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¿Qué va a ser escaso? Starbucks, la revolución de la IA y el reinado de la “economía de la confianza”

“La economía es la ciencia social que estudia cómo las personas y las sociedades asignan recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas”. Cuando uno lee la definición más conocida ...

“La economía es la ciencia social que estudia cómo las personas y las sociedades asignan recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas”. Cuando uno lee la definición más conocida sobre “Qué es la Economía”, aquella que se enseña en últimos años del secundario o en el primero de algunas carreras en la facultad, advierte hasta qué punto la revolución de la IA está removiendo las placas tectónicas de la “ciencia sombría”.

Porque “lo escaso”, las decisiones y las necesidades se están rediscutiendo a la luz de los cambios que ya se empiezan a registrar. Si las máquinas van a producir todo a un costo muy bajo, ¿qué es lo que va a quedar escaso?

El 2026 se considera un año de quiebre, en el cual el impacto de los avances en IA pasaron de la micro desde la aparición de ChatGPT a fines de 2022 (con consecuencias en productividad en algunas empresas o sectores) a la macro (con efectos ya en los agregados de toda la economía).

La pregunta sobre la escasez fue el centro de un largo ensayo muy comentado entre economistas, que escribió Alex Imas, profesor de Chicago Booth y especializado en economía del comportamiento. Imas cree que la escasez pronto cambiará su naturaleza: lo escaso en un mundo de abundancia material pasará a ser todo aquello que siga requiriendo un humano detrás.

Imas escribe regularmente sobre la intersección entre economía y psicología, con temas como la toma de decisiones bajo riesgo, la motivación, el esfuerzo, los sesgos cognitivos y cómo las personas procesan ganancias y pérdidas. Es bastante conocido en el mundo académico por sus trabajos sobre “disposition effect” (la tendencia a vender activos ganadores demasiado tiempo y mantener los perdedores), sobre discriminación y sobre diseño de incentivos.

“La economía es el estudio de la toma de decisiones bajo restricciones, es decir, bajo escasez. Si la inteligencia artificial avanzada trae abundancia material —si las máquinas pueden producir muchas, si no todas, las formas de producción humana a un costo marginal muy bajo—, ¿la economía se vuelve irrelevante? No: seguirá habiendo escasez, pero cambiará el tipo de escasez que importa. En última instancia, la respuesta a cualquier pregunta sobre la economía futura con IA avanzada comienza por identificar qué se vuelve escaso. Una vez respondida esa pregunta, el resto del análisis es bastante directo”, plantea Imas, quien dialogó con LA NACION.

El economista de Chicago desarrolla el ejemplo de Starbucks, una empresa enorme (con una capitalización de mercado de US$112.000 millones) “que vende uno de los productos más estandarizados de la economía moderna”. Preparar una taza de café, o incluso una de las bebidas especiales más sofisticadas, es muy fácil de mecanizar y reproducir. Si toda la economía está a punto de automatizarse, con el trabajo siendo reemplazado por capital cada vez más sofisticado, Starbucks debería ser un “canario en la mina de carbón”: la tecnología para eliminar el trabajo humano de sus locales y reemplazarlo por capital automatizado existe desde hace años.

Y de hecho en los últimos años, Starbucks hizo exactamente eso: en un intento por mejorar márgenes ajustados, la gerencia automatizó cada vez más el proceso de hacer café e implementó procesos altamente mecanizados para entregarlo a los clientes. Pero, en lugar de aumentar la automatización, ocurrió lo contrario. Después de intentar simplificar la experiencia en los locales con menos trabajadores y más automatización, la empresa concluyó que eso había sido un error. El CEO, Brian Niccol, dijo que las “notas escritas a mano en los vasos”, las tazas de cerámica y “el regreso de buenos asientos” hicieron que más clientes “se queden en nuestros cafés”, mostrando que “los pequeños detalles y la hospitalidad impulsan la satisfacción”. Se están contratando más baristas por local y se está dando marcha atrás con la automatización.

Esto es un buen ejemplo, para Imas, del valor relacional que va a empezar a primar. Otros académicos están hablando de la transición de una “economía de la atención” a una “economía de la confianza”. El futurista Kevin Kelly viene diciendo hace años que cuando todo se vuelve abundante, lo valioso pasa a ser lo que sigue siendo escaso (autenticidad, confianza, experiencia). Reid Hoffmann resalta el rol de las “redes de confianza”, y del creciente protagonismo de la identidad y reputación en un mundo de IA. “Hoy cualquier decisor empresario tiene a su disposición centenares de ofertas para cada servicio realizadas de manera impecable por IA, entonces termina decidiendo por confianza, por recomendación de alguien que tiene credenciales”, agrega la tecnóloga y futurista Rebeca Hwang.

Imas viene trabajando desde la economía del comportamiento en el valor de la “parte relacional” de la economía y otros factores psicológicos que moldean la escasez. En un experimento que hizo con dos colegas de la London School of Economics le pidieron a un grupo de voluntarios que ofertaran por un objeto cualquiera. Luego dijeron que un subgrupo al azar iba a quedar afuera, sin acceso al producto. Entonces la disposición a pagar se duplicó (por un bien idéntico), con lo cual hubo una mayor cotización de la “exclusividad”.

Para un paper más reciente de Imas con Grealin Mandel se les pidió a compradores que les pusieran precio a grabados cuyos procesos de producción variaban. Un grabado hecho por un humano ganaba un 44% del valor al volverse exclusivo (una sola copia). Uno también exclusivo pero hecho por IA subía solo un 21%.

Los empleos del futuro van a estar, para Imas, en lo que llama “el sector relacional”: enfermería, docencia, cuidado, terapia, gastronomía con firma, oficios, guías, artesanías, comunidad: categorías donde lo humano es parte central de la oferta.

Una precisión: todo el modelo de Imas puede funcionar bien para países ricos, donde las ganancias por automatización pueden derivarse a lo relacional. En economías en desarrollo, donde prima la exportación de commodities a países ricos, el panorama es más preocupante.

“Soy menos optimista respecto de los países en desarrollo porque gran parte de su economía ha consistido en producir materias primas para los países desarrollados. Como señalé en la introducción, el argumento del ensayo funciona principalmente para países desarrollados con grandes mercados internos de consumo”, dijo Imas a LA NACION.

En el extremo del tecno-optimismo en el debate sobre la escasez están los magnates de sector de la IA. Hace tres semanas Elon Musk posteó en X que “Habrá un ingreso universal alto, no meramente básico. Todos tendrán la mejor atención médica, comida, vivienda, transporte y todo lo demás. Abundancia sostenible”. Para el Proyecto 122, un video podcast sobre longevidad que se verá pronto en LA NACION, el futurista Marcelo Rinesi comentó que los magnates de la IA hoy se juegan su patrimonio personal a una narrativa de ciencia ficción sobre los supuestos logros futuros de esta tecnología, porque las actuales valuaciones de las empresas (Nvidia, OpenAI y demás) sólo son compatibles con este escenario extremo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/que-va-a-ser-escaso-starbucks-la-revolucion-de-la-ia-y-el-reinado-de-la-economia-de-la-confianza-nid03052026/

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