemos muy buen vino y nací prácticamente entre las viñas. Mi papá tenía una pequeña tierra y hacía sus vinos.

Porque hay un misterio de dónde viene Patricia Della Giovampaola…

Ningún misterio. Nací allá. Mis padres eran gente muy bien. Mi mamá tenía un hermano que a los 19 años se enamoró de una mujer de 35, casada y con dos hijos. Podés imaginar el escándalo en esa época y en esa zona de Italia. Nadie lo pudo impedir. Fue un amor que prosperó. Entonces se vinieron a la Argentina porque el hermano de ella era escribano en Chile. Dijeron: “Vámonos de acá”. Se vinieron y estuvieron juntos cincuenta y dos años hasta que ella se murió. Hicieron toda su vida acá. Empezaron a hacer una fortuna considerable vendiendo autos Fiat en el norte de la Argentina. Misiones, Corrientes, Resistencia. Pusieron concesionarias Fiat y de máquinas agrícolas. Y ahí crecimos viéndolos de vez en cuando, porque venían a visitarnos.

Crecíamos con el mito de la Argentina. Una vez vinieron y nos trajeron discos argentinos. Yo canto muy mal, pero me acuerdo de una canción que decía: “¿Te acordás, mi chiquita, del puente Pexoa?”. Era fantástico. Y cuando tuvimos dieciocho años nos vinimos invitados por mis tíos a la Argentina. Podés imaginar la emoción.

Llegué un sábado de julio a la 9 de Julio y me quedé enamorada. Me enamoré de Buenos Aires. Y después apareció un hombre en el avión. Casualmente en el avión había un hombre extremadamente buen mozo. Yo tenía dieciocho años, pero tenía ojos. Vi ese hombre espléndido que me miraba y quedé flechada.

Él se fue a hablar con mi mamá, que estaba sentada atrás, y yo decía: “¿Por qué se va a hablar con mi mamá y no conmigo?”. Después me dijo: “¿Te puedo llamar esta noche?”. Yo quedé dura, no dije nada.

¿En qué vuelo estaban?

Veníamos de Posadas a Buenos Aires. Quedé impactadísima de esos ojos verdes. Él me dejó un papelito con su número y a la noche lo llamé. Me vino a buscar, fuimos a cenar y después me llevó a caminar por la 9 de Julio, por toda Recoleta, hasta las cuatro de la mañana.

¿Y te enamoraste ahí?

Enamoradísima. Me pareció un tipo fascinante. Era mucho mayor que yo. Volví a casa y mis padres estaban locos. Me agarraron y me llevaron de vuelta a Uruguay. Él se vino a Uruguay a verme y ahí se terminaba la cosa. Pero tenía mi dirección y cuando volví a Italia nos empezamos a escribir cartas. Él era Carlos Iglesias, El famoso Carlos Iglesias, con quien después se transformaron en la pareja glamorosa de los 80. Tapa de revista Gente y todo eso.

Después yo me volví a Italia y empecé a pensar cómo hacía para volver a la Argentina. Mis padres me dijeron: “No vas a volver porque ese tipo es mayor, divorciado, no es para vos”. Entonces dije: “No, yo voy a ir a la Argentina igual”. Soy muy testaruda. Me mandaron un mes a Holanda, para enfriarme un poco. Volví y le dije a él: “Yo me voy a venir de todas maneras. Me voy a escapar de mi casa porque mis padres no me van a dejar”. Decidí que me iba a venir el 14 de diciembre. Estudié todo, agarré y me fui a empeñar un anillo con diamantes que me había regalado mi papá. Me dieron la plata justa para el pasaje de avión. Fui a Roma, me saqué un billete de Varig y vine a la Argentina. Llegué un 15 de diciembre y él me esperaba en el aeropuerto. Mi padre casi se vuelve loco porque yo desaparecí. No dejé una carta, no dije nada. Mi mamá decía: “Se muere directamente”.

Hay un mito de que te pidieron una búsqueda internacional por Interpol. ¿Es verdad?

No me acuerdo. Pero lo que sí es verdad es que me llamó el nuncio apostólico y me hizo ir a la Nunciatura para explicarme que era una pecadora tremenda.

¿Y te hizo efecto?

No mucho. Seguí igual. Me fui a vivir con él y la madre en un departamento muy chico. Yo, que era una princesa, estaba ahí feliz.

¿Dónde era ese departamento?

En el barrio de River.

¿Convivías con Carlos Iglesias y su mamá?

Sí, en un apartamentito muy chiquito.

¿Y en qué trabajabas?

No hacía nada. Tenía la plata que me había llevado de Italia o la que me daba él. Me acuerdo que sabía que el 106 iba hasta Cabildo, pero no sabía cómo volvía. Entonces iba a Cabildo, hacía las compras y volvía caminando.

¿Hacías las compras también?

Sí. Los primeros años vivimos muy modestamente.

Pero siempre se te vio divina.

