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La secreta perfección de lo imperfecto

No existe la decisión perfecta. Y cuanto más se la busca más cerca se está de tomar la peor decisión. El economista y científico social Herbert Simon (1916-2021), premio Nobel de economía, d...

No existe la decisión perfecta. Y cuanto más se la busca más cerca se está de tomar la peor decisión. El economista y científico social Herbert Simon (1916-2021), premio Nobel de economía, desarrolló su célebre e influyente teoría sobre la toma de decisiones a partir de esta idea. Y llegó a ella tras sufrir en carne propia la búsqueda de la elección inmejorable. Simon sostenía que para cualquier ser humano es imposible conocer todas las alternativas posibles en una determinada situación. Nuestras mentes no están diseñadas para eso y la información será siempre incompleta. Acuñó entonces el término satisficing (satisfaccionismo sería su traducción), que consiste en limitar el número de opciones, elegir una que sea suficientemente buena, aunque no perfecta, y seguir adelante en la vida, liberando el cuantioso cúmulo de energía y de tiempo capturado por la búsqueda de lo óptimo.

Están los que buscan hasta el hartazgo la decisión perfecta (con grado creciente de ansiedad y obsesión) y los que, recurriendo a atajos mentales, optan por una opción suficientemente buena o que supere lo que se llama “umbral de aceptabilidad”

De hecho, según recuerdos de Katherine, su hija mayor, el bueno de Herbert tenía solo tres juegos de ropa (el que llevaba puesto, más uno en el lavarropa y otro en el placar, listo para usar), lo cual facilitaba al máximo su decisión a la hora de vestirse o de viajar. “Mi padre simplificó su vida diaria eliminando la necesidad de tomar pequeñas decisiones sobre todo”, apuntó Katherine. Tras la muerte de Simon, cinco años atrás, un equipo científico desarrolló la Escala de Maximización, para precisar el estudio de las formas en que los humanos elegimos. Y encontraron lo que Simon ya sabía. Es decir, que hay dos grandes vertientes: los que buscan hasta el hartazgo la decisión perfecta (con grado creciente de ansiedad y obsesión) y los que, recurriendo a atajos mentales, optan por una opción suficientemente buena o que supere lo que se llama umbral de aceptabilidad.

La segunda alternativa resulta la más saludable en plena era de la ansiedad, cuando al calor de los algoritmos y la publicidad directa y subliminal con que se nos ametralla desde las pantallas, es omnipresente la duda acerca de si habremos elegido bien o de si no habría algo mejor que no vimos o que aparecerá ni bien parpadeemos. Según el periodista y divulgador científico David Epstein, un estudio de 2006 mostró que las opciones de consumo a disposición de los ciudadanos de las economías modernas superaban aproximadamente 100 millones de veces a las de las sociedades preindustriales. Pasaron veinte años desde entonces y las opciones de hoy pueden aplastar a cualquier indeciso.

Con tres juegos de ropa no hay angustia al elegir ni desesperación por ver qué nos podríamos estar perdiendo en las tiendas online

Epstein, autor de Por qué los generalistas triunfan en un mundo especializado, entre otros libros, reflexiona: “La necesidad de seguir buscando algo mejor ha envenenado hasta los momentos más mundanos. Los estudios muestran que los espectadores se aburren más si ven muchos videos que si se centran en uno solo. Una forma de interpretar los resultados es que la mera idea de que puede haber algo mejor estropea el momento”. Es uno de los fenómenos más inquietantes de este tiempo: la imposibilidad de fijar la atención, de ir más allá de la epidermis de los hechos, las cosas y las relaciones. De valorizar lo que se tiene u obtiene. Lo cual termina en el aburrimiento. Nada satisface, todo es fugaz y perecedero. Con tres juegos de ropa no hay angustia al elegir ni desesperación por ver qué nos podríamos estar perdiendo en las tiendas online. Con el placar lleno es más probable coleccionar cadáveres de prendas que jamás se usarán o ni siquiera estarán en el inventario mental a la hora de vestirse.

Cuando lo bueno y lo aceptable se imponen a lo posible y lo imaginariamente perfecto la mente se aquieta, la atención se amplía y profundiza y cierta paz aquieta el espíritu. Como apunta Epstein: “Tanto si buscás un lavavajillas como una cita, fijá un criterio para lo suficientemente bueno y detenete cuando el criterio se cumpla. Guardá tus recursos cognitivos para las cosas que importan”. Esa es la secreta perfección de lo imperfecto.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/la-secreta-perfeccion-de-lo-imperfecto-nid05072026/

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