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¿Cosechar o estudiar?: En Misiones, organizaciones buscan que el trabajo rural sea una elección y no un destino

¿COSECHAR O ESTUDIAR? En Misiones, organizaciones buscan que el trabajo rural sea una elección y no un destino. Texto de Micaela Urdinez...

¿COSECHAR O ESTUDIAR? En Misiones, organizaciones buscan que el trabajo rural sea una elección y no un destino.


Texto de Micaela Urdinez

05 de julio de 2026

MISIONES.- Es tímida. No quiere hablar frente a la cámara. Su voz es apenas un susurro. Antonela Samaniego tiene 15 años y vive en el barrio 20 de Junio, en Andresito. Se sienta en una silla de playa sobre la tierra roja y húmeda, una arcilla que mancha y se queda adherida al cuerpo, a los zapatos, a la ropa. De fondo y sobre unos listones, apenas se sostiene la casa en la que vive con su mamá –Estela Olivera– y sus hermanos más chicos. Su mamá siempre trabajó en la cosecha de yerba mate para sostener a la familia. El año pasado, la baja en el precio de ese producto hizo que se frenara la producción y se quedara sin su principal ingreso. Ante la emergencia, decidió irse a cosechar tomates a Brasil y llevarse a sus hijos con ella. En 2025, todos abandonaron la escuela. –Cuando tu mamá se iba a trabajar con los tomates, ¿vos qué hacías? –Cuidaba a mi hermano, limpiaba la casa. –A veces, ¿vos también trabajabas en la cosecha? –Sí, era feo porque al sol hace mucho calor. Hay que agarrar una caja y sacar los tomates de la planta. Es muy pesado. La familia volvió en marzo a Andresito, donde Antonela se incorporó en la escuela Escuela BOP 124, pero tuvo que repetir. Hoy cursa primer año y sueña con, algún día, terminar la secundaria, llegar a ser policía y tener una casa nueva.

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La distancia, el trabajo rural, los problemas de salud y la falta de establecimientos cercanos son algunos de los motivos que llevan a los niños y adolescentes de las zonas rurales de Misiones a faltar a la escuela, a ir por temporadas o, incluso, a abandonarla. Fundación LA NACION recorrió los rincones de Andresito, Puerto Mado, Aristóbulo del Valle y El Soberbio para conocer las dificultades que tienen los hijos de los trabajadores del tabaco y de la yerba mate, los que se crían en las chacras y en las colonias, para sostener sus estudios. Y para conocer cuáles son las estrategias que están implementando las organizaciones sociales y el Estado para retenerlos. Según el informe “Índice de pobreza multidimensional extrema” realizado en exclusiva para LA NACION por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), Misiones se encuentra en el puesto 9 de las provincias con mayor niveles de pobreza extrema multidimensional en el país. En ese territorio, 450.000 estudiantes se distribuyen por su tupida geografía. En las zonas rurales, existen escuelas comunes (579 en el nivel inicial, 821 en el primario, 230 en el secundario y uno de nivel superior) y escuelas con la modalidad de ruralidad (5 escuelas para nivel inicial, 14 primarias y 144 secundarias). “Lo que buscamos garantizar es que haya escuelas en cada rincón de las colonias o paraje misionero. Hoy en día tenemos escuelas rurales consolidadas que se encuentran en colonias o pueblos que permiten sostener el aprendizaje estandarizado por grado y, en otros casos, se materializa en la enseñanza plurigrado por la cantidad de matrícula”, explica Ramiro Aranda, Ministro de Educación de Misiones. Chavela Carvallo se crió en el corazón de la selva misionera rodeada de distintos tonos de verdes y de animales, en el interior de El Soberbio, donde su papá es productor rural. Su casa de la infancia –de paredes de madera y techo de chapa– es la última de la zona rural de Picada Naranjera Km 6 en la que, después, solo hay árboles. Tiene 18 años y hace unos meses se mudó al pueblo porque consiguió un trabajo. Hoy está de visita y llega con unos jeans rotos por encima de las rodillas, una remera ajustada al cuerpo, sus rulos largos sueltos y los labios pintados. Con su familia –sus padres y su hermana Antonela– hablan en portugués porque están a apenas unos kilómetros del límite con Brasil. Allí, dónde la naturaleza todavía le gana a la civilización, no había jardín de infantiles y arrancó directamente en primer grado. –¿A cuánto te quedaba la escuela? –A seis kilómetros y el camino es todo cerro. –Y, ¿cómo ibas? –A veces caminando o de caballo. –Cuando terminaste la primaria, ¿qué pasó? –Todo el mundo quiere ir a una secundaria, pero como no hay posibilidad lo único que queda es plantar tabaco y listo. No es algo que me guste, porque te mata. Es la realidad. El secundario más cercano estaba lejísimos. Creo que faltan oportunidades para los chicos de la chacra. –¿Qué hace tu papá acá? –Planta tabaco, maíz y otras cosas. –¿A qué edad arrancaste vos a ayudar con eso? –A los 12. Durante el año pasado, Chavela participó del Programa de Adolescentes Desescolarizados de la Asociación Conciencia, una organización que trabaja para combatir el trabajo infantil en las comunidades rurales del NOA y NEA y garantizar la continuidad educativa de los alumnos. A través de iniciativas como el Programa Porvenir y los Centros de Verano, la ONG impulsa la revinculación escolar, ofrece becas escolares, brinda talleres de acompañamiento familiar y da contención a miles de niños. “Tratamos de que se vuelvan a integrar al sistema educativo formal y en caso de que no se pueda por limitantes económicas, familiares y demás, tratamos de incentivarlos a que puedan acceder a otra formación quizás no formal, pero que sí los prepare para el mundo del trabajo”, señala Salomé San Martín, líder del eje de Comunidad en la Asociación Conciencia. Hace unos meses, Chavela consiguió trabajo y se mudó al pueblo.