Bueno, enseguida salió mi carácter. Tres meses después volví a Italia, saqué los documentos y volví a la Argentina, y nos casamos en Paraguay porque en aquel entonces no había divorcio en la Argentina y él era divorciado.

¿Y ahí tus padres empezaron a quererlo?

Sí. Después empezamos a viajar a Italia. Como yo no hablaba muy bien español, él, que tenía una agencia de modelos, me sacó unas fotos. Salieron muy lindas y armé mi book con el que iba en colectivo a todas las agencias.

¿Y te quedaste sin plata alguna vez?

No, porque siempre fui muy rebuscadora. Hacía desfiles, pruebas de jeans, pequeños trabajitos. Me acuerdo que mis primeras fotos fueron de manos. Después empecé a hacer desfiles y alguien llevó mi foto a Juan Carlos Mesa. Él me vio y me dio un lugar en el programa de Tato Bores. Entonces todos los viernes iba en colectivo hasta Martínez, donde se grababa.

¿Y qué hacías con Tato?

Hacía un sketch. Yo misma me producía, me llevaba un vestido lindo y volvía. Eso me hizo muy famosa. De repente me empezaron a llamar para tapas de revistas. Y después Juan Carlos Mesa me llamó para “Mesa de noticias”. Hacía de la novia de Gino Renni. Empezaron las tapas, las notas, todo eso. Éramos la big couple de los 80.

Y después aparece el príncipe d’Arenberg.

Eso vino después. Yo ya lo conocía porque cubría fiestas. Me invitó a una y yo lo miraba de lejos. Me parecía un tipo tan arrogante y tan lejos de mi vida que ni lo miraba. Un día fui a una fiesta suya y estaban Margaux Hemingway, Sidney Rome, Alain Boucheron, toda gente famosa. Hice mi nota y me iba a ir, pero él me dijo: “Vos sentate ahí”. Cuando pude escapar, me fui. Después no lo vi más. Y cuando ya me estaba separando mal de Carlos, mi productora nos ofreció ir a hacer el programa en Montecarlo. Él vivía ahí. Yo dije: “A la casa de él no voy”. Me fui a un hotel. Pero después estaba la fiesta de la Croix Rouge, la Cruz Roja, que era la fiesta más importante de Montecarlo. Y ahí cambió algo. Me dijo: “Vení a la fiesta”. Yo no tenía nada para ponerme. Una amiga argentina me prestó un vestido, el reloj, todo.

Eras la Cenicienta…

Fuimos a la fiesta y me empezó a parecer más simpático. Igual no pasó nada. Yo me volví a Italia y él me dijo: “Vení un fin de semana a verme”. Fui y empezamos a tener un flirt, pero pensé que se iba a terminar ahí. Volví a la Argentina para terminar mi separación de Carlos y un día me llamó y me dijo: “Voy a París. ¿No querés venir?”. Entonces me pagué el pasaje y me fui. Ahí empezamos a estar juntos. Y me dijo: “Este verano voy a hacer la fiesta grecorromana. Quiero que recibas conmigo. Y ahí empezó todo.

¿Y cuánto tiempo estuviste con Rodrigo d’Arenberg?

Veinte años casada.

¿Y cómo fueron esos años?

Variados. Al comienzo fue todo glamour. Nos divertíamos muchísimo, viajábamos a todos lados. Después, por mala suerte, Rodrigo tuvo un derrame cerebral y la vida se volvió más tranquila. Seguimos juntos muchos años hasta que el 27 de diciembre de 2007 falleció de repente. Yo había venido a Buenos Aires por un día y cuando llegué a Punta del Este ya se había muerto.

¿Y qué es el glamour para vos?

No lo sé. Soy una persona que se cuida. Me gusta vestirme bien, tener las manos prolijas, los zapatos lindos. Es una forma de respeto hacia los otros. Si alguien me invita a una fiesta, no puedo ir en chancletas salida de la playa. Me pongo lo mejor que tengo porque alguien está poniendo tiempo, alma y dinero en esa reunión.

¿Y estás todo el día así vestida?

No. Yo me levanto, me pongo un short, una musculosa y unas chancletas.

¿Y vas al supermercado?

Sí, me encanta ir al supermercado. Apenas llego a una ciudad nueva quiero ver cómo es el supermercado.

¿Y pagás vos?

Por supuesto.

¿Te fijás los precios?

Sí, porque me interesa cómo corre la inflación, cómo pasan las cosas.

¿Manejás vos tus inversiones?

Sí, todo yo. Pero inversiones de abuela. No me gusta hacer nada arriesgado.

¿Qué hacés con tus inversiones?

Plazo fijo, cosas tranquilas. Oro también, fue una gran inversión. Y departamentos. Invertir sobre planes, comprar departamentos que no están construidos. Si se gana mucha plata cuando están terminados, pero hay que saber elegir.

Cuando te critican y te dicen “solamente sirve para vestirse y llevar un hábito”,

Nada que ver.No es cierto.

