Usyk pelea ante un gigantón del kickboxing, con las pirámides egipcias como inusual entorno
La imponencia y la magnitud histórica de los 138 metros de alto por 230 de ancho de la pirámide de Guiza, conocida también como Keops o Jufu, no sólo la definen como la más antigua de las siet...
La imponencia y la magnitud histórica de los 138 metros de alto por 230 de ancho de la pirámide de Guiza, conocida también como Keops o Jufu, no sólo la definen como la más antigua de las siete maravillas del mundo (construida en el 2300 antes de Cristo), sino como una de las postales universales del Egipto de cualquier era. Es menester describir su inmensidad para tratar de encontrar algo de relieve ciertamente creíble en el espectáculo que se llevará a cabo este sábado allí: el título mundial pesado, sólo reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), entre un campeón admirable y legitimo como el invicto ucraniano Olexsandr Usyk y el retador, Rico Verhoeven, de Países Bajos, campeón de kickboxing, idolatrado en ese ámbito. El match de doce rounds se efectuará en un teatro adaptado en la Necrópolis, en pleno Guiza y será televisada por DAZN, a partir de las 12 horas, a un costo de 21,99 dólares para sus abonados.
La historia se repiteEl camerunés Francis Ngannou, un atleta marcial mixto, fue mediáticamente expuesto por el CMB a dos experiencias como esta. Primero, fue habilitado a pelear con el británico Tyson Fury, en su tiempo de campeón, y tuvo la osadía de derribarlo, aunque perdió por puntos ese desafío en 2023. Un año después, lo pusieron frente a frente con Anthony Joshua, quien lo fusiló en cinco minutos de competencia. Ningún experto creíble aprobó tal imposición.
Ahora, el turno es para Rico Verhoeven, de 37 años, corpulento, musculoso, de 1,96 metros y 123 kilos. Ágil, de movimientos confusos e indescriptibles para el pugilismo y seguramente valiosos en su arte, el kick boxing; sin pegada en sus puños y con gran lanzamiento, en cantidad y calidad, de algo vedado para este domingo: las patadas.
El CMB expuso el siguiente criterio para la admisión de Verhoeven como retador legitimo al cetro pesado: “La transición del kickboxing al boxeo no es algo inédito. Muchos atletas de muay thai han competido en el boxeo y participado en peleas de nuestra entidad en los comienzos de sus carreras pugilísticas. Esta decisión del CMB se ajusta a las normas y reglamentos del organismo”.
¿Es convincente? No, en absoluto. Mas allá de la cercanía permanente del CMB a la fiscalización de artes marciales, esta decisión carece de comprensión. Otra vez, el dinero y los caprichos del jeque árabe Turki Alalshik fueron determinantes ante el sumiso manejo de las reglas oficiales. Ni la FIB ni la AMB reconocerán el match, aunque mantendrán a Usyk como campeón titular.
Casos como este favorecen las acciones de los integrantes de Zuffa Boxing, una corporación liderada por Dana White, propietario de la UFC (la empresa más poderosa de las artes marciales mixtas), quejosos de las organizaciones internacionales y la dirección del pugilismo actual; demandantes ante el Congreso de los Estados Unidos del control del boxeo en Norteamérica lo más rápido posible.
Un premio para UsykUsyk tiene 39 años y un sinfín de coronas en su haber. Fue campeón olímpico en Londres 2012, titular unificado de los cruceros (2016–2018) y poseedor del cinturón de los pesados desde 2021. Ganó sus 30 combates (17 por KO) y destaca sus últimas victorias sobre los británicos Tyson Fury, Anthony Joshua y Daniel Dubois, actual campeón OMB.
Es la bandera más representativa de la guerra de su país frente a Rusia por todos los puntos del universo y después de tanto dolor y muerte presenciada en cercanías del campo de batalla; la industria del boxeo le ofrece un premio para este domingo. No hay lógicas, ni comentario previo equitativo en este caso. Poco importa la disparidad deportiva; será un tributo a la valiente vida de Usyk respaldado por los soles, las sombras y los misterios guardados por los faraones en las pirámides egipcias.