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El desafío de llegar a la escuela . Arriba, Antonela Carvallo camina sobre un tronco para atravesar un arroyo y seguir los seis kilómetros que le faltan para llegar a la escuela; abajo, Marciano Black es uno de los padres que construyó una escuela en la Colonia Agroforestal para que sus hijos no tuvieran que hacer tanta distancia en moto

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Según el informe “Ausentismo estudiantil en secundaria: percepción y dimensiones” elaborado por Argentinos por la Educación, el 26% de los estudiantes del último año de la secundaria se ausentaron al menos un 14% de los días de clases previstos. Los principales motivos de inasistencia para los alumnos más vulnerables son problemas de salud propios (54%), problemas de acceso a la escuela debido al clima o al transporte (30%), otro motivo (28%) y falta de ganas de ir a la escuela (24%). Le siguen otras razones como llegar tarde a clases (22%), problemas de salud de algún familiar (19%), estar trabajando (14%) y el cuidado de una o varias personas de la familia (13%), entre otros. El primer paso, es que existan escuelas en el territorio. El segundo, que los alumnos puedan llegar. El tercero, que efectivamente aprendan. En el nivel primario y por la baja matrícula, cerca del 30% de las escuelas rurales de Misiones funcionan con docente único, donde se nuclean alumnos de distintos grados en una misma aula. “En el nivel secundario, tenemos 15 Unidades de Gestión Local y más de 250 extensiones áulicas, donde asisten más de 3.000 estudiantes rurales pluriaño. Otra modalidad son las 10 sedes de Secundarias Rurales mediadas por TIC (SRTIC), que es un modelo clave en parajes alejados, impulsado para garantizar la terminalidad educativa particularmente en las comunidades Mbya-guaraní y zonas aisladas”, señala Aranda. Una de las limitaciones de las escuelas rurales es que los distintos niveles comparten edificios e infraestructura. “Si visitamos un paraje de la ruralidad misionera es muy frecuente encontrar que en un mismo edificio funcionen en simultáneo una sala de Nivel Inicial, la Escuela Primaria Rural tradicional y una extensión áulica del Secundario Rural en el contraturno o turno tarde en el caso que la escuela rural sea de jornada extendida o completa”, reconoce el ministro.

“La vida en la ruralidad es compleja y la posibilidad de seguir trabajando en la chacra tendría que ser una opción y no un destino para los chicos que se crían acá.”

Salomé San Martín, líder del eje de Comunidad en la Asociación Conciencia.