Vos me contaste que cuando heredaste de Rodrigo trabajaste mucho eso.

Sí. Yo no heredé la fortuna de Rodrigo. Heredé unas rentas de Rodrigo y las puse a trabajar. Podría haberlas gastado todas.

¿Qué pensás del argentino? ¿Cómo es?

A los argentinos los reconozco en cualquier ciudad del mundo. Pasa un argentino al lado, dice una palabra y digo: “Ese es argentino”.

¿Te interesa la política?

No como un hecho personal, pero me interesa estar informada.

¿Viviste el menemato?

Viví todo. El menemato, De la Rúa, los Kirchner, todo.

¿Cómo era Carlos Menem cuando te vio la primera vez?

Simpático, chiquitito, muy simpático.

¿Te parecía sexy como decían todas?

Simpático sí, pero sexy no.

Contame de tu padre.

Mi papá era espléndido. Cuando era chica yo estaba más enamorada de mi mamá, pero cuando murieron los dos, extrañé más a mi papá.

¿Sos llorona?

Lloro todo el tiempo. Esta noche voy a ir al teatro a ver la obra sobre Piazzolla y ya sé que voy a llorar. Escucho “Adios Nonino” y lloro. Soy muy sentimental.

Y a Jean Paul Enthoven, ¿cómo lo conociste?

Era un tipo muy conocido en Francia porque era un escritor famoso. Había tenido un affaire complicado y todo el mundo hablaba de él. Yo había leído un libro suyo. Me lo crucé en un restaurante y después no lo vi nunca más. Pasaron años, murió Rodrigo y después él me llamó porque yo necesitaba encontrar una música muy especial. Empezamos a vernos, pero fue así, sin querer.

¿Hace cuánto de eso?

Ya estamos en 2026, como 17 años.

¿Cómo es la relación con Rosella, tu hermana? Siempre las ponen juntas en las fotos. ¿Es cierto que a veces quieren separarse?

Más que nada por la estética. Si yo tengo un vestido violeta y ella uno verde o amarillo, no pega. Entonces decimos que no.

¿Se llaman para preguntarse qué se pusieron?

Jamás.

¿Se prestan ropa?

Jamás. Cuando éramos más chicas sí, pero hoy cada una tiene su guardarropa.

¿Le tenés miedo a la vejez, al paso de los años?

No a la vejez, porque es inevitable. Sabemos que cada día hay células que envejecen. Pero a las enfermedades y a la muerte, sí. Sobre todo a las enfermedades. He visto mucha gente enferma al lado mío y le tengo pavor.

¿De qué signo sos?

Soy Piscis, ascendente Capricornio y luna en Sagitario. Eso quiere decir que no soy tan llorona y tan pisciana. Tengo los pies sobre la tierra.

¿Qué consejo les das a las mujeres que te preguntan cómo hacés para estar tan bien, tan divina?

Soy medio estricta en eso. Totalmente contra el cigarrillo y totalmente contra el alcohol.

¿No fumaste nunca?

Sí, de chica. Fumaba, como para hacerme la grande. Alcohol, un poquito de vino tinto porque soy toscana, pero hace como dos años que no tomo ni una copita.

¿Y no te dan ganas?

A veces sí, sobre todo cuando comés comida rica. Pero lo dejé sin problemas. Si tengo que dar un consejo: cuídense. No tomen alcohol, no fumen. Cada vez hay más gente joven con enfermedades y eso se debe a que los chicos fuman mucho, toman drogas y toman mucho alcohol.

¿Qué pensás de esta era de redes sociales donde todo es efímero y pasa rápido?

Es simpático, divertido, pero hasta ahí. No hay que dejarse llevar. Yo a la tarde dejo el teléfono en otro cuarto y no lo uso a la noche.

¿Qué comés?

No como carne ni dulces. Como muy pocas cosas: pescado blanco, claras de huevo, verduras.

¿Claras de huevo?

Sí, todas las mañanas como diez claras de huevo batidas. Les pongo canela, un poco de jarabe de coco y nueces. Es muy rico.

¿Y para ser elegante o sofisticada se necesita plata?

No. Esa es la excusa, pero no. Si no tenés mucha plata, no te compres cosas raras. Comprate lo básico: ropa negra, camisas blancas, remeras blancas, un buen jean.

¿Qué te parece la ropa argentina?

No lo puedo decir porque no voy a tiendas.

Si hay alguien que no te cae bien, ¿cómo hacés para evitarlo en el saludo?

Me escabullo. Soy muy buena para eso. Soy un pescado, soy Piscis. Me voy. Pero no soy de pelearme ni de tratar mal a la gente.

¿Qué te gustaría que la gente pensara de vos cuando estés en otro plano?

Que soy una persona normal. Totalmente normal. No me gusta esa cosa glamorosa, que no se puede alcanzar. Vos me conocés, soy terra, terra.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/videos/patricia-della-giovampaola-de-icono-social-de-la-argentina-de-los-80-a-princesa-europea-la-historia-nid29052026/

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