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El Adornigate, el muerto y el degollado

Una de las leyes del poder compiladas por Robert Greene recomienda decir siempre menos de lo necesario. Cuando un líder político intente impresionar a la gente con palabras, debe tener en cuenta ...

Una de las leyes del poder compiladas por Robert Greene recomienda decir siempre menos de lo necesario. Cuando un líder político intente impresionar a la gente con palabras, debe tener en cuenta que cuanto más diga, más vulnerable será y menor control de la situación tendrá. Las personas poderosas impresionan o intimidan por su parquedad y cuanto más hablen, mayor será el riesgo de pronunciar alguna tontería. Para su reciente presentación ante la Cámara de Diputados, Manuel Adorni pareció aprender esa lección.

Al menos hasta antes de ese informe, el jefe de Gabinete venía exhibiendo una llamativa fragilidad a la hora de brindar explicaciones y de convencer al público sobre su inocencia en los hechos que se le imputan. Sus intervenciones públicas habían agigantado las dudas en vez de disiparlas. Por eso el miércoles último concurrió al Congreso de la Nación en modo conservador, sin apartarse en ningún momento de un libreto cuidadosamente preparado por sus asesores, que leyó hasta cuando debió responder preguntas. Actuó como si fuera un bot, intentando evitar complicaciones mayores, como las que experimentó en una prueba anterior, que fue la conferencia de prensa en la cual todo salió mal porque se apartó del guión original, se mostró prepotente y minimizó el papel de los periodistas. Pero aun así, dejó sin contestar la mayoría de los interrogantes vinculados con su enriquecimiento patrimonial, los inmuebles adquiridos y los costosos viajes familiares.

Con su presentación en el Congreso, el Gobierno no pretendió resolver el Adornigate, sino comprobar que la decisión de mantenerlo en la Jefatura de Gabinete continuaba siendo sostenible a pesar de las denuncias y sospechas de corrupción. Se buscó generar el contexto más favorable posible, con el acompañamiento del propio presidente Javier Milei y del gabinete ministerial en pleno, con el propósito de que el funcionario en desgracia casi no tuviera margen para descarrilar y pudiera superar el examen. Fue, por cierto, una jugada riesgosa, porque se ató a todo un gobierno a la suerte de un jefe de Gabinete en situación de extrema debilidad.

Ninguna pareja se pelea porque uno de los dos haya dejado mal ubicado el cepillo de dientes en el baño, sino por razones mucho más profundas, pero que eclosionan por alguna cuestión que, en otras circunstancias, carecería de mayor importancia. Para el consultor Jorge Giacobbe, Adorni representaría el cepillo de dientes en la pelea de una pareja. Se refiere a que buena parte de la población está angustiada por razones económicas y hay mucha gente con un pie en la frontera que va más allá del dolor tolerable, por lo que, cuando surgen casos como el del jefe de Gabinete, estos problemas suelen sobredimensionarse.

La irrupción de Adorni en la Cámara de Diputados era necesaria, según el citado analista, porque el público que viene sosteniendo todavía a Milei, aun con números a la baja que hoy rondan el 36% de imagen positiva, estaba callado, como si transitara una fase depresiva, mientras que, en la vereda de enfrente, los seguidores del kirchnerismo estaban en una fase ofensiva. De este modo, en las redes sociales en particular, se podía ver a unos gritando y festejando por tener al jefe de Gabinete contra las cuerdas, mientras sus contrincantes permanecían en silencio. Y en la conversación social siempre queda la impresión de que quienes más gritan son superiores en número; especialmente, si quienes tienen la misión de defender la gestión gubernamental son presas de la depresión y no atinan a reaccionar. Con la presentación de Adorni en el Congreso, el oficialismo esperaba que se revitalizara este último público que permanecía callado y que la conversación social se balanceara hasta que el funcionario imputado pueda brindar las explicaciones necesarias y ofrecer las pruebas de su inocencia en la Justicia.