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Todas las mañanas Antonela Carvallo sale a las 6.30 de su casa en el Paraje Picada Naranjera Km 6 con el guardapolvos puesto, la colita alta y su mochila multicolor a cuestas. Tiene 12 años y está en sexto grado de la escuela N° 785 del Paraje 2 de Abril. Hace unos metros hasta toparse con la casa de su primo y juntos emprenden el camino al colegio que incluye hacer equilibrio sobre un tronco para cruzar un arroyo. –Cuando está muy crecido el río, ¿te pasó alguna vez de caerte o que te lleve el río? –Llevarme no, pero caerme sí. Cuando llueve mucho no voy a la escuela porque no se puede cruzar. Además de las complicaciones geográficas, Antonela tiene fiebre reumática, una afección que la deja varias semanas por año fuera de la escuela. Además de los controles y los estudios médicos, ha tenido varias internaciones. –¿A qué edad arrancaste con tus problemas de salud? –A los 10. Empecé con mucho dolor de los brazos, las piernas o el cuerpo y el pecho. –El año pasado faltaste bastante por temas de salud. ¿Qué te pasó? –Dos veces me descompuse en la escuela. Las maestras me llevaron al médico y después falté varios días.

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La organización Desarrollo y Autogestión (DyA) tiene como foco prevenir y erradicar el trabajo infantil. Para eso, desarrolla espacios seguros de cuidado y apoyo educativo, protegiendo los derechos de niños y adolescentes de sectores vulnerables. En 2024 llevaron a cabo en Misiones un relevamiento sobre estudiantes de escuelas públicas que reveló que el 75% de los niños y adolescentes de entre 13 y 15 años realizó, al menos, una actividad de mercado. El 56% hizo tareas de consumo y el 19% estuvo encargado de trabajo doméstico intensivo. “Esto muestra que 7 de cada 10 niños estaban en situación laboral. Sin embargo, eran niños escolarizados, que asistían y mantenían su regularidad en la escuela y, por ahí, trabajaban o ayudaban en la casa. Desde 2022, empezamos a trabajar con DyA generando espacios con diferentes instituciones como la policía, la iglesia y distintas instituciones educativas para buscar la erradicación del trabajo infantil y, por el otro lado, garantizar el derecho a la educación”, explica Roxana Wrage, coordinadora del Centro Apoyo Escolar de la ciudad de Aristóbulo del Valle. –¿Por qué faltan los chicos a clase? –Porque viven muy lejos, por la lluvia. En el caso de los chicos que viven en las colonias, los caminos son feos. Por ahí no vino el colectivo, entonces no tienen cómo venir. Lo que sí vimos también es que hay muchas familias que se fueron a vivir a Brasil o se fueron por temporadas. Entonces los chicos volvían tarde a la escuela o no podían rendir exámenes o perdían clase. –Eso genera situaciones de repitencia o atraso escolar, ¿no? –Sí, la sobreedad es un factor que se está viendo mucho en las escuelas. Nosotros acá en el centro tenemos niños de 10 años que están en segundo grado. A veces se atrasan, dejan la escuela a mitad de año y vuelven a otra escuela y cosas así. Nosotros desde el centro de apoyo hacemos un trabajo articulado con la escuela para que ese chico que lleva un retraso no repita o no vuelva a repetir. Aranda es consciente de que uno de los grandes desafíos de su gestión es la continuidad de las trayectorias escolares atravesadas por contextos de trabajo estacional y la accesibilidad de transporte los días de inclemencias climáticas. Esto se profundiza en el nivel secundario que presenta una tasa de abandono escolar del 6%.“La fortaleza de la escuela rural misionera es garantizar el acceso a la educación donde existe una brecha estructural entre el nivel primario y el nivel secundario, marcado por factores socioeconómicos y distancias geográficas. Mediante políticas de revinculación, se redujo la cifra de abandono escolar en los últimos años y es más bajo en el ámbito rural el desgranamiento que en el ámbito urbano”, agrega Aranda.

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Adolescentes que trabajan . En Misiones, es muy común que los alumnos participen de las cosechas, ayuden en las chacras o se queden al cuidado de sus hermanos menores; esas actividades, compiten con el tiempo de estudio.

