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Trump, Javi, la CIA, Caputín: no podía fallar

Intriga. Suspenso. Misterio. Espías, presidentes, ministros de la Corte. Las sombras de la noche. Washington, Brasilia, Buenos Aires. Miami, Guayaquil, Foz, Puerto Iguazú. Susurros y mentiras, op...

Intriga. Suspenso. Misterio. Espías, presidentes, ministros de la Corte. Las sombras de la noche. Washington, Brasilia, Buenos Aires. Miami, Guayaquil, Foz, Puerto Iguazú. Susurros y mentiras, operaciones mediáticas, cortinas de humo. Aviones, helicópteros, autos, camionetas. Decenas de personas movilizadas, de este lado, del otro y en Metrópoli. Una familia que surca las rutas a alta velocidad y no mira adelante, sino atrás. En el destino –primer destino–, un monje negro, cabeza de los servicios de inteligencia, supervisando la operación. “NOLSAL”, le escribe al jefe. Es la contraseña estipulada (No Odiamos lo Suficiente a Lula) para indicar que despegó el avión. “TMAP” (Todo Marcha de Acuerdo al Plan). Horas después, el último mensaje: “NOLSADM” (No Odiamos lo Suficiente a De Moraes, el juez de la Corte que le prohibió a Flavio Bolsonaro salir del país). Léase: aterrizó en Miami. “¡Viva la libertad de Flavio, carajo!”, se despidió. Sin respuesta. El jefe, deslomado tras siete horas en X, dormía.

Tremenda historia. El Gran Escape. No le faltaba nada para ser un thriller fantástico. Qué lástima. Terminó siendo una baratija, con contratiempos, desprolijidades e improvisaciones. Problemas de casting, además. Con los Bolsonaro se vuelve difícil organizar algo en serio. En un comunicado, Flavio le pifió al escudo de Brasil; puso Brazil (en inglés); primero se proclamó “presidente electo” y enseguida bajó tres cambios: “líder”; dijo que no estaba “huyendo” del país, sino “escapando” de una persecuta... Lula, bajá el tonito: no le ganaste a nadie. En 2022, el papá de Flavio, Jair, perdió las elecciones y entre gallos, gallinas y medianoche montó una conspiración –bah, un golpe–, emprendimiento que lo llevó a la cárcel; por razones de salud le concedieron la prisión domiciliaria. Aunque en las antípodas ideológicas, dos circunstancias lo hermanan con Cristina: lleva tobillera y es un Bolso.

Su hijo Eduardo, condenado también por la Justicia, se exilió en Estados Unidos. Y Flavio, al que investigan por lavado de dinero, buscó el mismo refugio: el tierno regazo de Trump. Son gente linda, gente de su casa (Rejas City, Texas, Miami), pero no estarían eligiendo bien a sus amigos: si no tenés prontuario, tocá otro timbre. Todo hay que decirlo: De Moraes, perseguidor de Flavio, es como si acá Juan Grabois, o Lijo, llegaran a la Corte. En el Brasil de estos días, si ganás las elecciones te cuelgan la banda presidencial; si perdés, un traje a rayas. Con los hermanitos Bolso viviendo afuera y Jair, adentro, la esperanza blanca de la familia en busca de indultos pasó a ser la mujer de Jair, Michelle, evangélica. ¿No la investigan en ninguna causa? Descartada.

En la Argentina, el casting de El Gran Escape reparó en las dotes interpretativas de Santi Caputo (en las marquesinas, Caputín). Puede ponerse en la piel de Rasputín o de James Bond; ser un fighter o un recaudador; Putin o Néstor; se sentiría cómodo en El Infierno de La divina comedia o representando a cualquiera de los próceres borgianos de La historia universal de la infamia. “Le gusta jugar a los soldaditos”, abrevia un amigo mío, mala persona, sobre el papel de Caputín en la fuga de Flavio. Salir de madrugada de Brasil (a esa hora en los puestos fronterizos no trabaja nadie, contó Diego Cabot), entrar en la Argentina de Milei y treparse a un avión rumbo a los pagos de Trump en un plan orquestado por la CIA, la DEA y el Departamento de Estado: margen de error, cero, evaluó Caputín, y ahí fue a montar su numerito. Cuentan que era conmovedor verlo disfrutar como un chico en su base de operaciones, con teléfonos celulares y satelitales, escenografía de crisis y modos de comandante en jefe. Espía, pero con hambre, que mitigó clavándose un cuarto de libra en McDonald’s. Un divino, no me digan. Cuando le preguntaban algo, él, ligero de información, cortaba en seco: “Estoy en línea con el Presidente”. Y en realidad era el Gordo Dan. Historia universal de la infamia. Ahora sabemos que es un libro incompleto.

El Pelu festejó el triunfo de Lula; quedó a tiro de un nuevo cheque de Bessent 

La Justicia Federal decidió investigar la colaboración del gobierno argentino en el raje de Bolsonarito. Caputín muere por declarar en la causa: quiere contar que él organizó todo.

Javi, mientras, sigue guardando silencio sobre el triunfo de Lula. En público, por no tener la facilidad de palabras de su amigo Donald; puertas adentro dice que Flavio es un mequetrefe, un “casta”, y que él salió ganando porque quedó a tiro de un nuevo cheque de Bessent el año próximo: Washington está obligado a impedir que se extienda la mancha roja. No habló con el prófugo; sí con su padre. “Jair querido, Cristina se buscó un abogado brasuca. Ustedes déjense ayudar por uno argentino. El mejor de todos. Hasta sus clientes más indefendibles, culpables de nacimiento, logran zafar de la cárcel. Mi ministro de Justicia, Mahiques. Hacia marzo o abril te lo libero”. Le sorprendió la respuesta: “Sí, ya me llamó”.

No voy a decir nada sobre la amenaza de muerte del Presi a los periodistas. La verdad, eso de la hoguera me tiene sin cuidado. Que se preocupen los periodistas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/trump-javi-la-cia-caputin-no-podia-fallar-nid31102026/

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