Récord de invierno
Gastada y algo perdida. Ausente entre los más jóvenes. Pero siempre vuelve. Cuando nos va inexplicablemente bien. O cuando no nos va suficientemente mal. Como a veces mereceríamos. “Dios es ar...
Gastada y algo perdida. Ausente entre los más jóvenes. Pero siempre vuelve. Cuando nos va inexplicablemente bien. O cuando no nos va suficientemente mal. Como a veces mereceríamos. “Dios es argentino”. Frase popular. Creencia jactanciosa del ser nacional. Arraigada en el inconsciente hasta de los que la desconocen. Para arriesgar más de lo razonable. Para infringir hasta las leyes de la física. Para presumir de inmortalidad. Para desconocer la lógica económica. Para violar normas básicas de convivencia. Para poner en riesgo la existencia. “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí. Sin embargo, estoy aquí. Resucitando” nos hizo cantar María Elena Walsh. Debería ser otra estrofa del himno nacional.
Como un laboratorio a cielo abierto con 47 millones de cobayos, el país se siente invencible. Hasta en las derrotas, diría con su amarga ironía Leonard Cohen. Y sin perder el optimismo (o la inconciencia) nos embarcamos en cada gesta con la ilusión de alcanzar la victoria final. Porque lo tenemos todo. Y somos los mejores. Aunque en este invierno récord de días grises (y absurdos) las fuerzas y la fe flaquean. Y si Dios (en caso de existir) ¿no fuera argentino? ¿Por qué no? Un poco de escepticismo no vendría mal.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/record-de-invierno-nid19082026/