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La provincia de Misiones es la capital yerbatera del país. También se caracteriza por su sector forestal, el cultivo de mandioca y la producción de tabaco. “La vida en la ruralidad es compleja y la posibilidad de seguir trabajando en la chacra tendría que ser una opción y no un destino para los chicos que se crían acá. Misiones tiene la particularidad de que la unidad productiva se da en chacras, que son extensiones territoriales propias de las familias. No tienen mano de obra contratada, sino que son ellas mismas quienes producen el tabaco que después comercializan a la empresa. Y eso significa que en muchos casos trabaja la familia entera: madre, padre e hijos adolescentes. Eso genera particularidades muy específicas porque la vida familiar y la vida doméstica transcurren a la vez que transcurre la actividad productiva”, afirma San Martín. Por eso, desde esta entidad trabajan para que los espacios de producción y los de juego y recreación de los niños estén bien delimitados. Además de las cuestiones económicas y la distancia a las escuelas, San Martín señala al clima educativo de los hogares como otro de los factores que influyen en el desarrollo de los alumnos. “En la mayoría de la población que acompañamos, los padres tienen niveles educativos bajos, con solo primaria completa o incompleta. Muchas veces, y sobre todo en las provincias, nos encontramos con situaciones de adultos analfabetos, y eso dificulta mucho el acompañamiento de los hijos en sus trayectorias educativas”, agrega.

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Es un galpón donde iba a funcionar un supermercado y finalmente se instaló una escuela improvisada porque la urgencia era darle un espacio educativo a los niños y adolescentes de las afueras de Andresito. Así surgió la Escuela BOP 124, que empezó con una matrícula de 20 alumnos y ahora ya tiene 156 en toda la secundaria. “En esta comunidad donde las familias viven de la tarefa, el contexto los lleva a trabajar en la yerba, a colaborar con sus padres y eso hace que haya cierto abandono en el camino. Tenemos muchos casos de alumnos que se fueron con sus familias durante el verano a trabajar a Brasil. Hasta que no se termine el contrato no les pagan, entonces no pueden regresar. Y tenemos algunos que se perdieron casi un mes de clases”, dice Fabiana Vázquez, la directora de la institución. Lo vivió en carne propia y por eso sabe de lo que habla. Héctor Javier Cardoso se crió en una chacra ubicada a 12 kilómetros de Andresito, donde tenían cultivos de yerba, tabaco y maíz, además de vacas. La secundaria la hizo en una Escuela de la Familia Agrícola (EFA) que funcionaba con internado y ahora es profesor de Sociología en la BOP 124. “La vida en el campo es casi siempre tener actividades desde chico. Te levantás y ya tenés asignada una tarea como cuidar a los chanchos, a las vacas y hacer la limpieza de los cultivos. Cuando llegás a la secundaria, ya hacés actividades prácticamente de adultos. Nosotros éramos 8 hermanos y hacíamos nuestra propia cosecha, teníamos un camión chico. Hoy todos somos profesionales, policías, docentes o enfermeros”, cuenta. –A veces, ¿te competía el trabajo con el estudio? –Siempre. Hoy se nota mucho el ausentismo por trabajo de ellos o de la familia, algunas se trasladan por trabajo. Yo tengo muy en cuenta esa particularidad de los alumnos porque no es que faltan porque quieren sino por temas laborales o económicos. –¿Cómo ves la situación de las familias? –Bajó el precio de la yerba, la materia prima, y eso hace que la rentabilidad de los colonos baje y eso se traslada hacia abajo. A las que más les faltó fue a las familias de tareferos. El problema económico generó un problema social y educativo. La consigna es clara: cómo evitar que los alumnos falten. Con eso en mente, cuando el estudiante supera las 20 faltas anuales, la provincia activa una Alerta Temprana para sostener su trayectoria y que no se vaya del sistema. “En los entornos rurales, el ausentismo prolongado suele mutar rápidamente en abandono escolar. En las Secundarias Rurales mediadas por TIC y escuelas que implementan metodologías activas, la tasa de promoción efectiva creció recientemente del 73,9% al 78,7%, logrando un incremento de egresados del 24,5%”, cuenta Aranda.

