Racing quedó eliminado de la Copa Sudamericana con el empate ante Caracas y el blooper de su arquero
Racing consumó el salto al vacío. El equipo de Gustavo Costas, el del club que preside Diego Milito, protagonizó otro vergonzoso capítulo en un semestre tan vacío como el Cilindro, donde jugó...
Racing consumó el salto al vacío. El equipo de Gustavo Costas, el del club que preside Diego Milito, protagonizó otro vergonzoso capítulo en un semestre tan vacío como el Cilindro, donde jugó a puertas cerradas y sólo por eso se salvó de un repudio masivo al ser eliminado de la Copa Sudamericana: con acciones tan ridículas como trágicas para su destino, la Academia igualó 2-2 con el débil Caracas y se despidió del certamen internacional a una fecha del final de la etapa de grupos.
No iba ni un minuto y Gabriel Rojas, en el afán de cerrar un ataque rival, hizo un gol en contra. En el segundo tiempo, cuando estaba arriba en el marcador, Racing volvería a ser su propio verdugo: el arquero Matías Tagliamonte, que había tenido dos atajadas estupendas en las jugadas previas, fue artífice de un blooper insólito que derivó en la segunda conquista del visitante, más allá de que pareció empujón del atacante de Caracas Adrián Fernández. Y antes del final, cuando la igualdad equivalía a despedirse de la Sudamericana, el goleador Adrián “Maravilla” Martínez falló una situación increíble con el arco vacío, en el área chica.
El conjunto de Gustavo Costas, el en club presidido por Diego Milito, viró de equipo heroico y épico a coleccionista de papelones tan grandes como lacerantes. En noviembre de 2024, en Asunción, Racing había tocado el cielo de la gloria internacional después de 36 años con una actuación apabullante ante Cruzeiro, al que superó 3-1 en una calurosa jornada.
En la gélida noche de Avellaneda, un año y medio después, la Academia no se acerca a las gestas: escribe versos tristes en vez de páginas gloriosas. Maravilla Martínez, el máximo artillero de aquella campaña brillante en la Sudamericana 2024, quedará retratado en esta edición por no haber empujado el balón a un par de metros de un arco vacío. Esa foto, entre tantas, pinta como el mundo Racing dio un giro negativo acelerado en este 2026.
Lo mejor de Racing vs. CaracasDespués de quedar afuera del Apertura 2026 ante Rosario Central con un bochornoso papel arbitral, lo que generó que Diego Milito saliera al cruce de la AFA y denunciara que el fútbol argentino “está roto”, ahora será turno de que el club de Avellaneda mire hacia adentro y se pregunte qué le pasa. Después del final del árbitro colombiano Jhon Ospina, Racing no tiene que buscar más culpables afuera.
La Academia, con maestría para el autoboicot en estos tiempos, consiguió algo que parecía impensado hasta para el más pesimista de sus hinchas: quedarse afuera de un grupo que sólo tenía como rival de peligro a Botafogo, que además lidia con un complejo presente institucional. A falta de un partido que será únicamente para cumplir con el fixture (ante Independiente Petrolero, el próximo miércoles), Racing tiene como único propósito que se acabe el suplicio de este semestre.
Además, en un contexto totalmente negativo, le queda por delante la Copa Argentina: el domingo 31 de este mes, en Jujuy, deberá dirimir con Defensa y Justicia el pase a los octavos de final del certamen que nuclea a los conjuntos de todas las categorías del país. A este Racing, justamente, le falta categoría. Al escaso recambio se le agregan flojísimas demostraciones individuales. A esos problemas se le suma la falta de rumbo colectivo, con un cuerpo técnico que hizo de las variantes una costumbre que no dio réditos.
Y a nivel dirigencial, tras el espasmo que constituyeron las explosivas declaraciones de Milito en Rosario, la falta de certezas sobre cuál es el rumbo que adopta el club también es parte de un menú que desagrada a su gente. Sólo porque el partido fue a puertas cerradas no fue una noche de insultos y broncas en clave de agotamiento popular.
El partido, en el que Racing volvió a demostrar las mismas falencias defensivas que en el resto del año y también las inexplicables fallas puntuales en acciones que valen puntos, queda apenas como botón de muestra de un presente mal confeccionado. Costas, máximo responsable de revolucionar espiritualmente al club y llevarlo a la gloria internacional, es parte ahora de un problema de juego evidente.
Milito, el presidente que prometió un “salto de calidad” en todos los ámbitos, heredó un equipo campeón de la Sudamericana. Después de arribar a la semifinal de la Libertadores 2025, pese a una merma en la cantidad de jugadores virtuosos respecto a la temporada previa, el salto en la Sudamericana fue al vacío: afuera en fase de grupos.
Puertas adentro y también afuera, todos lo sabían: la idea de Milito y la de Costas chocan en cómo llegar al éxito. Pese a eso, el presidente le ofreció al entrenador renovar por tres temporadas. El futuro es un concierto de incógnitas. La certeza es que Racing entró en un espiral de errores que no terminan. De sueños a pesadillas. De títulos a ostracismo. De pelotazos (y manotazos) en contra, en el sentido más literal de la palabra. Se imponen cambios. El futuro, en un presente tan convulsionado, implicará modificaciones.