Hay otras opiniones, sin embargo. Por ejemplo, la de quienes dudan acerca de si el Presidente debió ser llevado a una batalla que tal vez nunca debió librarse, en lugar de actuar como frente a las irregularidades detectadas en las declaraciones patrimoniales del secretario de Infraestructura del Ministerio de Economía, Carlos Frugoni, quien quedó rápidamente fuera del gobierno por tener bienes sin declarar en Miami. Probablemente nadie recordará a Frugoni dentro de muy poco tiempo. La diferencias son ostensibles con el caso de Adorni, frente al cual Milei decidió protagonizar una cruzada para muchos innecesaria, que sus críticos atribuyen a un acto de negación y empecinamiento.

La presencia del Presidente y de sus ministros en los palcos del recinto de la Cámara baja, aplaudiendo las intervenciones de Adorni o increpando -en el caso del primer mandatario- a algunos de sus opositores, como la izquierdista Myriam Bregman, pudo ser interpretada como una acción de fortalecimiento del jefe de Gabinete. Pero también evidenció una señal de debilidad el hecho de que toda una administración gubernamental debiera ser arrastrada en bloque, en auxilio de un alto funcionario comprometido por sus propias equivocaciones.

El informe de Adorni pudo haber significado una reacción de un gobierno asediado, mas no resolvió el problema de fondo. “Adorni se ha transformado en un pasivo que erosiona y deslegitima la autoridad de Milei para decir que es distinto. Ese es el principal daño que le produce el jefe de Gabinete al Presidente. Lo convierte en un político tradicional y da cuenta de otro ciclo de dirigentes que gozan de los privilegios del poder”, afirma el director de la consultora Synopsis, Lucas Romero.

Los críticos de la participación de Adorni en Diputados subrayan que su intervención no fue noticia por lo que dijo tanto como por lo que no dijo. Resultó particularmente curioso su argumento de que no puede demostrar su inocencia para no interferir en la investigación judicial. Es insólito que una persona pública evite aclarar acusaciones en su contra con el pretexto de que no le corresponde pronunciarse sobre causas judiciales en trámite.

El peronismo kirchnerista no se halla en condiciones de sostener una campaña basada en denuncias de corrupción

Los interrogantes sin respuesta fueron muchos. ¿Cómo obtuvo los aproximadamente 104.000 dólares que gastó en un año con un ingreso promedio de alrededor de tres millones de pesos mensuales? ¿Cómo piensa saldar una supuesta deuda de 335.000 dólares? ¿Cómo logró que dos jubiladas le financiaran 200.000 dólares a tasa cero para la compra de un departamento en el barrio de Caballito? ¿Cómo consiguió comprar a 230.000 dólares ese departamento de casi 200 metros cuadrados que, a precios de mercado, no debería costar menos de 400.000 dólares? En fin, ¿cómo aventar las sospechas de que las operaciones en las que aparecen presuntos prestamistas no puedan ser mecanismos para ocultar maniobras de evasión o encubrimiento del origen real de los fondos empleados?

Cierto es que vivimos en la Argentina y que, como afirmó no hace mucho el ministro de Economía, Luis Caputo, sabemos que la mayoría de los argentinos tiene algo de plata negra, como que una gran cantidad de inmuebles son escriturados a un valor inferior al que efectivamente se compran para, entre otras motivaciones, achicar los elevados costos impositivos y administrativos asociados a toda compraventa. Los dirigentes políticos no son muy diferentes en ese sentido al resto de la población, aunque deberían empezar a dar el ejemplo. Lo realmente preocupante, en el caso de Adorni, debería ser si el origen de los fondos utilizados para comprar inmuebles reside en la apropiación de recursos públicos o si efectivamente se le armaron contratos especiales a su esposa para que le vendiera servicios al Estado.

Claro que detrás de todos esos interrogantes aparecen otros que dan cuenta de una duda aún más estructural: ¿de qué viven realmente los altos funcionarios públicos que perciben remuneraciones relativamente modestas y que no tenían una situación patrimonial holgada con anterioridad a su llegada a la función pública? ¿Acaso de sobresueldos o de fondos reservados, como los que derivaron en más de una controversia durante la época del menemismo?