El clima educativo de los hogares, otro desafío . Muchos de los padres de los alumnos de las zonas rurales solo tienen la primaria completa o incompleta y, en algunos casos, son analfabetos; eso dificulta mucho el acompañamiento de los hijos en sus trayectorias educativas.

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Son las 10 de la mañana y un grupo de padres bajan la bomba de una camioneta para analizar en dónde van a instalarla para darle agua de mejor calidad al aula satélite N°3 de la Escuela N° 640, ubicada en la Colonia Agroforestal, en la zona de El Soberbio. Marciano Black es uno de ellos y uno de los que más luchó para conseguir los apoyos -como el de la Asociación Conciencia- para construir este espacio para sus hijos y, así, evitar que tuvieran que hacer largas distancias para llegar a la escuela. “Era bastante complicado porque teníamos que hacer diez kilómetros para arriba en moto. Sufríamos mucho”, relata Black. –¿Qué situaciones difíciles tuvieron que atravesar? –Cuando hacía frío porque era temprano, abrazaba a mis hijos porque se congelaban todos los pobrecitos. Me daba una lástima…, pero bueno, tenían que llegar sí o sí a estudiar. Cuando llovía se iba de vez en cuando. –¿Alguna vez tuvieron algún accidente? –Sí, hubo un accidente. Mi hijo más grande iba rápido en moto, se cayó y se rompió la cabeza. Me llamaron y me dijeron que él había muerto. Por suerte está bien. Después de ese susto, Marciano se convenció de que tenían que juntar apoyos, como el de la Asociación Conciencia, para abrir un aula para los chicos de la zona. Ahora, la nueva construcción le queda a sus hijos a 500 metros de su casa, donde él tiene su chacra. Mateo tiene puesto un jogging y una remera azul. Está descalzo. Con 7 años, sigue a su padre en cada cosa que hace. Cuando se cansa, se divierte con sus hermanos. En el futuro, le gustaría ser policía. –Antes ibas a la escuela que estaba más lejos. ¿Cómo era llegar a esa escuela? –Difícil. –Y cuando llovía, ¿qué pasaba? –Se resbalaba la moto, nos caíamos. Me daba miedo. –¿Hace cuánto que estás yendo a la escuela de acá? –Un año. –¿Y cómo fue ese cambio? –Bueno. –¿De qué trabaja tu papá? –Enfardando el tabaco. Marciano lo escucha y sonríe. Hasta hace unos minutos estuvo revisando si los fardos estaban bien hechos, mientras su mujer y su hijo mayor están en la chacra viendo los cultivos. Hoy, está tranquilo porque sus dos hijos (Mateo y el más pequeño que recién está aprendiendo las letras y los números) van caminando a la escuela. La educación siempre estuvo relegada en la familia Black. Marciano solo hizo hasta cuarto grado de la primaria y enseguida empezó a trabajar. Su papá es analfabeto. –¿Qué significaría para vos que un hijo tuyo terminara la secundaria? –No hay palabras para eso. Emoción. Uno luchó mucho para eso. Hay que agradecerle a Dios que estamos acá y que podemos pelear por los hijos.

Abandono escolar
Fundación LA NACION visitó las zonas rurales de Andresito, Puerto Mado, Aristóbulo del Valle y El Soberbio para conocer las dificultades que tienen los hijos de los trabajadores del tabaco y de la yerba mate, los que se crían en las chacras y en las colonias, para sostener sus estudios

Cómo ayudar:

Las personas que quieran colaborar para sostener las trayectorias escolares de los alumnos en Misiones, pueden hacerlo con las siguientes organizaciones:
● ASOCIACION CONCIENCIA: Al alias CONCIENCIADONACION
● DyA: en el siguiente link
● para comprar una heladera y ventiladores para la ESCUELA BOP 124: donar al alias bop124.mp o comunicarse con Fabiana Vázquez al +54 9 11 3678-1501

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Conocé másCréditos Edición visual Andrea Platón @aplaton Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hambre-de-futuro/cosechar-o-estudiar-en-misiones-organizaciones-buscan-que-el-trabajo-rural-sea-una-eleccion-y-no-un-nid05072026/

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