Se trate de lo que se trate, parece cierto que bastaron las amenazas que dejaron trascender voceros de La Libertad Avanza sobre la posibilidad de sacar a relucir supuestas inconsistencias patrimoniales de legisladores de otras fuerzas políticas para que algunos bloques parlamentarios se abstuvieran de cuestionar a Adorni y para que incluso el kirchnerismo bajara el tono de su ofensiva. Escasas horas antes del informe del jefe de Gabinete, un grupo de diputados del partido gobernante presentó una denuncia penal por enriquecimiento ilícito, omisión maliciosa en declaración jurada patrimonial, administración fraudulenta y negociaciones incompatibles con la función pública contra la diputada Marcela Pagano y su pareja, Franco Bindi. Esta legisladora, que se escindió tiempo atrás del bloque libertario y se transformó en una de las más furibundas críticas del gobierno de Milei, optó por ausentarse en la sesión que protagonizó Adorni, con la excusa de que debía hacer un trámite ante los tribunales de Comodoro Py para ampliar sus denuncias contra el jefe de Gabinete.

Aun cuando su gobierno deba enfrentar serias acusaciones, los libertarios corren con una ventaja de cara a la próxima carrera electoral. Su principal adversario, el peronismo kirchnerista, no se halla en condiciones de sostener una campaña basada en denuncias de corrupción sin que parezca que, como señala el dicho, el muerto se ríe del degollado. Por eso, la mejor defensa que ensayó Adorni pasó por desacreditar a sus propios verdugos. “No me van a intimidar con aprietes. Es poco serio que legisladores cuya jefa está presa por robar más de 500 millones de dólares se sientan con autoridad para lanzar acusaciones relacionadas con temas sobre los cuales ni siquiera estoy imputado”, afirmó el jefe de Gabinete, quien, aferrándose a su libreto, calificó al kirchnerismo como “el bloque con el peor prontuario de la historia en democracia” y aseguró que sus detractores solo buscan “desestabilizar al Gobierno”.

En la Casa Rosada se confía en que si el oficialismo pudo sobrellevar durante casi todo el año pasado escándalos como el de la criptoestafa $LIBRA y el de la Agencia Nacional de Discapacidad, y ganar las elecciones legislativas de octubre último, con más razón debería poder dar vuelta el partido frente al Adornigate. Pero para eso requerirá que la economía lo ayude.

Existe entre observadores políticos la convicción de que el peronismo kirchnerista solo será competitivo si el programa económico de Milei prueba su fracaso. Si el actual gobierno nacional logra, en cambio, revertir el malhumor que afecta a una parte importante de la sociedad, si la economía crece, el empleo se recupera y el orden económico se consolida, abriendo esperanzas para sectores medios y medios bajos que hoy sufren las dificultades de los sectores industrial y comercial, no sería improbable que los trastornos de Adorni, más allá de eclipsar su carrera política personal, pasen a convertirse en un hecho anecdótico de aquí a un año.

Por ahora, los indicadores de tendencias son contradictorios. El Índice de Confianza en el Gobierno, que mensualmente desarrolla la Universidad Torcuato Di Tella, promedió en abril 2,02 puntos sobre 5, lo que representa una caída del 12,1% respecto de marzo y del 2,1% con relación a abril de 2018, cuando gobernaba Mauricio Macri, aunque también es un 40,9% mayor que el de abril de 2022, cuando Alberto Fernández presidía el país.

Frente a los escándalos recientes, el Gobierno aspira a que cualquier comparación con la dimensión de los hechos de corrupción de la era kirchnerista y el paso del tiempo diluyan su impacto negativo. Por lo pronto, Milei y Karina Milei han decidido sostener al actual jefe de Gabinete, a pesar de que pueda constituir un pasivo para la imagen de la gestión gubernamental. Una de las razones pasa por la resistencia del Presidente a pasar a pérdidas todo lo que ya invirtió en la defensa de Adorni; según el razonamiento presidencial, solo queda sostener al funcionario cuestionado como sea porque el Gobierno ya pagó el costo y, en adelante, espera que ese costo no se incremente. Otro motivo para bancarlo es que Adorni es un instrumento para que Karina Milei, desde la Secretaría General de la Presidencia, pueda actuar como una suerte de jefa de Gabinete sin serlo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-adornigate-el-muerto-y-el-degollado-nid03052026/

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